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Zaldívar: ¿fin de la impunidad?

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  • AMLO y el árbol caído

Julio Hernández López

Ayer se produjeron tres declaraciones de fuerte contenido político: por lo inusual de que se hable así respecto a la propia casa, destaca lo dicho por el ministro presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Arturo Zaldívar Lelo de Larrea, quien dio por terminada la impunidad que a la vez ha permitido corrupción y nepotismo en el Poder Judicial de la Federación al que, dijo, se está limpiando, en ruta hacia una reforma profunda; el secretario de protección y seguridad ciudadana, Alfonso Durazo, lanzó una durísima condena a la administración encabezada por Felipe Calderón Hinojosa, a la que caracterizó como protectora oficial del Cártel de Sinaloa; y el presidente Andrés Manuel López Obrador aseguró que no hará leña del calderonista árbol que ha caído a causa de la detención de su denotativo acompañante sexenal, Genaro García Luna.

El ministro Zaldívar, que va abriendo paso en el poder judicial a las políticas de cambio impulsadas por el presidente de la República, rindió su primer informe de labores y López Obrador lo escuchó y acompañó, al igual que las presidentas de las directivas de las cámaras legislativas. En términos generales, la cúpula de ese Poder Judicial Federal, es decir, la Suprema Corte de Justicia de la Nación, se va acomodando en términos numéricos y de ánimo a los postulados del político tabasqueño, quien considera que la lucha contra la corrupción no podrá avanzar lo suficiente, ni consolidarse, si la estructura judicial del país no es saneada.

El secretario Durazo, por su parte, emergió en Twitter de una temporada de ataques que inició con la detención y posterior liberación de uno de los hijos de Joaquín Guzmán Loera, el Chapo. Sometido a severas críticas, sobre todo desde el flanco panista y el calderonista (divididos circunstancialmente, pero siempre cercanos y dispuestos a reconciliaciones tácticas), Durazo publicó este mensaje en el espacio internáutico caracterizado por un pájaro azul: “Hay quienes volteaban con aguerrida nostalgia hacia la ‘estrategia’ de seguridad del pasado; la detención de hoy la ha reducido a la trágica protección oficial del gobierno de Calderón al Cártel de Sinaloa. Este hecho refleja por sí solo el desastre que heredamos en esta materia”.

Nunca se había señalado de manera tan categórica, desde una secretaría de Estado o un nivel parecido, a la administración calderonista como una etapa de narcopolítica cargada a favor de uno de los cárteles criminales en turno: si Calderón hubiera protegido oficialmente al Cártel de Sinaloa se estaría en presencia de tan grave distorsión criminal del ejercicio gubernamental que el saldo de centenares de miles de muertos, desaparecidos, torturados y lesionados en ese lapso, y en la secuela que aún se vive, habrían constituido un magno crimen de Estado, susceptible de ser perseguido en tribunales internacionales por las graves violaciones a los derechos humanos.

Recuérdese que en noviembre de 2011 el abogado mexicano Netzaí Sandoval Ballesteros demandó ante la Corte Penal Internacional a Calderón, a parte de su gabinete de seguridad (los secretarios Genaro García Luna, de seguridad pública, de la Defensa Nacional, Guillermo Galván Galván y de la Marina, Francisco Sáynez) y a miembros del Cártel de Sinaloa (en específico, el citado Guzmán Loera) “por la comisión de diversos delitos de lesa humanidad” que fueron cometidos durante la llamada “guerra contra el narcotráfico”.

Y ante la evolución del caso de García Luna, detenido un día antes, y de Calderón, que es el principal damnificado político de este episodio, AMLO dijo en su conferencia mañanera que no hará leña del árbol caído, lo cual justamente es una forma de hacerla. En realidad, pero a reserva de que el interés estadunidense no gire la mira hacia otro lado, el asunto de García Luna podría convertir al calderonismo en una maderería política. ¡Hasta mañana!

Julio Hernández López
Julio Hernández López
Autor de la columna Astillero, en La Jornada; director de La Jornada San Luis.