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Astillero: Políticos (altamente) contaminantes

Astillero, Pacto por México
  • Fracaso ambiental y especulaciones
  • EPN: elogio de la disculpa
  • Fox, grotesco ante Trump

La persistencia de las condiciones nocivas en el aire metropolitano, a pesar de la continua imposición de restrictivas medidas circulatorias al doble, de manera natural coloca bajo el escrutinio ciudadano la pertinencia y efectividad de estas medidas. La evidencia de que no disminuyen sensiblemente los niveles de contaminación ambiental, a pesar de que se ha quedado estacionado un alto porcentaje de la planta vehicular de la Ciudad de México y municipios conurbados, hace preguntarse si las autoridades están tomando decisiones correctas y suficientes.

El sacrificio colectivo que han hecho los autonautas de las chilangopistas (perdón, Cortázar) no parece proporcional al que pudieran realizar los (siempre evasivos) grandes industriales de la zona conurbada, ni la clase política federal y regional que ha buscado formas tramposas de eximirse de los rigores del caso o de lucirse en apariencias ciclistas o de transporte multitudinario.

La sabida y bien ganada desconfianza ciudadana respecto a sus autoridades ha hecho prosperar dudas, especulaciones y acusaciones que van desde suponer grandes negocios por venir, entre políticos y empresarios relacionados con el ramo automotor, que el cargar el acento en la posibilidad de que la preapocalíptica multiplicación de los gases se deba a la importación de gasolinas baratas, vendidas al público a precios exagerados, que hubieran sido elaboradas con mezclas productoras de profusiones tóxicas como las que de pronto se han vivido en la capital del país y en otras ciudades (en noviembre de 2007, Juan Camilo Mouriño, entonces jefe de la Oficina de la Presidencia de la República, aseguró que “parte de la gasolina que consumen los automovilistas en la Ciudad de México se refina en China”: http://goo.gl/colsjv).

La distancia virtualmente insalvable entre decisiones, mediciones y expectativas de las autoridades y las percepciones y evaluaciones prácticas de segmentos ciudadanos hace que, por ejemplo, se desconfíe de los anuncios “positivos” que entre la cuasi catástrofe suelen hacerse desde las oficinas de los gobiernos federal y capitalino. Memorable fue la ocasión, el pasado 17 de abril, en que el gobernador del Estado de México, Eruviel Ávila; el secretario federal del medio ambiente, Rafael Pacchiano y el gobernante de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera, anunciaron que la Comisión Ambiental de la Megalópolis (Came) levantaba la contingencia ambiental de tres días, la primera en catorce años, con un tufo a arreglo político más que a dictaminación veraz.

Este miércoles, por ejemplo, se dijo que la capital del país estuvo a punto de llegar a los 200 puntos Imeca que habrían obligado a declarar la contingencia en fase II (sólo se llegó a 192 de esos puntos, aunque la calidad del aire fue “extremadamente mala” en las zonas más afectadas). Ayer, por otra parte, se levantó la fase 1 de la contingencia ambiental, sin que haya en los ciudadanos una confirmación sensorial de un progreso tal. ¿Estarán cuchareadas esas “encuestas” técnicas y las consecuentes decisiones? (evocación de tal uso dubitativo-acusatorio del instrumento cóncavo de ayuda en el comer, con cargo al moreno político opositor que ha producido terminología de oportunidad que ni Obama la tiene).

Con Mancera más dedicado a valorar sus posibilidades como eventual candidato presidencial “independiente” en 2018 y Eruviel Ávila volcado en la búsqueda de la postulación priista que diera continuidad al dominio mexiquense en Los Pinos, la asfixia comunal pareciera tema secundario. Igual pérdida de esperanza genera el secretario federal del medio ambiente, Rafael Pacchiano Alamán, quien entró a la política por el flanco del negociante partido “Verde” desde la gerencia de desarrollo de marca de la BMW en México, hasta llegar a secretario en el equipo peñista donde su esposa, Alejandra Lagunes (exdirectora comercial de Televisa Interactive Media) es coordinadora nacional de estrategia digital, con peñabots incluidos.

La muy peculiar y oportuna difusión del video de la tortura de militares y policías federales a una mujer en Ajuchitlán del Progreso, Guerrero, dio paso a una insólita disculpa pública por parte del general Salvador Cienfuegos, titular de la Secretaría de la Defensa Nacional, y a la develación de que dicho caso había sido procesado con rapidez por los mandos militares correspondientes. Ayer, Enrique Peña Nieto elogió la actitud del máximo jefe operativo de las fuerzas armadas. Tales disculpas, dedujo el ocupante de Los Pinos, muestran la integridad y moralidad del Ejército mexicano y que en éste “prevalece” la “cultura a favor de derechos humanos”. Cadenciosa sucesión de hechos. Las armas mexicanas se disculpan por un caso (Ajuchitlán), pero no por otros (más de 43) que así son descalificados.

No hay razones para solicitarle decoro político a Vicente Fox. Rozando lo grotesco ha ido acuchillando la figura original de bronco opositor (¡otro!) en lucha por mejorar la situación de los mexicanos, en un trayecto cínico en el que ha conseguido dar prosperidad a sus propias chequeras individuales, conyugales y familiares. Con un sentido de homeopatía internacional, se presentó desde meses atrás como contraparte igualmente desbocada frente al empresario Donald Trump, acusando el cacique guanajuatense al precandidato inmobiliario de defectos y excesos de los que el propio Fox puede dar dictámenes por experiencia propia. Apenas ha quedado solo aquel con la virtual candidatura republicana, el esposo de la señora Martha le ha expresado disculpas por la verborrea disparada y disparatada e incluso le ha invitado a conocer México (¿y a ir al Centro Fox, emblema de tráfico de influencias?). Vicente se acomoda a las circunstancias estadunidenses como antes lo hizo al promover la candidatura de EPN para que el PRI regresara a la casa presidencial. Todo sea por los negocios.

Y, mientras el PRD dice que ¿celebra? sus 27 años de vida, ¡hasta el próximo lunes!

Julio Hernández López
Julio Hernández López
Autor de la columna Astillero, en La Jornada; director de La Jornada San Luis.