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1 diciembre, 2019

Astenia navideña

Luis Ricardo Guerrero Romero

Era de esperarse, nada más inicia el mes de diciembre y en varios medios de comunicación comienzan a hablar sobre la navidad. Que los descuentos, los festejos, las pre-posadas, los intercambios, las reuniones, y todo cuanto se le ocurra al genio humano para pretextar una soledad que mantuvo en sigilo once meses antes. Así sucedió conmigo. Abrí el periódico, y en busca de trabajo en las esperanzadoras páginas de éste no hallé nada nuevamente, sería mi mes número doce sin encontrar algo en lo que me veía feliz. Lo que encontré fue la página de la “astenia navideña”.

En tal columna el ingrato redactor solicitaba a quien leyere encabezar una renuncia ante todo estereotipo que ha contaminado el sentido de las decembrinas celebraciones. ¡Nadie iba a seguirlo!, las cosas que hacen creer al ser humano que lo es, además del sexo y el dinero, son las evasiones de su propio ser. Como lo he dicho, las fiestas son la pantalla perfecta para decir que se está feliz, acompañado de música tierna, rodeado de amigos, cuando en otras circunstancias, otras en donde no haya comida gratis, nadie, absolutamente nadie te conoce.

Yo llamé a la editorial para solicitar el número celular de tan imberbe redactor, quería más que felicitarlo, agradecerle por hacerme pensar en que leer nunca ha sido bueno, uno se llena de información innecesaria, la cual al paso del tiempo a nadie le importa. Vas al mercado no se habla de la magnanimidad del hombre, vas a casa de familias, ninguna se interesa por temas trascendentales, las parejas, sólo piensan en pasarla bien, y pensar no es una alternativa.

En fin, yo marqué el número proporcionado, me contestó una voz sensual, femenina, cautivadora. Pregunté si hablaba con quien elaboró ese panfleto de la “astenia navideña”. Digo que no, colgó la llamada. Pero un día antes del 24 de diciembre, una imagen de mi casa con el mensaje: ¡dichosa astenia navideña!, llegó a mi celular, era ella. Siempre estuvo vigilándome, yo he sido su inspiración.

La astenia, como lo leemos en la narración que se presentó es una suerte de desánimo, circunstancias propias o ajenas que de alguna manera mellan uno u otro asunto. La astenia, es entonces un síntoma, que pude hospedarse en nosotros para siempre, o sólo por el tiempo en que permitamos tal visita. Astenia, la considero una palabra en desuso, o quizás un arcaísmo, poco la he oído en pláticas, y un poquito más en algunos textos especializados. Me mantengo en la afirmación en comprender que hay algunas palabras que se han estancado en un léxico, no quieren salir, ellas no desean ser vistas, ni dichas, existen como gemino, como aullido de perro.

Ese es el caso de astenia, una voz emanada de la lengua helénica, o más aún, de la idiosincrasia griega: ασθενεια (asthenia> astenia: debilidad). Como es de obviarse, aunque su valor fonético es casi imperceptible, es un adjetivo poderoso. Ideas como: asténico, neurastenia, psicastenia, son compuestos que se aferran a la debilidad, a esa palabra fuerte por antonomasia, débil por definición. La astenia viéndola así, la astenia es la humanidad.