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Hoy atronará la música de Javier Bátiz en el Zócalo capitalino

‘El Brujo’ interpretará un programa compuesto por sus canciones más emblemáticas. Foto Notimex

Javier Hernández Chelico

Empezaban la década de 1950. Era medianoche y un niño buscaba en la radio estaciones para escuchar música. De repente, “un bato dijo: ‘esto es blues para todos ustedes’. Fue cuando por primera vez oí Midnight Blues, de T. Bone Walker. Seguí escuchando el programa hasta que se acabó, hasta la una de la madrugada. Mi mamá nunca supo que lo oía; ella siempre me decía: ‘Darling, apaga la radio, ya son las 10’. Hasta ahí llegó mi carrera de Pedro Infante, Jorge Negrete, Cuco Sánchez, Antonio Bribiesca y don Claudio Estrada”.

Ray Robinson fue el locutor que le cambió la vida a Javier Bátiz al presentarle el blues desde una estación pirata instalada en un barco, en Rosarito, Baja California.

Cuando Javier tenía ocho años su mamá compró un piano, para ver quién aprendía a tocarlo, y a los 12 años me compró una guitarra.

Los inicios

En un lapso relativamente corto, Javier se sintió preparado para tocar en público. “Convoy Club fue el primer lugar que me abrió la puerta para que trabajara. El Manolete me invitó a que acompañara a Eugene Ross.

“En ese tiempo no había músicos de rock en Tijuana. Nos invito a mí y a Emilio Verdugo. Y don José me dijo que mientras llegaba un bajista él tocaría las tumbas. Y las tocó. Por eso, en mi vida y en mi música están incluidas las tumbas. No tuve que tocar latino para tener unas.

“Así, en el año 57 empezamos Los TJ’s, con el Mayoye; él estuvo conmigo desde la escuela, a los seis años. De aquel tiempo, también está la Liebre Chica; él y Mayoye son como mis hermanos. Ellos se fueron con Ramón a tocar a San Francisco, cuando me vine a México.”

Javier Bátiz llegó a Ciudad de México con la intención de ser parte de Los Rebeldes del Rock, invitado por los hermanos Tena, sobre quienes el llamado Brujo se refiere: Los recuerdo con todo mi amor. Recuerdo todo, su casa, su sinceridad, su amistad, su hermandad; amo a la señora, a Cuca, a Bocho, al Polo, al Waldo, al Américo, que era mi amigote. A los hermanos Tena les debo todo.

Poco a poco, el estilo tan personal de tocar la guitarra y la manera negroide de cantar hicieron un personaje de Bátiz, quien bautizó a su banda como The Famous Finks & Javier Bátiz.

Al respecto, rememora: “El nombre salió de que yo armaba y dibujaba finks, unos monos de Ed Roth.

Estas decisiones se hicieron porque éramos unos chamacos. Nunca pensamos que seríamos esos a quienes se reconoce ahora.

La lista de músicos que desfilaron por esa banda es gruesa, basta recordar a Fito, a Olaf, al Cartucho y a Reni. “Luego quité el nombre. Toqué con metales y hacían los coros Macaria, Mayita, Norma Valdés y la Baby, cuando podía. Se acabaron los Finks, pero la lista de músicos siguió”.

Eran los tiempos en que el tijuanense era la estrella, lugares como Los Globos, El Terraza Casino y sobre todo el Champaña a Go-Go le rendían pleitesía.

Dice Bátiz: “Con metales y coros dimos un madrazo. No digo groserías, pero no hay otra palabra para describir lo que es un madrazo. Llenábamos El Terraza, también Los Globos y el Champaña… Uy”.

A más de 60 años de los primeros recuerdos, Javier llega al otrora Distrito Federal con dos guitarras fabricadas para él: “Doy talleres a chavitos allá en Tijuana; un día entró un gabacho con dos chavitos mexicanos; el gabachito, muy buena onda, me dijo: ‘Diseña una guitarra y yo te la hago y no te cobro. Te la regalo, porque estás haciendo muy buen trabajo con los niños de Tijuana’. Pues le dije: ‘Gracias, cabrón, yo la diseño’, y la diseñé. Fueron 24 trastes y según mis necesidades. A los pocos días llegó con tres. Dejé las Stratos, las Gibson. Ahora uso las Tijuaneras. Así le puse a estas guitarras”.

Muestras de admiración

Allá mismo, en Tijuana, Javier ha recibido otras muestras de admiración y cariño: en un muro de una canalización del río Tijuana hay un grafiti que lo representa tocando la guitarra, hay un mural en su estudio y, desde hace casi dos años, una calle lleva su nombre.

Este día toca a Ciudad de México hacerle un homenaje a quien trajo el blues a estos lares: a las 19 horas, el Zócalo será el escenario donde el maestro Javier Bátiz tocará acompañado por la Orquesta Filarmónica Metropolitana, dirigida por José Areán.

Será un programa con las canciones emblemáticas del creador de El vuelo del ángel, con invitados como Eugenia León, Baby Bátiz, Julio Revueltas, Toño Lira, Elohim Corona, Salvador García y Rosalía León; en coros y batería estará su esposa, Claudia Madrid.