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Luis Ricardo Guerrero Romero

Camisas ausentes de botones, tres pares de zapatos idénticos, canciones de despecho en una Playlist de Spotify. El celular estrellado emulaba de algún modo la textura de sus pensamientos: abigarrados, amorfos, calidoscopios pensamientos. Gusta de cualquier modo usar ese tipo de fragancia llamada: agua de colonia, de esa que en algún tiempo los padres de los padres de los abuelos estilaban para después de la afeitada. Con 45 años, una herencia modesta y sin pareja sentimental, vaga de trabajo en trabajo sin la necesidad imperiosa de obtener qué comer. Un tiempo se supo que fue contratado por el gobierno para hacer ese tipo de tareas que nadie quiere hacer, luego renunció, pues, aunque era bueno en sus encomiendas, la vida administrada no fue lo que deseó nunca.

No pulque, no vino tinto, ni coñac, ni aguardiente, nada líquido que altere sus estados de ánimo, pero aún así la vibra que le trasmitía a cuanto receptor era digna de interpretar que éste había estado bajo los efectos del alcohol en periodos prolongados. ¡Sabe!, está por decir así decir, arrumbado por la vida. Quizás, varios de los que lo tenemos en ese concepto también estamos arrumbados por la vida, o arrumbados en la vida, o peor aún, hemos decidido arrumbar la vida. Aunque tengamos los botones completos en la camisa, escuchemos música alegre, y nuestros teléfonos no sean una un Pollock, ni nuestros perfumes remonten al ayer antes del ayer. Arrumbar no siempre es un ejercicio negativo.

Las líneas anteriores que parecen platicarnos sobre un sujeto que quizás es muchos sujetos a la vez, o que nos describen la actitud de una persona a la cual tenemos arrumbada por cuestiones sociales, además nos invita por la casi cacofónica manía de resaltar una palabra por entender, a preguntarnos y decir, ¿por qué arrumbar?

Inicio por plantear que en los barcos cerca de la proa encontramos el área: arrumbada, no significa que no esté en uso, sino que es un espacio del navío en donde los marineros se colocan o enfilan para sus actividades, y tal vez esto nos lance a otra pregunta, por qué un sitio en la proa se llama arrumbada; pues esto se responde si recurrimos a la palabra griega: ρυομαι (ruomai) la cual se traduce ya sea como: contener, proteger, ocultar, separar; lo cual en una embarcación o en cualquier área es importante, asimismo, dicha palabra griega evolucionó fonéticamente a [rumbo] que se puede entender con la idea de mucho ruido, o bien una dirección. Ambos aspectos siguen ligados a las actividades que se llevan a cabo en la arrumbada de la embarcación. Dicho lo cual, arrumbar ya en nuestro lenguaje cotidiano tiene relación con llevar algo o alguien bajo una dirección, con rumbo. No obstante, sabemos que ese algo arrumbado, o bien arrumbarse es arrinconar o dejar enmohecer aquello que tuvo anterior uso o mejor vida.

Termino con decir, podemos sentirnos arrumbados, o ser provocadores de que alguien se arrumbe, como podemos llevar la vida rumbo (con estilo ostentoso o con dirección), de cualquier manera, arrumbar la vida será nuestra perspectiva, nuestro rumbo lo que determina si es con efectos positivos, o bien, si arrinconados somos plenos.

l.ricardogromero@gmail.com