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Bien parada

Luis Ricardo Guerrero Romero

Para algunos habitantes de la parte sur de ese país al cual mis padres me llevaron cuando apenas tenía siete años, era indispensable estar bien parado. No era cosa de broma estar en una posición incorrecta, todos los adultos te daban una palmada sobre la espalda si tu postura era incorrecta, a veces, resultó ser molesta tanta insistencia. La costumbre era la ley, la ley una forma de vida. Sin duda eran personas muy altas, o al menos eso quiero recordar. Pero lo que más recuerdo es su comida, el platillo tradicional, como aquí unos tacos; allá era una rara combinación de vegetales exóticos, me refiero a un agua de abiu, ensalada con sassafras, gnemon de gnetum, haba tonka, y baya del saúco, con una porción de proteína ayam cemani. Desde luego, como todo buen lugar donde la exigencia para comer es insoslayable no puede faltar un rico postre, y en ese sitio de “los bien parados” el platillo al final era el refrescante y dulce: ais kacang.

Terminar con toda esa comida en una posición firme era sin duda un reto, los sabores no se terminaban, pero la incomodidad tampoco cedía. Según los originarios de ese lugar, así se debía de comer, porque así es la experiencia de vida, es decir, que vivir es un deleite, pero no hay que acostumbrarse a saborear todo con todas las comodidades. Entonces solicitar comer lo tradicional de aquellos lares era una experiencia de aprendizaje, y no sólo comer rápido sin buscar la nutrición. Pues podríamos pensar que, ir a los tacos y estar en una posición de firmes sea una experiencia semejante a la de aquel territorio, pero no, pues mientras aquí deseamos un lugar de rapidez y rico, allá se ingiere un modo de ver la vida y con toda seguridad de que no se llenará el estómago, sino que, se nutrirá el cuerpo y los valores humanos.

Obviamente, si el lector es osado, habrá dado cuenta de que, los platillos ya descritos mesuradamente son prácticamente imposibles de juntar, pues cada ingrediente perece a regiones algo alejadas, y además de que nunca se dice el nombre de ese hipotético territorio sureño. Pues la intención evidente del narrador no es “hacernos agua la boca”, sino el espíritu. Como nos dimos cuenta en el lugar de “los bien parados” hay aprendizaje en el comer, en el vivir. Pero cómo decir lo parado, pues parado está un muro y no avanza, parar es detenerse, pero estar parado, es ser firme.

Según las fuentes lingüísticas persas la voz parah¸ generó la idea de suspensión, en el latín es la palabra par-o, as; par-avi, par-atum; como se forma esta voz de parar. Aunque otras muchas palabras se desprenden de las indicadas raíces: parecer, amparar, deparar, preparar, separar, aparear. Todas esas y más conservan la idea de suspensión, orden, disposición. Pararse es quedarse en quieto, suspensión. Incluso al decir un par, se habla de un orden que hay entre dos objetos idénticos. Hay además fenómenos de epéntesis que dan origen a otras voces como lo es: prado, que sucede al cambiar el orden de una constante o sonido que se aumentó: parado por prado y pradera, pues un prado es un terreno en suspenso.