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Julio Hernández López
Los punteros de la competencia demoscópica en pos de la presidencia de Morena son justamente el ejemplo de las aberraciones a que han llevado tanto la incapacidad original de ese partido para dar certidumbre a una elección normal (si este término cabe en los genes de la izquierda partidista mexicana), como los tumbos y vaivenes de mutua interrelación entre el Instituto Nacional Electoral (INE) y el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF).

En estricto sentido, las carreras políticas, los zigzagueantes momentos de definición y la versatilidad ideológica de ambos no deberían llevarles al privilegio de aspirar a presidir el partido que concentra la mayor esperanza popular de cambio en el país y que, al menos en términos teóricos, concentra el mayor poder político jamás alcanzado por partido alguno en la etapa política moderna: la presidencia de la República, la mayoría en ambas cámaras legislativas federales, varias gubernaturas, congresos locales y presidencias municipales importantes, así como una creciente influencia en organismos técnicamente autónomos y en la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Pero la verdad es que Morena no es un partido verdadero ni tiene una vida orgánica ni cuenta con cuadros bien formados que pudieran resolver los incidentes naturales de su vida interna. Así que a la salida de Andrés Manuel López Obrador de la presidencia de Morena, para postularse por tercera ocasión a Palacio Nacional, el partido quedó en una especie de orfandad semidisfrazada, con una operadora de origen empresarial, Yeidckol Polevnsky, que ejerció funciones de presidenta del comité morenista y bloqueó sistemáticamente las tareas fundamentales de formación de cuadros políticos, privilegió los negocios inmobiliarios y fue incapaz de darle certidumbre institucional a la organización en terrenos clave como, entre otros, la elaboración y validación de un padrón confiable de militantes para participar en la siguiente elección interna.

Ante el vencimiento de plazos y las insuficiencias de Morena por sí mismo, el instituto y el tribunal electorales dispusieron fórmulas para destrabar lo que el partido nunca pudo. Así se llegó al extremo de las encuestas de opinión pública, como mecanismo sustituto del inexistente padrón validado de militantes y, en cuanto a abanderados, al posicionamiento de dos bandos muy bien definidos, con el veterano pluripartidista Porfirio Muñoz Ledo como representante del grupo de Claudia Sheinbaum (con Alfonso Ramírez Cuéllar y Bertha Luján como agremiados) y Mario Delgado como abanderado del canciller y virtual vicepresidente, Marcelo Ebrard, con Ricardo Monreal como agremiado al acecho.

Poco ganaría Morena si el tribunal electoral suspende el proceso de la última encuesta, la definitoria, pues el problema de fondo de ese partido no es de nombres y apellidos, pero si le ayudaría al morenismo evitar tal división, sugerente de futuros tropiezos, y el arribo de liderazgos (aún más) facciosos y oportunistas.

El periodista Federico Arreola conoce los entretelones del medio empresarial de Nuevo León y ayer, al ser entrevistado, aseguró que el principal directivo del Frente Nacional AntiAMLO (Frena), Gilberto Lozano, “está loco”. ¿Lo dices en términos clínicos, psiquiátricos?, se le preguntó, y el director de SDPNoticias respondió afirmativamente.

“Yo lo conozco y vi su proceso de volverse loco por el futbol”, enloqueció por las críticas en la segunda temporada que fue presidente del club profesional Monterrey y le fue de la patada. “Está para que lo encierren, por eso lo corrieron de Fomento Económico Mexicano (FEMSA), donde tenía un buen cargo”, aseguró Arreola, quien fue uno de los directivos fundadores del diario Milenio. Federico añadió que a Lozano lo están usando varios medios de comunicación deseosos de agradar a empresarios que a la vez están ensayando formas de golpismo contra el presidente Andrés Manuel López Obrador (https://bit.ly/2Glmknb ). ¡Hasta mañana!

Julio Hernández López
Julio Hernández López
Autor de la columna Astillero, en La Jornada; director de La Jornada San Luis.