Especialistas descartan asesinato de ballena en Yucatán
Especialistas descartan asesinato de ballena en Yucatán
29 febrero, 2016
Inminente, huelga en la Universidad de Michoacán
Inminente, huelga en la Universidad de Michoacán
29 febrero, 2016

«Un mundo mejor» con las artes, las ciencias y los pueblos: ‘Galeano’

galeano

Por Elio Henríquez, corresponsal

San Cristóbal de las Casas, Chis. Las y los zapatistas “no creemos que el mundo se vaya a acabar”, pero sí “que el que conocemos actualmente se va a colapsar y que su implosión va a acarrear multitud de desgracias humanas y naturales”, afirmó el subcomandante insurgente Galeano (antes Marcos).

“Sobre si esa implosión ya está en marcha o está por definirse, su duración y término, se puede debatir, argumentar, cuestionar, afirmar o negar, pero hasta donde sabemos, no hay quien se atreva a negarla”, y “todos allá arriba aceptan que la máquina está fallando y ensayan una y mil soluciones, siempre dentro de la lógica de la máquina”, agregó.

En una carta dirigida al escritor Juan Villoro Ruiz, a quien se dirige como “hermano”, titulada Las artes, las ciencias, los pueblos originarios y los sótanos del mundo, Galeano, señaló que “hay quien quiere romper con esa lógica y asevera: la humanidad es posible sin la máquina”.

Sin embargo, abundó, “como lo que somos, no nos preocupa tanto la tormenta”, ya que “después de todo, han sido siglos de tormenta para los pueblos originarios y los desposeídos de México y del mundo y si algo se aprende abajo es a vivir en condiciones adversas. La vida entonces, y en contados casos la muerte, es una lucha continua, una batalla librada en todos los rincones de los calendarios y geografías. Y no hablo aquí de las mundiales, sino de las personales”.

Manifestó que “como se puede concluir en una lectura atenta de nuestra palabra, el nuestro es un mensaje que va más allá de la tormenta y sus dolores”.

Sostuvo que la creencia de las y los zapatistas, es que “la posibilidad de un mundo mejor (no perfecto ni acabado, dejemos eso para los dogmas religiosos y políticos) está fuera de la máquina y su posibilidad se sostiene en un trípode”.

O más bien, remarcó, “en la interrelación entre tres columnas que han pervivido y perseverado, con sus altibajos, sus pequeñas victorias y sus grandes derrotas, a lo largo de la breve historia del mundo: las artes (exceptuando de estas últimas a la literatura), las ciencias y los pueblos originarios con los sótanos de la humanidad”.

El dirigente rebelde precisó que “he puesto ‘las artes’ porque son ellas (y no la política)” las que “cavan en lo más profundo del ser humano y rescatan su esencia. Como si el mundo siguiera siendo el mismo, pero con ellas y por ellas pudiéramos encontrar la posibilidad humana entre tantos engranajes, tuercas y resortes rechinando con mal humor. A diferencia de la política, el arte entonces no trata de reajustar o arreglar la máquina. Hace, en cambio, algo más subversivo e inquietante: muestra la posibilidad de otro mundo”.

“Las ciencias”, afirmó, “porque tienen la posibilidad de reconstruir sobre la catástrofe que ya ‘opera’ en todo el territorio mundial. Y no hablo de ‘reconstruir’ en el sentido de retomar lo caído y armarlo de nuevo, a imagen y semejanza de su versión antes de la desgracia. Hablo de ‘rehacer’, es decir, ‘hacer de nuevo’. Y los conocimientos científicos pueden entonces reorientar la desesperación y darle su sentido real, es decir, ‘dejar de esperar’. Y quien deja de esperar, podría empezar a actuar”.

Aseveró que “la política, la economía y la religión dividen, parcelan, parten. Las ciencias y las artes unen, hermanan, convierten las fronteras en ridículos puntos cartográficos. Pero, cierto, ni unas ni otras están exentas de la feroz división de clases y deben elegir: o contribuyen al mantenimiento y reproducción de la máquina, o contribuyen a mostrar su necesaria supresión”.

Subrayó: “Como si en lugar de re-etiquetar la máquina, embelleciéndola o afinándola, el arte y la ciencia plantaran, sobre la cromada superficie del sistema, un letrero lacónico y definitorio: ‘CADUCO’, ‘Tiempo Transcurrido’, ‘para continuar viviendo deposite otro mundo’”.

“Imagina”, añadió dirigiéndose a Juan Villoro, “que todo lo que se gasta en política (por ejemplo, en elecciones por votación y elecciones por guerra, tan antidemocráticas unas como las otras –“la política y la economía son la continuación de la guerra por otros medios”, debió haber dicho Clausewitz si hubiera partido de la ciencia social), se dedicara a las ciencias y las artes. Que en lugar de campañas electorales y militares hubiera laboratorios, centros de investigación y divulgación científica, conciertos, exposiciones, festivales, librerías, bibliotecas, teatros, cines, y campos y calles donde reinaran las ciencias y las artes, y no las máquinas”.

Manifestó que las y los zapatistas “estamos convencidos de que eso es posible sólo fuera de la máquina. Y que hay que destruirla. No reajustarla, no maquillarla, no hacerla ‘más humana’. No, destruirla. Si algo de sus restos sirve, que sea como muestra de que no hay que repetir la pesadilla. Como si sólo fuera un referente al que se mira por el ‘Espejo Retrovisor’ mientras se deja atrás el camino”.

Dijo que “no dudamos que haya alguien que piense o crea que es factible dentro de ella, sin alterar su funcionamiento, cambiando de maquinista o viendo que los vagones más suntuosos redistribuyeran su riqueza para que algo (tampoco mucho, no hay que exagerar), les llegara a los vagones traseros. Claro, siempre recalcando que cada quien está donde debe de estar. Pero la candidez, hermano, suele ser uno de los ropajes de la perversidad”.

Puntualizó: “He mencionado a los pueblos originarios y los sótanos mundiales porque son quienes más oportunidad tienen de sobrevivir a la tormenta y los únicos con la capacidad para crear ‘otra cosa’. Alguien tiene que responder mañana a la pregunta ‘¿Hay alguien en la tierra?’. Y aquí la palabra presenta, no sin coquetería provocadora, otra bifurcación que, en bien de esta misiva, evito con mi conocido recato”.