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¿Cuentas claras o componendas pactadas?

Carlos López Torres

El anuncio hecho por la Auditoría Superior del Estado (ASE) de que han sido puestas a disposición de la Comisión de Vigilancia del Congreso local las auditorías practicadas a las cuentas públicas de los 58 ayuntamientos de igual número de demarcaciones municipales, así como las relativas a los organismos descentralizados, ha despertado una serie de comentarios diversos, especialmente de los integrantes de la clase política local, particularmente de algunos diputados que afirman que no tiene sustento cierto comentario sobre una posible negociación entre el Poder Legislativo y el Ejecutivo, a propósito de dichas cuentas, especialmente la relativa a la administración del innombrable ex gobernador Fernando Toranzo.

Ya en otra colaboración hacíamos patente nuestro convencimiento de que la tradicional práctica del viejo refrán popular que reza: para las muchas leyes, las muchas muelles, era algo consustancial al no menos arcaico sistema político mexicano, exhibido por su opacidad, corruptelas, arbitrariedades y excesiva discrecionalidad de los gobernantes a nivel mundial, reiterados una y otra vez en la pasada campaña electoral en medio del lodazal acusatorio entre candidatos, que, por supuesto, no tendrán seguimiento ni serán investigadas.

Aunque el subsecretario de Enlace Interinstitucional, Ángel Castillo Torres, considera que durante este proceso de discusión y aprobación en su caso, de las cuentas públicas, “tanto en la ASE como con la Legislatura, ocurran estridencias y que se genere el descontento”, sugiere no hacer mucho ruido o no descobijar a algunos funcionarios que impliquen el uso político de las observaciones hechas, lo cierto es que de entrada algunos engolosinados con los triunfos electorales ya se aprestan a sacar rajas política de cara a 2018, aunque olvidan los propios pecados de sus ex mandatarios y la incapacidad para hacer cambios de fondo en la administración pública cuando tuvieron la oportunidad.

¿Cómo quieren que uno y la inmensa mayoría de los ciudadanos sigamos creyendo en este país, y en este estado, donde en arca abierta el más justo peca, y hasta quienes presumían de puros han resultado unos verdaderos políticos truculentos? ¿Cuándo por ejemplo el contralor general del estado, José Rosillo Iglesias, habiendo declarado desde 2015 que ya se tienen varios procesos administrativos abiertos y se está cerca de dar un resolutivo sobre funcionarios de la administración 2009-2015, nos sale con que el único ex funcionario inhabilitado es Héctor del Castillo Chagoya, mientras repite la misma versión dada a finales del año pasado?

Son esas tomaduras de pelo y la impunidad sobresaliente lo que mantiene encolerizada a la sociedad, que al decir de algunos medios extranjeros de manera preliminar interpretan la pérdida de poder del PRI y su jefe Peña Nieto como un hartazgo de la corrupción de ese grupo político.

Aunque hay mucho todavía por discutir de cara a 2018, lo cierto es que efectivamente el tiempo de maquillajes y cirugía menores del “sistema” se agotó. ¿Será que la contemporización se impondrá nuevamente en el avasallado Congreso, mediante el consabido toma y daca entre los partidos?