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Con pico y pala continúa rescate en Multifamiliar Tlalpan

El Multifamiliar Tllapan. Imagen del 19 de septiembre. Foto Jesús Villaseca

Alonso Urrutia

Ciudad de México. Transcurre implacable el tiempo, las pesadas horas de la madrugada no detienen el febril esfuerzo de brigadistas y marinos que no paran de remover con pico y pala en la inmensa mole en que se convirtió el edificio del Multifamiliar Tlalpan.

Un inmueble de cinco pisos que la fuerza del movimiento telúrico ha comprimido en una montaña que no supera la altura de dos.

Hay decenas, quizá centenares de brigadistas de Protección Civil, marinos, bomberos y cantidad sobrada de voluntarios. Todos ellos aguardan la voz de alerta para sustituir a quienes ya están en la primera línea del frente de rescate: se sabe que hay gente atrapada, se espera encontrarla viva aunque el sentido común parecería diluir sus esperanzas.

Entre la muchedumbre espectante, Nayeli Flores tiene la mirada fija en un punto específico de la montaña de concreto sobre la que trabajan afanosamente los rescatistas: “ahí, dice entre sollozos, ésa era la recamara de mis niños….” Madre trabajadora, salió a un despacho para laborar un par de horas, justo el momento en que se colapsó el edificio y donde ahora se concentran buena parte de los esfuerzos.

Julián de 11 y Viridiana de 6 años son los menores cuya búsqueda se prioriza aunque otro grupo de brigadistas trabaja en el costado este del edificio donde se tiene noción de que hay media decena de personas que esperan encontrar con vida. El implacable paso del tiempo trabaja en contra de esta posibilidad pero no ahoga la esperanza.

En las inmediaciones es toda una romería de ayuda. Las donaciones fluyen sin cesar al punto de que se da la instrucción de no recibir más botellones de agua. Hay cantidad en exceso para satisfacer las necesidades de quienes ahí se encuentran, pero aún a las 4 de la mañana siguen llegando camionetas que han logrado acopiar víveres, agua, medicinas, lo que la lógica indica se puede ocupar en esta tragedia.

Es tan sólo uno de las decenas de frentes de acción en toda la capital. Martha Cabrera, una joven con adiestramiento en rescate aguarda su momento. Junto con Manuel Morales conforman lo que denominan Brigada Canina para entrar a ayudar en este inmenso esfuerzo por salvar un puñado de vidas.

Súbitamente un grito se escucha desde el centro de la operación de rescate: Silencio. Puño en alto y se hace un inmenso silencio. Alguien sumergido entre los escombros ha detectado alguna señal, por mínima que sea, la cual alienta la esperanza… pasan los minutos y nada… No importa, han pasado horas y ya se han logrado algunos rescates con vida, un gran logró para esta operación que conjuga los esfuerzos de marinos, bomberos y personal de protección civil.

Mientras tanto, hay voluntarios en primeros auxilios, doctores, personal de apoyo y quienes concentran la interminable dotación de comida, agua, café, cualquier expresión de solidaridad para apuntalar en ese pequeño sitio de la ciudad una gran operación de rescate.

La madrugada transcurre así. Las horas pasan pero no apaga la esperanza de encontrar, al fin una nueva persona y rescatarla de una inminente muerte, atrapada entre toneladas de concreto.