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Calentamiento global y la obcecación Trump / Víctor Flores Olea

El filósofo estadunidense Noam Chomsky durante su conferencia que ofreció en la UNAM en días pasados. Foto: Marco Peláez

En su presentación ante los universitarios mexicanos (por primera vez un intercambio en las aulas de la UNAM), Noam Chomsky, el filósofo estadunidense con más prestigio, y una de las inteligencias críticas más agudas y honestas de nuestro tiempo, enfoca sus críticas a Donald Trump en la inconsciencia y necedad del Presidente que se niega a ver en el calentamiento global el mayor peligro que vive actualmente la humanidad como un adelanto y síntoma de su propia autodestrucción. Se habla de la propia destrucción en la medida en que el calentamiento global es un producto del «hacer» y «quehacer» humano, y no un simple efecto de fenómenos naturales, como quisieran los partidarios, en este asunto, de un punto de vista análogo al de Donald Trump.

Por supuesto que este enfoque no es ingenuo, y en verdad esta orientado a sostener el crecimiento del sistema capitalista sin ninguna corrección o contención. Está orientado a proteger las más desatadas acciones de las corporaciones, sin cuidado alguno por los efectos que puedan traer consigo, no sólo en el plano político, social y económico (tremendas concentraciones de riqueza y ampliación avasalladora de la pobreza y la miseria), sino en el plano mismo de las relaciones del hombre con la naturaleza, como la ya señalada del cambio climático que según una serie de síntomas alarmantes se producen ya afectando el equilibrio natural y acercándonos a una situación de aniquilación de la vida sobre la tierra, la sexta aniquilación, según precisa el mismo Chomsky.

Cuando alguno de los asistentes le pide a Chomsky incluir en su perspectiva una nota optimista en este panorama tan negativo, Chomsky vuelve a la campaña de Bernie Sanders, y sostiene «Es la primera vez en cien años que un candidato casi logra ganar las elecciones sin ningún apoyo financiero o de los medios, y que utilizó en su campaña términos inutilizables, por lo menos en Estados Unidos, como el de socialista. Pudo ganar a no ser por las maquinaciones de quienes manejan al partido demócrata, pero no ha podido estar en los medios porque para el poder «es mejor tener un pueblo indefenso» y entonces decide lanzarse contra los mexicanos (crónica en La Jornada del 16 noviembre  2017).

Por supuesto Noam Chomsky es terriblemente escéptico sobre la posibilidad de que el partido demócrata en Estados Unidos pueda formular planteamientos sobre los verdaderos problemas en Estados Unidos. Sus discusiones (del partido) prácticamente siempre son ad hominen, y contienen un amplio anecdotario sobre la vida y desventuras de esos políticos, pero prácticamente nunca se refieren a los verdaderos problemas, los de fondo, que aquejan a Estados Unidos y, por esa vía, a gran parte de la humanidad. En este sentido, Noam Chomsky parece inclinarse más y tener más confianza en los movimientos sociales libertarios que en los partidos políticos establecidos, cuando menos en Estados Unidos.

En la conferencia organizada por la UNAM, la mayoría de las intervenciones se refirieron a los riesgos que corre el planeta ante el calentamiento global y el desafío que representa el hecho de que Estados Unidos esté gobernada realmente por una estructura de poder económico que solamente en apariencia está diversificada pero que conserva una identidad impresionante de intereses, y que, en cuanto a la cuestión del cambio global sostiene que tal afirmación es un mito, lo que llevó a Donald Trump a denunciar escandalosamente el Tratado de París y que hace sostener a sus partidarios, dentro y fuera de su país, que deben seguir utilizándose sin restricciones los combustibles fósiles, abandonando además uno de los principios claves que dieron origen al mencionado Tratado: «Los que quieren construir el mundo en Estados Unidos son los mismos que niegan el cambio climático. Son los mismos que cierran los ojos ante la realidad de que, empujados por las sequías, en 2050 habrá 200 millones de personas desplazadas. En 2080, 12 de estos millones serán mexicanos pugnando por entrar a Estados Unidos y la única respuesta de este país, hasta el momento, es fortificar la frontera». (Crónica de Blanche Petriche, La Jornada, 16 de nov, de 2017).

Tal fue el enfoque de las conferencias relativas en la UNAM, y no tenemos sino que felicitarnos de escuchar en nuestras aulas tales propósitos, que se distinguen claramente de la posición reaccionaria y «autodestructiva¨ del mundo, que marcha alegremente hacia el propio final tomando la ruta de la aniquilación de lo que ha sido el habitat del hombre en la tierra, destrucción que, según lo dicho hasta ahora, no cabe duda que ha estado en manos del hombre, cuya historia, también por consiguiente la de la civilización y la de la realidad  de sus grandes obras y empresas, y que probablemente no quedarán ni como recuerdo en conciencia alguna.

Uno de los aspectos concretos que se mencionó en la reunión, en realidad denunciada recientemente por la ONU, se refiere a que en el tercer milenio se han producido 16 de los 17 años más calurosos desde el año de 1882. Con otra multitud de indicadores alarmantes del calentamiento global que van en el mismo sentido, como es la elevación del nivel de las aguas y el retroceso de los hielos.

El calentamiento favorecería grandemente la reproducción de catástrofes naturales, en particular sequías y olas de calor, pero también ciclones y todo tipo de crisis abiertas en los países por ejemplo del Caribe. Las sequías, los incendios forestales, las inundaciones y los huracanes se han duplicado desde 1990. Al mismo tiempo, se habrían triplicado las tormentas extremas. Según la Unión Internacional para la Conservación de la naturaleza: de los 241 sitios naturales clasificados por la UNESCO como patrimonio mundial de la humanidad, en 2017, 62 están gravemente amenazados por el cambio climático, contra 35 en el 2014… Y así podría continuarse casi al infinito. En todo caso, tenemos ya un buen muestrario de lo que implican los indicadores negativos del cambio climático, y del suicidio a que nos someten los grandes intereses globalizados…