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Cientos de migrantes rebasan a la GN y logran entrar a México

La policía disparó gases lacrimógenos para tratar de contener a los migrantes centroamericanos, pero varios lograron ingresar a Ciudad Hidalgo, cabecera del municipio de Suchiate. Foto Víctor Camacho

Elio Henríquez, corresponsal 

Suchiate, Chis. Luego de rechazar el ofrecimiento del gobierno federal de ingresar a México de manera segura, ordenada y regulada, unos dos mil migrantes centroamericanos cruzaron el Río Suchiate caminando, pero la mayoría fueron contenidos y otros detenidos por agentes de la Guardia Nacional y del Instituto Nacional de Migración (INM).

Hasta las 13 horas no había reportes oficiales acerca del número de detenidos y golpeados durante lo sucedido.

En tanto, cientos de indocumentados que lograron ingresar al país, caminan esta tarde por la carretera hacia Tapachula, situada a unos 40 kilómetros. Varios que se rezagaron fueron detenidos por la policía.

El intento de ingresar generó gritos y golpes entre los uniformados y los migrantes, entre ellos niños y mujeres.

La policía disparó gases lacrimógenos para tratar de contenerlos, pero varios lograron ingresar a Ciudad Hidalgo, cabecera del municipio de Suchiate.

Los aproximadamente 2 mil indocumentados, que desde las 5 horas estaban en el puente internacional Rodolfo Robles esperando respuesta a una carta dirigida al presidente Andrés Manuel López Obrador, decidieron cruzar el río Suchiate, que divide a México de Guatemala, después de las 10 horas, cuando una funcionaria del gobierno federal les informó que se aceptaba su solicitud de ingreso siempre que fuera de acuerdo con la ley.

Al atravesar el afluente se encontraron con un contingente de agentes de la Guardia Nacional y del INM, a quienes lanzaron piedras e insultos verbales, que no fueron respondidos. “Perros, cerotes”, les gritaron.

Lo accidentado del terreno de la ribera del río, debido a la gran cantidad de piedras de diversos tamaños, ocasionó que agentes y migrantes resbalaran y cayeran en ocasiones.

“Déjenos pasar”, gritaban los migrantes, algunos con niños en brazos y empujando carreolas. “¡Abajo!, ¡abajo!”, ordenaban los policías para que regresaran a la ribera de afluente.

En medio del caos y de gritos, los uniformados lanzaron gases lacrimógenos, pero los centroamericanos, hondureños la mayoría, seguían avanzando. Por un momento pareció que el cerco policiaco había sido rebasado, pero los agentes se repusieron cuando llegaron refuerzos, incluidos elementos de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), con palos.

Varios indocumentados lograron internarse en el pueblo, pero otros fueron detenidos por elementos del INM en medio de jaloneos y golpes.

Un soldado ayudó a cargar en brazos a una niña, mientras la madre caminaba con otra hija de 8 años, para sacarla de la zona de problema.

Un grupo numeroso pretendió dirigirse al pueblo por un camino sobre la parte alta de la ribera, pero más adelante fue contenido por la Guardia Nacional.

“Si me regresan a Honduras estoy muerta. A mí ya me han agarrado a tiros”, exclamó sollozando una mujer. El agente que la custodiaba le pidió que lo acompañara y que no se preocupara porque seguramente obtendrá refugio en México.

Después de una media hora de caos y gritos, la gran mayoría de centroamericanos regresó al río y los policías se mantuvieron en la parte de arriba vigilando.

Un soldado que caminaba aceleradamente junto a otros de sus compañeros iba mentando madres, y escurriendo sangre de la cara por un presunto golpe ocasionado con algún objeto.

“Nos pasamos por el río porque el ofrecimiento del gobierno de que nos dará empleos es un engaño”, dijo un hondureño. “Cuando pasamos caminando el río fuimos atacados por la policía; nosotros no queremos violencia, sólo queremos un pase para cruzar México”.

Ya de regreso en el río, varios hombres arremetieron en contra del presidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, porque “no les da trabajo. “

JSL
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