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De Ecuador a México entre tiburones y huracanes

ecuador

México, DF. 6 de noviembre de 2015 (Agencia Informativa Conacyt).-Nataly Bolaño Martínez es colombiana. Estudió la carrera de Biología en la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad de Guayaquil, Ecuador. Hoy radica en México, país que la recibió gracias al programa de Becas para profesionales extranjeros del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) que a partir del 2007 le permitió realizar la maestría en Ciencias en el Centro Interdisciplinario de Ciencias Marinas (Cicimar) del Instituto Politécnico Nacional (IPN). Actualmente es candidata a doctora en Ciencias del Mar y Limnología por la UNAM, estudios que también desarrolla con apoyo del Conacyt.

Como extranjera, cursando posgrados en dos de las instituciones de educación superior más importantes de México, Nataly tiene una visión de integración y colaboración latinoamericana que contrasta con el dominio anglosajón en la ciencia y la investigación.

Después de una charla de divulgación científica que impartió en el Museo de Historia Natural de la ciudad de México, Bolaño Martínez habló con la Agencia Informativa Conacyt acerca de la importancia de la cooperación entre investigadores latinoamericanos, así como de su gran pasión como bióloga: el tiburón.

Agencia Informativa Conacyt (AIC): ¿En qué se centran tus investigaciones en el doctorado?

Nataly Bolaño Martínez (NBM): Sigo trabajando con el tiburón martillo, una especie llamada Sphyrna zygaena. La licenciatura la hice estudiando su alimentación; la maestría, ecología trófica de la especie; y en el doctorado, la estructura genética poblacional en el océano Pacífico Oriental.

Esta especie tiene una distribución muy especial, similar a la del tiburón blanco, no le gusta para nada la parte tropical, el agua cálida. En la parte central del océano Pacífico hay una interrupción en su distribución, lo que aparentemente aísla dos poblaciones.

Actualmente tengo muestras de México, Ecuador, Perú y Chile. En la parte sur está la población ancestral, que suponemos dio lugar a los de la parte norte, aquí en México. Los cuales en algún momento migraron cuando las temperaturas eran diferentes, porque la Tierra ha cambiado mucho, geológicamente, climatológicamente, y esto ha influenciado a muchas especies.

AIC: ¿Se trata de un estudio que podría y debería realizarse de manera internacional, con la participación de las instituciones científicas de dichos países?

NBM: Claro. Los animales no respetan fronteras políticas, van de un lado a otro. Es muy importante que los países trabajemos en conjunto. Muchas veces Ecuador hace una cosa, México, otra, y Colombia, otra, y hasta ahí. Es importante juntarnos para investigar y desarrollar proyectos de conservación en conjunto. Hay especies marinas que tienen a sus crías en las costas de cierto país, pero luego crecen en otro, o las conservan en un lado pero en otro las capturan. Es muy necesario el trabajo entre colegas e instituciones y abandonar esa mentalidad de cuidar o investigar solo lo que está en mi país, porque para la biología es una mentalidad artificial.

Y en ese mismo sentido, también creo que como latinoamericanos publicar nuestras investigaciones en español es importante. ¿Por qué no generar ciencia en nuestro idioma? Así como nos ha tocado adaptarnos a los norteamericanos, pues ellos también pueden adaptarse a lo que producimos nosotros, producimos muchas cosas valiosas que también deben darse a conocer entre colegas hispanoparlantes.

AIC: ¿Cómo es que se dio tu llegada a México desde Ecuador?

NBM: Estaba haciendo mi licenciatura, cuando tuve la oportunidad de conocer el trabajo del doctor Felipe Galván Magaña, mexicano y especialista en tiburones del Cicimar. Le escribí un correo, le dije que estaba interesada en trabajar con tiburones y me dijo que casualmente en unos tres meses llegaba a la ciudad de Manta, Ecuador, y me emocioné muchísimo. Yo vivía en la ciudad de Guayaquil, me puse en contacto con él, lo conocí en Manta y él nos invitó a varios estudiantes a trabajar con él, a identificar tiburones, nos entrenó en la playa de Tarqui, en Manta, y en los laboratorios de la sede ecuatoriana de la Comisión Interamericana del Atún Tropical (CIAT), en donde Galván era asesor.

