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Luis Ricardo Guerrero Romero

Ben habló con voz de campana para exhortar a sus invitados a no dejar nada sobre la mesa, y cunado él indicó nada, era realmente nada. De gustos excéntricos, raras ocurrencias, insolentes tonterías, y con una herencia para derrochar sin tener que rendir cuentas a nadie. Por eso esa mañana reinó el desorden en su comedor acondicionado para desahogarse de todos sus vicios.

Era de esperar que algo saliera mal en aquella mañana, la mañana en que Ben perdió la vida, pues al estar finalizando ese banquete matutino entre los platos voladores, cuchillos como aventureros dardos improvisados por los comensales, risas y mucho pero mucho beleño en la sangre de los asistentes, un mal bocado atragantó las vías respiratorias de nuestro anfitrión. De todos los que estuvieron allá reunidos, hubo quien tomó un librillo desojado, para leer un verso: “Era Acis un venablo de Cupido”, dijo aquel quien cortando el cuello de Ben realizó una traqueotomía casera, e invocando a Luis de Góngora como su santo patrono terminó con la esperanza de vida a los 25 años del loco y afortunado Ben.

Las comidas mezcladas con beleño no parecen ser la mejor opción para una comida matinal, y mucho menos son la mejor alternativa para un joven imprudente con una millonada bajo el brazo. Quizá Acis sabiendo que Galatea lo pretendía hubiera sido mejor anfitrión en la descrita comida, aun con tanto beleño en la sangre.

Pero no hablaremos ya de Ben, ni de beleño, sino del venablo. Sustantivo que puede ser uno de los tantos arcaísmos que me parecen más finos y elegantes. Inclusive al enunciarlo parece lanzarse de nuestros labios con ligereza y maestría. A diferencia de otros como dardo, que suena fuerte, impactante, lanza, al oído parece ser imperativo su pronunciación, bayoneta, ni se diga, sugiere sangre y guerra. Venablo es diferente, es tan suave al decirlo, pero tan exacto, cual incisión quirúrgica. Antiquísimo como el laurel que lo diseña, esta palabra es una herencia del latín: venabulum, fonéticamente casi invariable venabulom> venablo. Hay quienes asocian la voz a una raíz anterior: vena o veta. Quizá por el parecido de esta arma blanca, que, en el medievo se estilaba con mayor elegancia. Aunque matar o matarse nunca ha sido calificado como un ejercicio de elegancia. O tal vez los de la tauromaquia sí lo ven así, o los feminicidas, o los demás que usan venablos en su palabra.

l.ricardogromero@gmail.com