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Astillero: Tamaulipas, a días de los comicios

Astillero, Pacto por México
  • Álan Pulido, bajo lupa mundial
  • Secuestros y levantones cotidianos
  • 2010: candidato priista asesinado

En esencia, fue algo parecido a lo que a diario sucede en Tamaulipas y en una amplia porción del país. Hombres armados que interceptan un vehículo y secuestran a uno, unos o todos los pasajeros. Si lo hacen para conseguir dinero a cambio o a costa de la vida de los rehenes se suele mantener el vocablo “secuestro”. Una modalidad registrada por el Diccionario de Americanismos (elaborado éste con la participación de las veintidós academias de la lengua española) es el mexicanismo del “levantón”, definido como un “secuestro cuya intención es diferente a la de pedir rescate económico”. La jerga suele ser más precisa y asume los levantones como la toma de personas para su tortura o ejecución, usualmente por razones operativas relacionadas con el Crimen Organizado (CO).

Secuestros y levantones son la cotidianidad mexicana, cada vez con más resoluciones mortales. También lo es la generalizada colusión con el CO de funcionarios y oficinas que deben atender las denuncias correspondientes, iniciar las investigaciones e intentar el rescate con vida de los sustraídos. Con frecuencia los agentes policiacos encargados de las primeras diligencias son identificados posteriormente como informantes, protectores y sirvientes del citado CO e incluso como ejecutantes directos de esos actos delictivos. La pirámide burocrática de la “procuración” de justicia es irremontable para los denunciantes comunes y corrientes, entrampados dolorosamente en prácticas que retardan las búsquedas e incluso terminan sirviendo para que los policías coludidos saquen dinero a los denunciantes y para que compartan información relevante con los secuestradores, sus socios (cuando al desaparecido se le etiqueta como “levantado” la situación es peor, pues los gobiernos actúan bajo consigna de no atender de verdad esas denuncias, con el pretexto de que las víctimas parecieran estar relacionadas en cualquier modalidad con el CO).

El secuestro del joven futbolista mexicano Álan Pulido Izaguirre ha puesto los ojos del mundo (no solo el deportivo) en Tamaulipas. Es injusto que tal atención haya sido producida por uno solo de los miles de casos que acontecen en México y sobre todo en ciertas entidades del país, pero tal es la implacable lógica general del periodismo en el mundo, que por naturaleza vuela de noticia en noticia, seleccionando las flores más vistosas o más oscuras para extraer los contenidos llamativos que durarán en las marquesinas mediáticas en tanto otros aromas le llevan a buscar “contenidos” en distintos escenarios.

El delantero Pulido Izaguirre nació el 8 de marzo de 1991 en Ciudad Victoria, la misma capital tamaulipeca donde pasaba unos días de descanso, exitoso jugador internacional cuyo club actual es el Olympiacos, de Grecia. Se había iniciado con los Tigres de la Universidad Autónoma de Nuevo León y, en uno de tantos incidentes contractuales que se dan en el mafioso futbol profesional mexicano, acabó condenado a no volver a la selección mexicana, a pesar de su calidad deportiva (es otro asunto, pero ha de mencionarse de pasada que los directivos de ese futbol amafiado acaban de aprobar una regla que permitirá, en extremo, que en los siguientes torneos pueda haber en la cancha, por equipo, solo un jugador nacido en México y diez sean extranjeros y naturalizados; cierto que los naturalizados son mexicanos a plenitud y muy lejos estaría esta columna de promover actitudes discriminatorias, pero este caso es un asunto tramposo, de negocio e incluso lavado de dinero).

La desaparición del joven futbolista se produjo a ocho días de que haya elecciones en Tamaulipas, donde el Crimen Organizado ejerce poderes conforme a las zonas que mantiene bajo control cada uno de los cárteles locales, con los gobernadores en turno como meros administradores o gerentes del gran negocio, beneficiados ellos y sus camarillas y, a la vez, benefactores económicos de campañas, candidaturas y gobiernos nacionales que permitan la continuidad del esquema narcopolítico. En esta ocasión ha sido más evidente la intervención de esos poderes criminales que, confrontados entre sí, han ofrecido respaldo a uno u otro de los principales candidatos a relevar al maniquí puesto seis años atrás, Egidio Torre Cantú.

Dicho gobernador formal llegó al poder porque a su hermano, Rodolfo, lo asesinaron (junto a cuatro colaboradores) justamente seis días antes de las elecciones, cuando iba al aeropuerto de Ciudad Victoria para volar a Matamoros, a uno de sus actos finales de campaña. El priista, enfilado inequívocamente a ganar los comicios conforme a los usos y costumbres del tricolor que nunca ha sido desposeído allí la máxima silla estatal, no fue secuestrado ni levantado, sino ejecutado con una rapidez y precisión que siempre hizo levantar los ojos a las alturas, y no específicamente a las relacionadas con lo religioso (pasaron 43 segundos de que la camioneta del priista fue detenida a que el convoy de los asesinos reanudara su marcha). Era lunes y con rapidez comenzó a filtrarse desde la capital del país la versión de que los comicios del domingo en puerta deberían cancelarse y nombrar a un mandatario interino. Exgobernadores y gobernador en turno cerraron filas y nombraron candidato sustituto al débil y manipulable Egidio, hermano del difunto, temerosos de que Los Pinos, a cargo de Felipe Calderón, pretendiera impedir seis años más de continuidad priista en Tamaulipas.

En esta ocasión, la hegemonía priista está amenazada por la irrupción de un candidato panista igualmente cuestionable, Francisco García Cabeza de Vaca, a quien ha ayudado el hartazgo tamaulipeco contra la mafiosidad de tres colores. Manlio Fabio Beltrones, dirigente nacional del PRI, ha enderezado una campaña fuerte contra el panista, buscando reposicionar a Baltazar Hinojosa Ochoa, enviado directamente por Los Pinos. Aunque tenga un móvil ajeno a las circunstancias políticas, ¿qué impacto tendrá el secuestro del futbolista Pulido en el desenlace electoral del pesado Tamaulipas? ¡Hasta mañana!

Julio Hernández López
Julio Hernández López
Autor de la columna Astillero, en La Jornada; director de La Jornada San Luis.