Alia Lira Hartmann

La guerra de Gaza volvió a ser centro de discusión en el festival de cine de Venecia, no a través de una ficción, sino mediante un documental construido con testimonios de quienes son parte de la maquinaria militar israelí.

Se trata del único trabajo documental de las 21 cintas que compiten por el León de Oro en el festival de cine de Venecia.

Naza, de los jóvenes realizadores israelíes Yuval Abraham y Rachel Szor ha impactado de tal manera que algunos de los asistentes a la sala de proyección no lograban ocultar su consternación. El público recibió el documental en un ambiente de enorme tensión y concentración. Más que el espectáculo habitual de una premiere, la proyección tuvo el carácter de una experiencia colectiva frente a una realidad que se ha convertido en catástrofe humanitaria.

El título Naza procede del término utilizado dentro del aparato de inteligencia militar de Israel como acrónimo para calcular los daños colaterales y las víctimas civiles de un ataque aéreo.

La elección de la palabra resulta fundamental para entender la propuesta de Abraham y Szor. En el lenguaje burocrático y militar, miles de víctimas inocentes quedan reducidas a cifras tras un bombardeo cuando se persiguen las huellas de cualquier miembro de Hamas o ciudadano en Gaza relacionado con el grupo.

Abraham y Szor llegan a Venecia como parte del equipo de cuatro realizadores de No Other Land, documental que obtuvo el Oscar en 2025. Yuval Abraham es periodista de investigación y cineasta, mientras que Raquel Szor es cineasta y directora de fotografía. Su nuevo trabajo continúa la línea de periodismo de investigación y compromiso que ya había caracterizado su trabajo anterior.

La realización de Naza contemplaba un desafío mayúsculo: investigar desde las mismas entrañas del aparato militar israelí los mecanismos utilizados durante la guerra de Gaza para determinar objetivos y aceptar de antemano un determinado número de víctimas civiles.

Para conseguirlo, los realizadores trabajaron durante más de según años, según informaron en conferencia de prensa, lograron algo fundamental para obtener el resultado que esperaban, ganarse la confianza de integrantes de los servicios de inteligencia y del ejército israelí.

Entrevistaron de manera anónima a 24 de ellos pertenecientes a unidades de élite. Las entrevistas fueron realizadas de noche, sobre alguna azotea de Tel Aviv alterando digitalmente las voces de los entrevistados.

La valiosísima fuente de información debía ser resguardada bajo estrictas medidas de seguridad debido al riesgo que corren los entrevistados. Sus testimonios habían permanecido prácticamente en secreto hasta el estreno en el festival de Venecia.

Una investigación periodística convertida en cine

Naza tiene sus orígenes en una investigación periodística desarrollada durante varios años por The Guardian, la revista israelí-palestina +972 Magazine y Local CallThe Guardian participa como productor junto con James Wilson y Jonathan Glazer, el director británico de La Zona de Interés, cinta multipremiada en 2023.

Durante la conferencia de prensa en Venecia, Abraham explicó que la intención no era presentar casos aislados de soldados que hubieran actuado por su cuenta sino adentrarse a las políticas y prácticas, las órdenes recibidas que llevan a la muerte masiva de víctimas inocentes, de esta manera no pretende señalar responsables únicos con nombre y rostro sino adentrarse al sistema mismo.

Los testimonios recogidos hablan de sistemas tecnológicos utilizados para identificar objetivos, la vigilancia e intervención de teléfonos móviles y de ataques contra personas en zonas residenciales. Algunos entrevistados describen incluso sistemas asistidos por inteligencia artificial que podían utilizar grandes cantidades de información procedente de teléfonos intervenidos para localizar objetivos. La ejecución al tirar una bomba en un edificio está determinada por un objetivo único y si alrededor habían decenas o incluso cientos de personas, queda como una Naza.

Uno de los aspectos más inquietantes señalados durante la presentación fue precisamente la utilización de tecnología avanzada dentro de una estructura militar en la que, según los testimonios recogidos por los realizadores, la muerte de civiles podía ser contemplada como una variable calculable.

Crudos testimonios. Cadáveres como alimento de perros callejeros

Durante buena parte de la película, la destrucción de Gaza no aparece en el centro del relato. Los realizadores prefieren mantener la cámara sobre los rostros y las palabras de quienes cuentan cómo funciona el sistema.

La escena final de unos dos minutos de duración, muestra a un padre desesperado buscando a sus familiares en los escombros mientras la cámara muestra algunos cuerpos sin vida. Entre los más impactantes testimonios de los entrevistados israelíes se reveló que muchas de las víctimas cuyos cuerpos quedan regados por las calles después de un bombardeo se convierten en alimento para perros callejeros.

El documental cuenta con material de archivo como una entrevista a un joven Benjamín Netanjahu en el que presentando una de sus publicaciones define al terrorista como aquel que al atacar un objetivo ataca también a víctimas inocentes. También se muestran escenas de la fundación de Tel Aviv en 1906 cuando familias judías se reunieron para lotear las dunas de arena. Informa también que entre Gaza y Tel Aviv solo hay 70 kilómetros de distancia y compartiendo las mismas olas del mar mediterráneo.

La obediencia por una misión; deshumanización,
genocidio, holocausto; las teorías de Primo Levi y Hanna Arendt

Uno de los militares entrevistados al ser cuestionado sobre si consideraba la guerra de Israel en Gaza como un genocidio, no dudó en afirmarlo. Varios de los entrevistados insistieron en estar cumpliendo una misión.

En la conferencia de prensa el joven director Yuval Abraham hizo una referencia especialmente significativa al escritor de origen judío italiano Primo Levi (Turín, 1919-1987) sobreviviente del campo de concentración de Auschwitz afirmando que los mecanismos del holocausto fueron de otro tipo.

“Estamos en Italia, país natal de Primo Levi”. El autor de Si esto es un hombre reflexiona en esta obra sobre la deshumanización y la gravedad al transformar a una persona en una simple categoría, en un número o en un objetivo susceptible de ser eliminado.

Abraham enfatizó que como israelí de origen judío y descendiente de sobrevivientes del Holocausto, considera que la memoria de la Shoah no puede utilizarse para justificar la muerte de civiles palestinos.

Al mismo tiempo, insistió en que Naza no pretende establecer una equivalencia histórica entre el Holocausto y Gaza, sino llamar la atención sobre mecanismos de deshumanización que pueden repetirse en contextos diferentes.

Una intervención de un periodista alemán en la conferencia de prensa hizo referencia a la filósofa Hannah Arendt (1906-1975) y su teoría sobre la banalidad del mal. Al escuchar a los militares describir sus acciones algunos de ellos comentan los bombardeos, objetivos y víctimas mediante un lenguaje técnico y burocrático, como si estuvieran realizando una tarea administrativa.

Esa forma de narrar la violencia recuerda el análisis de Arendt, quien al presenciar el juicio en Israel de Adolf Eichmann en 1961, cuya actuación como responsable de la logística de la deportación y exterminio de judíos europeos llevó a la filósofa a formular su célebre concepto en principio criticado en que personas comunes y corrientes llegan a cometer actos de extrema crueldad motivados solo por una obediencia ciega, burocracia y falta de reflexión.

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