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Astillero: Rescatando a Pulido

Astillero, Pacto por México
  • Desenlace atípico
  • Priismo, beneficiado
  • Barajeo en Televisa

Muchos mexicanos conocieron al actual gobernador de Tamaulipas hace apenas unas horas, a menos de una semana de que se elija a su relevo. Siempre blindado, elusivo, virtualmente ajeno a los planos nacionales, confinados sus propósitos mediáticos a lo local, Egidio Torre Cantú fue el verdadero aparecido en el escenario correspondiente a la autoliberación del futbolista Alan Pulido. Tachado por lo menos de omiso ante la entronización de los cárteles en la entidad, figura decorativa equiparable a una subgerencia modesta, el pasivo Torre Cantú ha visto pasar durante casi un sexenio, sin mover siquiera una de sus pobladas cejas, la historia de horrores cometidos por el Crimen Organizado, entre sus vertientes y contra la población (comenzando por el asesinato de su hermano Rodolfo, a seis días de las elecciones de 2010, tragedia ejecutada por un comando de alta precisión asesina, de todo lo cual Egidio no logró avanzar ni un milímetro en el esclarecimiento y castigo).

De pronto, sin embargo, el gobernador priista de un estado siempre gobernado por el PRI, que está en desesperada guerra sucia contra otro miembro del elenco oscuro norteño, el panista Francisco García Cabeza de Vaca, apareció como personaje justiciero en la historia que en las redes sociales ayer mismo comenzó a mencionarse con reminiscencia cinematográfica como “Rescatando a Pulido”. La fuerza policiaca tamaulipeca, que una gran parte de los habitantes de la entidad consideran absolutamente penetrada por el CO y marcialmente puesta al servicio de éste, había realizado el cuasi rescate del deportista internacional. El procurador estatal de justicia explicaría que sus agentes ya rondaban la casa donde Pulido había roto el vidrio de una ventana buscando salir. Virtualmente era un éxito de la policía tamaulipeca, coordinada con la federal y el Ejército. Por ello se concedía al priista Torre Cantú el infrecuente privilegio de ser la figura central de las primeras estampas de Pulido en libertad, y no los mandos federales y militares. Caray, la policía estatal sí puede liberar a secuestrados, hay lugar para la esperanza, ¡sí se puede!

La hazaña de autoliberación de Pulido también es excepcional. Tamaulipas es líder nacional en secuestros y hay miles de familias en espera de algún dato que indique que los desaparecidos siguen con vida. La mayoría de esos familiares han vivido situaciones traumáticas al escuchar telefónicamente a los delincuentes torturar a las víctimas, cercenarlas e incluso violarlas, como método salvaje para apresurar pagos. Muchos han muerto aunque se hubiera pagado el rescate. Al inhumano dolor causado por los mafiosos explícitos se suma la confirmación de que el aparato gubernamental que debería atender y proteger a esos familiares y a esas víctimas está organizado para retardar burocráticamente todo trámite, comenzando con el del propio inicio de la búsqueda, cómplices de los cárteles muchos policías, agentes del ministerio público, funcionarios gubernamentales y políticos con poder, beneficiarios económicos de los botines.

Sería injusto dudar de la versión que ha dado el joven Pulido, así fuera porque sus horizontes internacionales parecieran eximirlo de las turbias componendas que sistemáticamente impone la realidad mexicana a quienes no tienen más opción. Los ingredientes del relato chocan con la percepción largamente construida entre tamaulipecos y mexicanos, pues no suele suceder que los bárbaros secuestradores permitan mínimas posibilidades de escape (vendar sus ojos, amarrarlos y a veces encadenarlos, y advertirles a golpes iniciales de lo que les pasaría si ven a los ojos a los captores o si intentan huir, son el abecé de esos infiernos). Pulido, en cambio, pudo enfrentar a uno de ellos, golpearlo, quitarle la pistola y un celular, hacer una llamada al 066 (número de auxilio que no se distingue por su rapidez y contundencia), dar la dirección donde le retenían, romper el vidrio de una ventana porque la puerta principal estaba con llave y toparse (esto, según la versión del equipo del gobernador), con los policías y soldados que ya estaban a punto de rescatarlo.

Pero también sería injusto pretender el olvido de que la maquinaria política y gubernamental de México ha desarrollado una especie de industria de la simulación y la fabulación, que ha pasado por los casos de la francesa Florence Cassez y del entrenador argentino Rubén Omar Romano, en ambos casos con montajes preparados por el máximo jefe policiaco en turno, Genaro García Luna, para acomodar la difusión de los hechos a guiones a conveniencia de las autoridades. En este sexenio ha habido ficción oficial en torno a un incendio en oficinas de Pemex y, convertida en escándalo internacional, en el caso de la “verdad histórica” respecto a los normalistas de Ayotzinapa.

A fin de cuentas, las 24 horas del futbolista secuestrado han servido para que reaparezca el gobernador priista Torre Cantú, para que se “desmarque” el candidato priista Baltazar Hinojosa (quien demandó rápidas investigaciones y anunció que en su eventual mandato combatirá a fondo los secuestros y demás catálogo criminal conexo) y para que el denso exgobernador Manuel Cavazos Lerma, salinista que actualmente es senador, enderece acusaciones contra el panista García Cabeza de Vaca por una presunta colusión en el plagio del futbolista Pulido.

Astillas: A fin de cuentas, y al menos en el aspecto de nombres y expectativas, Televisa movió sus piezas sobre el tablero pero terminó confirmando más o menos el mismo juego, ahora con la investigadora Denise Maerker en el noticiero nocturno pero solo con media hora disponible y con Carlos Loret de Mola en la mañana (http://goo.gl/fZ92Kc ). Habrá de verse si hay algo más que un nuevo barajeo efectista… Y, mientras en el Senado sigue el enredo que a fin de cuentas tiene entrampadas las nuevas leyes contra la corrupción, ¡hasta mañana, con el PRI en rol de víctima en Puebla, dispuesto a la resistencia civil ante morenovallistas elecciones “tramposas”!

Julio Hernández López
Julio Hernández López
Autor de la columna Astillero, en La Jornada; director de La Jornada San Luis.