Por Blanca Juárez

Ciudad de México. La música es una “forma potente” de acostumbrarnos a la violencia. A diferencia de la imposición de poder, los ritmos seducen, llegan a los oídos murmurando, por ejemplo, “si te agarro con otro, te mato”. La fascinación de las melodías nos distrae de lo que comunican las letras y de las ideas que implantan, señaló la académica Nelly Lucero Lara Chávez. Y para salir de ese despiste, la Sociedad Mexicana Pro Derechos de la Mujer (Semillas) relanzó la campaña “Sin darnos cuenta”, la cual muestra qué tan frecuente se tararea la agresión.

En el video que realizaron para la campaña, y que está en Youtube, un grupo de mujeres lee algunas canciones. Sin música, su contenido queda al descubierto, como Rastamandita, de la banda de rock Molotov: “Yo te recomiendo para tu calentura (…) consigas un mango, el mango de un hacha y luego te la ensartes en la cucaracha”.

Cada cuatro minutos una mujer es violada en México, y algo en la cultura provoca que eso se vea como normal, apuntó en entrevista Laura García, directora ejecutiva de Semillas. Por ejemplo, el grupo de reggaetón, Trébol Clan, vocaliza: “Pégala, azótala, sin miedo que no hace naa (…) Yo le doy, tú le das por delante y por detrás”.

Desde hace unas semanas el video de la canción Fuiste mía, del cantante grupero Gerardo Ortiz, ha sido señalado de incitar al feminicidio. Pero antes de que lleguen a ser asesinadas, esas mujeres pasan por diferentes tipos de violencias: sexual, patrimonial, física, explicó Lara Chávez, maestra en comunicación por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). El propio título refiere a que es un objeto de su propiedad, añadió.

Pero esa violencia “no es reciente ni propio de un género musical, también en la ópera podemos encontrar agresiones sexistas”. Por el ritmo, “no te das cuenta de lo que en realidad dicen”, indicó.

Precisamente por lo anterior Semillas decidió nombrar su campaña “Sin darnos cuenta”, pues “andamos cantándolas sin percatarnos del mensaje que en verdad manifiesta”, comentó Laura García. Tal es el caso de una movida y popular canción de Yuri, El apagón, que cuando la leen en el video dice esto: “Me quede muy quietecita en aquella terrible oscuridad y una mano ligerita me palpó con confianza y libertad (…) Me quitaron el abrigo, el sombrero y (…) cuando encendieron las luces, ¡ay, era mi papa!”.

Semillas no busca que sean censuradas, “somos partidarias de la libertad de expresión. Sólo es un botón de muestra de lo que pasa en niveles políticos, sociales y culturales”. Hay una relación directa entre ellas y la impunidad en el caso de las dos menores veracruzanas que sufrieron abuso sexual por parte de varios jóvenes hijos de políticos y empresarios, afirmó.

Prohibir que se reproduzcan no es la solución, pero sí “censurarlas socialmente, darnos cuenta de qué estamos cantando”, aseveró.

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