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Luis Ricardo Guerrero Romero

Habrá oído aquel sujeto de ecuánime temple las pláticas continuas de la mujer que ama, la que ahora llevará un suicidio asistido. Aunque sin la anuencia de su conciencia, el hombre imparcial ante el mundo luego de ser por 13 años una carga para su familia hoy le han decidido su muerte. Pocas personas atienden a la fortuna de saber cómo y cuándo habrán de morir. Éste lo supo. Mientras el hombre se arrastraba del sofá a la cama el preludio de su muerte comenzaba a sonar. ¿Quiénes o quién habrán convencido a su esposa para cesar la existencia de su ser?, ¿por qué la promesa del cuidado perpetuo encontró esa tarde la vigencia inesperada? Era el inicio de la crisis, era el principio de una sentencia sin juez y sin voz, era la cicuta en una gotera que desde el techo de su habitación ¡cloc!, desde las fibras de su alma ¡clac! Imitación desafinada de un reloj de arena que retaba al reloj de sol.

¡He de morir aún con mi sangre caliente, todavía sintiéndome, todavía queriéndome, todavía… he de morir! Este era el eco o quizás su miedo al haber oído esa conversación letal entre su mujer y alguien, alguien que no lo quería más. Azotado por el futuro, pues tal suerte es el camino de la crisis, tomó su celular, envío tres notas de voz en uno de los siete idiomas que dominaba y con la fuerza imperiosa del orgullo humano habló a su mujer para solicitarle un favor mientras fingía no haberla escuchado. Con el poder del aliento, le susurró un te quiero, y con el poder de la crisis le escupió al oído un alfiler. Fue el inequívoco final de ella, ya que cuando la crisis asecha a la ecuanimidad del hombre casi todo puede ocurrir, casi mucho concurre a la vez.

Crisis sin crisis, era la forma de vida que el enfermo y discapacitado del relato anterior vivió, sin dudas las crisis por pequeñas que parezcan nos enferman, y al ser crisis de volúmenes mayúsculos se posesionan de nuestra persona. No obstante, como dicta la pléyade hay dos tipos de crisis en general: la humana-individual; y la histórica. Claro está sin descartar el sentido coloquial que se da a la crisis en una enfermedad o en un periodo fluctuante en la economía. Ferrater Mora menciona: “la filosofía [sería] la hiperconciencia de las crisis históricas”. Tiene razón, sin conciencia no habrá crisis alguna.

Este sustantivo que nos pone comúnmente de nervios tiene que ver con la consciencia y el carácter. La voz helénica κρισις (crisis) originalmente se entiende como: separación, distinción, disentimiento, o hasta interpretación de un sueño. Luego se fue concibiendo como aquel momento decisivo ya en los negocios, ya en la enfermedad.

Decir crisis económica es un ejercicio de conciencia, pero la conciencia nos lleva a la resolución. Por lo cual me pregunto: ¿habrá una toma de conciencia al hacer marchas por las avenidas, ya sea en automóviles o a pie? Los operadores, obreros, el grueso de la población continuamente tienen crisis económicas, y lo que se hace es trabajar, en lo que sea y como sea, pero trabajar. Crisis es el despertar de la conciencia, crisis también es proceso, es según los antiguos la interpretación de un sueño.

l.ricardogromero@gmail.com