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25 noviembre, 2019

De deudas históricas y desigualdades estructurales

academia

Urenda Navarro

A la memoria de todas las mujeres, jóvenes y niñas desaparecidas,
explotadas o víctimas de la violencia feminicida en este país.

Este lunes 25 de noviembre no será diferente a los otros para quienes año con año se llenan la boca en pomposos actos públicos para lanzar mensajes de compromiso y anunciar con mucha proeza lo poco o nada que han hecho. Miren ustedes que no es gratuito: la poca capacidad que tiene el Estado mexicano para enfrentar la emergencia nacional no sólo obedece a sus ausencias institucionales, sino ante todo, a la ceguera de colocar como tema central de la agenda pública, la violencia contra las mujeres.

Poco servirá que se firmen compromisos por la igualdad entre hombres y mujeres y se revisen los mecanismos de alerta de violencia de género, si dichos actos se traducen, por un lado, en el reconocimiento de una igualdad formal, que nominalmente reconoce, pero que no abona a la construcción de una realidad material que venga acompañada de acciones que garanticen condiciones mínimas de vida para las mujeres y niñas. De la misma forma, si mientras a nivel federal se recomienden revisiones a los mecanismos de exigibilidad contenidos en las declaratorias de alerta de violencia de género y en tanto eso ocurre, los gobiernos locales usen de pretexto a su impasse la revisión a la efectividad de sus acciones emprendidas.

Frente a este escenario plagado de discursos carentes de sentido, las mujeres en México hemos aprendido no sólo a responder a la urgencia que pone en riesgo constante nuestra vida. Demandamos espacios seguros para transitar, para acudir a tomar clases o laborar sin ser acosadas, para vivir sin el temor constante a morir o vivir víctima de la explotación de un régimen que considera que nuestros cuerpos son mercancías. Alzamos la voz por las que ya no están, para que nunca más ocurra, para no olvidarles, para recordarnos que nuestra vida vale y que nada ni nadie tiene derecho a arrebatárnosla. Disputamos el espacio público, porque nos sabemos con la capacidad y la agencia para dirigir nuestras vidas, para tener voz ahí en donde nos ha sido negada, para decirle al Estado, que nunca será si no es con nosotras. Nos hemos apropiado del espacio y hemos hecho uso de la denuncia pública, uno de los vehículos efectivos para colocar nuestras demandas ante la imposibilidad de acceder a la justicia por los canales formales, para ser escuchadas y exigir que se garantice nuestro derecho a una vida libre de violencia.

Es ahí, en esos múltiples espacios, en donde construimos memoria, tejiendo nuestra historia con vivencias, dolores y sentires, que, entre el encuentro y la reciprocidad, sanamos por el daño que la violencia ha dejado en nuestros cuerpos y en nuestra vida. Es ahí donde recordamos que nuestra historia es de lucha y tiene potencial emancipador.

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Por si no fuera suficiente, en San Luis Potosí, las y los diputados que integran la Comisión de Puntos Constitucionales, del Congreso del Estado, desecharon la iniciativa que buscaba reconocer la inconstitucionalidad del artículo 16 de la Constitución local respecto a la protección de la vida desde la concepción. Las razones expuestas fueron los resultados de una supuesta encuesta y… sus creencias. Así es, nadie les avisó que los derechos humanos de las mujeres no se consultan. Peor aún, que algunas de las diputadas que integran dicha comisión se pronuncien en contra de la violencia contra las mujeres, al mismo tiempo que comparten desplegados de agradecimiento. Les recordamos que son, principalmente, las mujeres empobrecidas, a las que se criminaliza por interrumpir su embarazo, y las que desde luego, no tienen para pagar desplegados y hacerles saber que reconocer sus derechos no sólo es eso, sino que hacerlo contribuye a garantizar justicia social para las mujeres.

La mañana del domingo, la antimonumenta que fue colocada en la jardinera que da a Palacio de Gobierno, en la plaza de armas, el pasado 27 de octubre, en el marco del octavo aniversario del feminicidio de Karla Pontigo, por familiares de víctimas, activistas y colectivas feministas, fue dañada y destruida de su base. Quienes agraviaron a la antimonumenta lo hicieron con plena conciencia del significado simbólico que tiene la efigie. Exigimos a las autoridades que den con los responsables y se ocupen de recuperar los espacios públicos, que como la Plaza de Armas de la capital potosina, se encuentran en la ignominia y el abandono institucional.

@UryQuely

Urenda Queletzú Navarro
Urenda Queletzú Navarro
Historiadora del Derecho, Profesora Investigadora de la UASLP, feminista y mamá de Arya Sofía.