Después de su estancia aquí, me preguntó si yo quería seguir trabajando con tiburones. Me apoyó junto con otros compañeros para desarrollar nuestro proyecto de tesis de licenciatura, y siempre nos decía que continuáramos, que hiciéramos maestría. Nos habló del Conacyt y de la oportunidad de estudiar en México. Nos explicó que había becas para extranjeros. Me animé, presenté mis papeles, logré entrar al Cicimar y tuve la fortuna de ser becaria Conacyt. En agosto de 2007 llegué a La Paz, Baja California Sur.

AIC: ¿En Ecuador no te fue posible seguir con tu carrera científica?

huracanes tiburones 11

NBM: Allá en Ecuador ya había perdido las esperanzas, porque en esos años no había muchos especialistas, dos o tres, quizá, que trabajaran con tiburones. Hasta donde sé ahora hay más, afortunadamente, porque necesitamos estudiar estos organismos, sobre todo pensando en lugares como las Islas Galápagos, que es único en el mundo. Fue donde Darwin encontró los primeros indicios de la evolución. Hay una riqueza muy grande de tiburones y de rayas, de peces en general. Las Galápagos es un sitio muy especial, Ecuador tiene mucho que dar.

AIC: ¿Tienes planes para regresar?

NBM: Pues ahora estoy concentrada en la fase final del doctorado, y no tengo planes concretos de regresar pero si surge algo, con gusto. Aunque ahora estoy muy bien aquí en México, realmente donde haya tiburones ahí puedo estar.

Son animales fascinantes, nosotros los biólogos decimos que son nuestros «biomuestradores». Si tú quieres encontrar cierto tipo de pez o molusco, estudiar cierta especie que sea muy difícil de encontrar, que solo ande en el fondo del mar, por ejemplo, pues buscas al tiburón y vas a encontrar esa especie en su estómago.

AIC: Precisamente durante la charla hablaste mucho sobre análisis del contenido estomacal, ¿qué información te permitió obtener este tipo de estudio?

NBM: Esto lo desarrollé durante la maestría, la información del contenido estomacal y la digestión, porque una cosa es lo que comes y otra cosa es lo que digieres. Las cosas que se digieren se están descomponiendo, pero esto hay que corroborarlo con análisis de isótopos estables de carbono y de nitrógeno.

Implementamos un sistema que toma en cuenta la frecuencia, el número y el peso de las especies que encontrábamos en los estómagos de los tiburones. Es importante tener información de los tres factores porque puede que te comas un pez muy grande pero te comiste nada más uno. Puede que comas muchos peces pero son muy pequeños. Entonces, esos tres valores te dan un valor balanceado, no vas a extrapolar ni subestimar ninguno. Así puedes ver cuál es la presa más importante: si es calamar, si es costero o no es costero. Y si haces este tipo de estudios por meses, no solo entiendes los hábitos alimenticios, puedes comprender la distribución de la especie que, muchas veces, no se conoce con exactitud.

Durante mi maestría realicé varios años de muestreo y, de pronto, durante un año, la presa principal cambió. Quería saber porqué. Se me ocurrió investigar la temperatura superficial del mar. Con la ayuda de varios investigadores descubrimos que coincidió con el fenómeno climatológico de La Niña: cambió la temperatura del mar, la presa más importante, el calamar gigante (Dosidicus gigas) migró, pero el tiburón se adaptó, no se movió y comenzó a concentrarse en la segunda presa de su dieta, el calamar dardo (Lolliguncula diomedeae) que sí permaneció en la zona. Es muy importante entender esto, que los tiburones hasta cierto punto no se mueven con su presa.

Ahora con lo que acaba de pasar con el huracán Patricia, podríamos encontrar cosas interesantes, vamos a ver animales de profundidad muertos en la playa y será raro encontrar tiburones. Es un cambio muy drástico, pero se cree que muchos tiburones sienten esos cambios ambientales y se refugian, tienen una capacidad sensorial muy alta. Algunos andan en grupo pero la gran mayoría son solitarios y nunca se pierden. Es muy extraño encontrar un tiburón encallado, por ejemplo. Es parte de lo que los convierte en los grandes depredadores marinos.