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Luis Ricardo Guerrero Romero

− “Todos los que parecen estúpidos, lo son y, además también lo son la mitad de los que no lo parecen”. Lo dijo Quevedo, lo refirmo yo.

Me han traído a este internado de viejos hace ya un poco más de cuatro años. Todos nos quejamos de algo, hay cierta edad, supongo, en que la queja es nuestro estigma, nuestra raíz, nuestro purgatorio. Nunca he creído en el cielo o en las cosas que la gente platica sobre la santidad, somos humanos y hemos sido arrojados para humanizar, no para divinizar, eso que lo hagan los pacientes de apsiquia. Aquí en este sitio el trato es mejor al que mis hijos y nietos me dieron, a todos los recuerdo a la vez que los desprecio, suelo platicar con desánimo la aventura de aquel esperma aventurado quien pudo lograr dar vida aquella estúpida que me ha puesto en este lugar. Pero ella también será anciana, o mejor aún, ojalá no llegué al día de mañana. Es en realidad la vida toda, un arrabal, un vivir de apenas, ni los ricos viven satisfechos, ni los pobres viven con reales esperanzas. ¡Sigue tú también oh, Dios! en tu apsiquia bestial, celestialmente presagiando inefables destinos −.

Esas fueron las últimas palabras de don Jacinto, un tipo estilo intelectual que vivió como todos, y murió como nadie, quizás su mayor anhelo. Nunca tuvo hijos, pero imaginaba que los tuvo, tenían nombre, profesión y hasta descendencia. A veces su prosopagnosia llegó a desesperarme, yo lo visité durante un año, hasta que decidí que éste había vivido demasiado, sufrido suficiente, imaginado bastante. No, no; no fue muerte asistida, lo que hice fue un favor, suicidio a favor de aquel nonagenario diagnosticado con apsiquia severa, o al menos eso es lo que me dijeron los vecinos de este arrabal.

El relato de don Jacinto, tanto como el de su homicida son basados en la realidad de la mente, la mente que suele jugarnos dichas y desasosiegos, la mente que nos hace imaginar y hablar, y amar y dormir. Pero allí en ese etéreo sitio mental está la razón. Juegan a turnos: mente, razón, imaginación, burlándose de la soberanía de nuestra voluntad, juegan con nuestro ser triada tirana y titánica. Somos la ludoteca de la razón, es nuestro cuerpo el laboratorio de la imaginación, la mente nos visita cual bazar. Así le pasó a don Jacinto, así te pasará a ti, y al que no sabe de ti.

La vida, un viaje hacia la apsiquia. Dicha palabra poco utilizada pero muy en uso, nos refiere el desfallecimiento mental, o la pérdida de la razón. Herencia helénica elegante para no decirnos unos a otros: locos. El adjetivo griego αψυχια (a-psyke> apsikia> apsiquia) nos dicta que así se le denomina a alguien que ha bebido demasiado del río Leteo. No se requiere llegar a viejo para olvida lo que se ha hecho, basta algún barbitúrico, bastantes tragos de licor, un resonante golpe en la cabeza, o bien, voluntad de desear echar todo tipo de recuerdo al olvido.

l.ricardogromero@gmail.com