En la homilía que ofició en la Catedral Metropolitana, el arzobispo primado de México indicó que entre las acciones “contrarias al plan de Dios” que experimenta las mujeres están y que la la iglesia “deplora como abominables” están “la esterilización y el aborto, a veces programados, para las mujeres más pobres y marginadas”.
En el tercer domingo de Cuaresma en donde en el evangelio se habla del encuentro de Jesús con la Samaritana, episodio en el que “rompe el prejuicio antifeminista de la época, que prohibía hablar en público con una mujer”, Rivera Carrera, expuso que “la Iglesia en nuestro Continente, siguiendo el ejemplo de Jesús, se siente comprometida a intensificar su preocupación por las mujeres y a defenderlas, de modo que la sociedad en América ayude más a la vida familiar fundada en el matrimonio, proteja más la maternidad y respete más la dignidad de todas las mujeres”.
Añadió que “se debe ayudar a las mujeres a tomar parte activa y responsable en la vida y misión de la Iglesia, como también se ha de reconocer la necesidad de la sabiduría y cooperación de las mujeres en las tareas directivas de nuestra sociedad”.
Apuntó que “no se pueden aceptar las diversas propuestas reduccionistas sobre la naturaleza y misión de la mujer, ni se pueden aceptar los programas en donde se ve a la mujer sólo con el prisma falaz de salud reproductiva, ignorando, en la práctica, una visión integral de la mujer, necesitada de ayuda para desarrollar sus múltiples capacidades y urgida de colaboración para eliminar tantos peligros que la amenazan”.
Destacó que un seguidor de Cristo “no puede aceptar las nuevas formas de marginación que vive la mujer en una sociedad consumista y hedonista en donde se le transforma en objeto de consumo, disfrazando su explotación bajo el pretexto de evolución de los tiempos”.
Aludió que siguiendo el ejemplo de Jesús con la samaritana, “la Iglesia debe acercarse a toda mujer para ofrecerle salvación, dignidad y nuevas perspectivas de vida y nunca para que sea víctima de violencia física y sicológica, ya sea a nivel intrafamiliar o en su centro de trabajo; pero tampoco para que la misma mujer sea instrumento de muerte y de violencia en su misma familia, siguiendo la invitación de aquellos que quieren justificar el aborto”.
Expuso que el encuentro de Jesús con la samaritana “es un ejemplo clarísimo de cómo Jesús acepta y valora a la mujer, devolviéndole su dignidad y confiándole, después de su resurrección, la misión de anunciarlo inclusive a los mismos apóstoles”.
Manifestó que también en la familia, como en la Iglesia y en las diversas organizaciones de México, “la mujer es quien más comunica, sostiene y promueve la vida, la fe y los valores. La mujer ha sido durante siglos el ángel custodio del alma cristiana del continente”.
Añadió que este “reconocimiento choca escandalosamente con la frecuente realidad de su marginación, de los peligros a los que se somete su dignidad, de la violencia de la que es objeto muchas veces” y añadió que “a aquella que da y que defiende la vida, le es negada una vida digna. Por esto la Iglesia se siente llamada a estar del lado de la vida y defenderla en la mujer”.





