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Federico Anaya Gallardo

Te decía, lectora, que los campesinos eslavos que huyeron de la invasión mongola hacia el noreste boscoso en el siglo XIII serían alcanzados por los príncipes-guerreros rusos tres siglos más tarde. Pero este proceso fue lento, una colonización campesina gradual. De nuevo, sigo a Joseph L. Wieczynski. Los campesinos que huían del sur kievano primero ocuparon tierras en los bosques norteños propiedad de los príncipes rusos sobrevivientes. El primer siglo de esta colonización, en el área en que nació Moscú, fue de relativa paz. Los mongoles no atacaban pues los príncipes herederos de Nevski les eran leales.

Aparte, las cosechas fueron buenas y la caza-recolección también –al menos al principio. Pero bajo la tierra feraz estaba la semilla de la servidumbre. La trampa de los príncipes era que los centros urbanos alrededor de los cuales se asentaron los campesinos migrantes no eran ni pueblos ni ciudades, sino guarniciones: Острог (ostrog, “isla”). Eran equivalentes a los presidios de la colonización hispana del Norte de México, pero sin una Corona que las regulase o administrase desde lejos (ni desde cerca). Al principio, la poca tierra abierta en los espesos bosques había sido ganada por el señor del ostrog y éste, al ver llegar a los migrantes, los atraía prometiéndoles su uso a cambio de que ganasen más parcelas a la selva fría. A cambio, esos campesinos debieron pagar impuestos –lo que permitía a los príncipes enriquecerse y pagar los tributos a los kanatos mongoles.

Estos pequeños príncipes entendían la necesidad de contar con trabajadores agrícolas pero también que era importante mantener la propiedad personal sobre las tierras que “generosamente” dejaban ocupar a los campesinos inmigrantes. ¿Entendían esto así, como propiedad privada? (Pregunta para juristas rusos e historiadores del Derecho ruso.) Esos príncipes son el Estado zarista en formación y su concepción de la tenencia de la tierra dará origen a la servidumbre rusa.

En este punto, Wieczynski nos explica qué distinguió a Moscú de otros presidios de esa Rusia de los bosques. Ese ostrog tenía poca tierra buena. La fauna regional se agotó luego de la primera oleada de colonización y el comercio en el Río Moscova era menor. Por tanto, sus príncipes debieron prosperar vía la conquista militar. Ello implicaba contratar guerreros y darles premios (botín y tierras) luego de vencer a un ostrog vecino. Y la ventaja era que las tierras conquistadas no requerían campesinos porque ya tenían su dotación.

La expansión militar llevó también a una colonización más organizada. Los campesinos que no desearan quedarse en las tierras de un noble absorbido por Moscú podían emigrar hacia el Este –adonde las expediciones de los príncipes moscovitas abrieron una nueva frontera agrícola. (De hecho, la posibilidad de “cambiar de príncipe” fue un derecho reconocido a los campesinos hasta finales del siglo XVI.) Algunos de estos colonos forjaron espacios políticos más horizontales al Este de Moscú. El caso más claro es la ciudad de Viatka (Вятка) hoy Kirov (Киров). (El nuevo nombre y su permanencia son interesantes.) Allí el poder lo tenía una asamblea. Por dos siglos los de Viatka mantuvieron su independencia jugando como buffer State entre Moscovia y los kanatos mongoles. A veces sí y a veces no, Viatka apoyaba a los moscovitas en sus campañas contra los tártaros. Pero cuando Iván el Terrible conquistó Kazán, Moscú absorbió a la república de Viatka.

Los señores de Moscú ya no se conformaban, en esos días, con el título de príncipe dado por los kanes. Tampoco con el más europeo de “gran duque”. Iván III (1440-1505) se autonombró El Grande, entre otras cosas, porque se había casado con Zoé Paleóloga, nieta del último emperador bizantino. Con Zoé llegó el águila bicéfala bizantina a Moscú (y allí sigue, en el escudo de la actual Federación Rusa). Medio siglo más tarde, Iván IV, el Terrible, fue coronado como César (Zar). El zarato moscovita promovió la colonización rusa al Este, Sureste y Noreste. Aparte, inicia la política de вывод (vyvod, “retiro”, exilio) mandando a los prisioneros de guerra (germánicos) que hizo en sus guerras en el Báltico a las tierras conquistadas a los kanatos. El Estado moscovita aprovecha así mano de obra capturada en una región para poblar otra región –un mecanismo que sublima perversamente la costumbre de los pueblos nómadas de absorber al enemigo y anuncia lo que se convertiría en una costumbre zarista y soviética.

Pero el Estado moscovita aún no era la URSS. Los campesinos migrantes y aún los prisioneros deportados gozan, en sus puertos de destino, de libertades que no tendrían en las ciudades centrales. Aparte, la expansión política, las guerras y la migración crean una sociedad movediza que el naciente Estado sólo sueña controlar. Los pueblos migrantes son mestizos por naturaleza. Una parte del campesinado migrante adoptó las costumbres de los nómadas. El campesinado que huye y coloniza también se organiza en bandas de cosacos. Wiezcynski encontró que un famoso atamán (атаман, líder) de los Cosacos del Volga se llamaba Katorzhnyi, y que probablemente derivaba su nombre de la palabra katorga que en turco significaba esclavo de galeras. Acaso era un galeote huido. Las fronteras de colonización están llenas de personajes como éste.

Aquí aparece la idea de una estepa cosaca libre, habitada por comunidades de hermanos-en-armas, respetuosos de los orígenes diversos y flexibles dentro de un marco más o menos multi-cultural. Esta imagen seguía existiendo en la era de Máximo Gorki: en 1892, su primer cuento, Makar Chudra (Макар Чудра) relata la vida de una hermandad cosaca de este tipo.

¿Es lo cosaco una representación general válida de lo ruso? La primera película rusa, Stenka Razin (Vladimir Romashkov, 1908) recupera y romantiza al líder de los Cosacos del Don que se levantó contra la burocracia zarista a finales del siglo XVII. En el siglo XVIII Catalina II manipuló a los cosacos zaporogos al norte de Crimea para expulsar a los otomanos de la costa norte del Mar Negro –y luego los deportó a otra parte. Luego los Romanov usaron cosacos como parte de su maquinaria de represión, y el último Zar posaba con uniforme cosaco para reafirmar un nacionalismo popular controlado por la Corona.

Las movedizas sociedades eslavas de hace cuatro siglos eran fluidas y caóticas. Hacia 1645, Moscú re-localizó forzosamente a unas ocho mil familias campesinas a Siberia. Esas familias eran siervos. Pero cuando llegaron a su destino, allí ya había 70 mil varones que habían llegado solos en una colonización semi-espontánea de la Frontier rusa. Wiezcynski calcula que un tercio de la población rusa en la Siberia de fines del siglo XVII eran “solovinos”. De hecho, se les llamaba гулящие люди (guliashchie liudi, gente caminando). Habían escapado de sus príncipes-terratenientes y cruzado los Urales hacia el Este. Este fenómeno de masas nómadas se verá más adelante, en la Guerra Civil de rojos contra blancos (1918-1921) y durante la industrialización de los 1930.

De 1600 a 1800, el Este ruso era un área de experimentación. Los zares jugaron a veces con la carta cosaca y en algunos lugares se establecieron formas de auto-gobierno democrático, cara-a-cara, como los круги (krugui, círculos). Una de las amenazas usuales de esas tropas semi-rebeldes era que si sus demandas no se aceptaban en Moscú, ellos formarían una república por sí mismos en algún rincón remoto de la vasta Siberia. (En el siglo XX, muchos proclamaron así sus repúblicas, fuesen blancas o rojas.) Otra carta del zarismo era empoderar a comerciantes individuales, llamados промышленники (promyshlenniki, industriales) que podían cobrar el impuesto imperial (yasak) a nombre de los gobernadores rusos y a quienes se autorizaba la organización de bandas armadas. Una nueva nobleza militar para controlar la sociedad movediza de los campesinos guliashchie liudi.

La flexibilidad siberiana se alimentó también de continuas oleadas de disidentes. En tiempos de Catalina la Grande legaron allí los skoptsy (скопцы, castrados, eunucos), una secta de radicales ortodoxos; quienes para 1860 habían creado una eficiente comunidad rural en el área de Yakust. Entre los colonos había también Viejos Creyentes (opositores a las reformas religiosas de los zares). Los anarquistas cristianos conocidos como Dujobori (Духоборцы, Los que luchan con el Espíritu) originarios de Ucrania, llegaron a la región de Yakust a fines del siglo XIX, para luego irse a Canadá –ayudados por León Tolstoi.

Wieczynski nos explica que los defensores de la autocracia moscovita suelen presentarla como una buena alternativa frente a la licencia, barbarie y falta de ley de la vida cosaca o de las utopías cristianas radicales. Algo parecido hicieron los burócratas estalinistas. Paradójicamente, la industrialización y colectivización forzadas entre 1928 y 1941 generaron caos. La población flotante llegó a millones y los gerentes de las nuevas ciudades industriales competían entre ellos para obtener la mano de obra para sus nuevas factorías. La constante movilización estalinista generaba expectativas en las bases del partido y presiones desde abajo que no necesariamente eran domesticables desde arriba: había estajanovistas que pugnaban por romper sus propios récords de producción, pero también algún comité del partido, perdido en las montañas, que organizaba sesiones espiritistas para consultar a los difuntos Marx, Engels y Lenin qué hacer para aplicar las directivas del Comité Central.

Hoy podemos ver un eco de esto mismo en la justificación pragmática del régimen de Putin –pero la realidad es más compleja. Cierro con un apunte de geografía política: la Rusia Soviética (1917-1991) y la Rusia Republicana (1991-2022) resolvieron el problema de la complejidad interna (de su sociedad movediza) a través de un régimen federal. Hoy, la Federación Rusa está compuesta por 85 entidades federativas con diversos grados de autonomía. Este detalle es importante para entender los temores de Moscú en el juego geopolítico contra Ucrania y la OTAN.

agallardof@hotmail.com