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Trump ignora a indígenas y ambientalistas, da luz verde a polémico oleoducto

Personas participan en una protesta contra la orden ejecutiva del presidente estadounidense, Donald Trump, para reactivar los oleoductos Keystone XL y Dakota Access, en Washington D.C., el 8 de febrero de 2017. Foto Xinhua

David Brooks, corresponsal

Nueva York. El gobierno de Donald Trump autorizó el inicio del último tramo de un oleoducto frenado por un masivo movimiento indígena a finales de la presidencia anterior, agregando con ello otra violación a un acuerdo más en la larga historia de Estados Unidos contra los pueblos originarios de su tierra.

Representantes del pueblo Sioux de Standing Rock expresaron que “esta lucha no ha acabado”.  Sus abogados presentaron este jueves una demanda para intentar suspender la reanudación de obras cerca de su reservación en Dakota del Norte, mientras activistas acuden al lugar para regresar a sumarse a los que permanecen en campamentos en esa zona.

A la vez, los Sioux convocaron acciones de protesta por todo el país que iniciaron este jueves y una marcha nacional en Washington el 10 de marzo a nombre de la defensa de os derechos indígenas y la defensa del agua de todos (http://standwithstandingrock.net).

Pero las operaciones de construcción del oleoducto Dakota Access, incluyendo la perforación por la zona disputada y debajo de un río que con un derrame podría contaminar el agua potable de los indígenas y otros pueblos, arrancó este jueves, según voceros de las empresas, que  tienen el objetivo de concluir este último tramo en los próximos meses.

Una de las primeras medidas ejecutivas de Trump fue girar instrucciones para apresurar la aprobación de Dakota Access y con ello revertir la decisión del gobierno de Barack Obama en diciembre de frenar el proyecto mientras se evaluaba el impacto ambiental y se negociaba con los líderes indígenas en esa zona. Trump fue inversionista en la empresa encargada del proyecto, Energy Transfer Partners, y también fue beneficiado por donaciones a su campaña por el ejecutivo en jefe de la empresa.

La decisión fue un revés a un movimiento sin precedente que se volvió símbolo nacional e internacional de resistencia contra la violación de derechos indígenas y la lucha por el medio ambiente, en particular contra los hidrocarburos.

Peor aún, la decisión se anunció el martes mientras estaba llegando a Washington el presidente de la tribu Sioux de Standing Rock, la cual encabeza el masivo movimiento de oposición al proyecto, para verse con oficiales del gobierno de Trump. David Archambault II canceló su reunión y comentó que “me siento ofendido, fue una falta de respeto” al Washington Post.

Emitió una declaración solicitando que los aliados ejerzan sus derechos de libre expresión “para recordarle al presidente Trump que estamos defendiendo” y recordó que estaba en Washington para intentar ayudar a los funcionarios “a entender por qué hay un movimiento… y todos los males que se han hecho contra mi nación por esta nación”.

Integrantes del pueblo Sioux de Standing Rock reiteraron a medios que “esta lucha continua”.  LaDonna Brave Bull Allard, fundadora de uno de los campamentos, comento que “Ya no se trata solo de Standing Rock, se trata del mundo. Más allá de lo que ocurra aquí, aun mientras están perforando mientras hablamos, todos tenemos que defender el agua”, comentó a The Guardian.

Vale recordar que este proyecto de construcción provocó un movimiento de resistencia indígena sin precedente en las últimas décadas, donde a lo largo de meses se sumaron representantes de más de 200 naciones indígenas, y a partir del verano pasado, nuevos aliados, desde ambientalistas, religiosos, estudiantes e integrantes de Black Lives Matter, artistas, solidarios de otras partes del mundo y cientos de veteranos militares, algunos de los quienes llegaron en diciembre para ofrecer protección después de que se cansaron de ver noticias sobre la repetida represión de los activistas por guardias y autoridades locales.