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Federico Anaya Gallardo

Un pleito de borrachos evoluciona en una especie de duelo. Los duelistas son ambos hijos de la élite potosina… uno de la capital estadual (el muerto, de 19 años) y otro de Matehuala (el matador, de 25 años). Es el 12 de octubre de 1895. El muerto llevaba horas cucando al matador, primero en una mesa de juego de los Billares de Skinner cerca de la plaza principal (que acaso haya sido propiedad de un mi tatarabuelo, Salvador Villazón). La tragedia inició con ambos jugando a los dados. Se pareó al muerto con el matador y ambos jugaron varias rondas con el cubilete. Fueron aumentando las apuestas de cinco centavos a tres y cinco pesos, con fortuna diversa. Eventualmente, ya altas las apuestas, muerto y matador riñeron acerca de una ronda. La acusación dice que el matador ofendió al padre del muerto (o que le aventó un vaso con cerveza). La defensa del matador afirmaba que quien ofendió fue el muerto. El muerto pretendió golpear al matador.

El muerto insistió en buscarle pleito a su matador en los billares y luego en otra cantina como a cuatro cuadras. El matador ofreció amplios testimonios de esta insistencia en trabar un pleito. (Es decir, el occiso buscaba la muerte.) Finalmente, el matador aceptó pelear con el muerto. Se dirigieron a las afueras de la ciudad en carruajes acompañados por otros jóvenes, amigos de juerga del matador. Esos amigos, de acuerdo a la causa penal abierta ante el juzgado segundo de lo criminal del Estado, “excitaron las pasiones de los contendientes para provocarlos á la perpetración del delito”.

Ya llegando a los arrabales de la capital potosina, resultó que el matador llevaba un revólver. Uno de los juerguistas decidió alejarse al imaginarse que el pleito terminaría mal. El resto siguió excitando las pasiones de los jóvenes enfrentados. El muerto atacó el primero, aventando una piedra al matador. El matador respondióle –“Si me avientas otra piedra, te suelto un tiro”. De todo lo que relato hubo testigos. Al levantar la segunda roca, el matador disparó al muerto, atravesándole con una bala el corazón.

Dos años más tarde, un jurado de doce ciudadanos encontró inocente al matador, reconociendo que había obrado en legítima defensa. Entre los argumentos de la defensa, se explicó que el matador había casi muerto cuatro años antes en otro pleito de cantina en su natal Matehuala. En aquella ocasión, varios agresores le atacaron a pedradas… Extraño caso de lito-fobia que explicaba, en el alegato final de la defensa, la “grave perturbación” del matador al ver que el muerto levantaba la segunda roca. Que el caso era controversial lo demuestra la cobertura que le dieron los dos principales periódicos de la capital potosina: El Estandarte (católico pro-porfirista) a favor del matador; El Contemporáneo (liberal pro-porfirista) a favor del muerto.

La sentencia absolutoria en este caso precipitó al Supremo Tribunal potosino a solicitar a gobernador y a la legislatura una reforma que eliminase el juicio penal por jurados en el Estado.

Todos los detalles que te cuento, lectora, los conocemos gracias a la Universidad Autónoma de San Luis Potosí en cuya Biblioteca Pública se resguarda una colección casi completa de El Estandarte. Una buena colección de El Contemporáneo se encuentra en la Hemeroteca Nacional, administrada en México por la UNAM. El expediente de este juicio se puede buscar en el Archivo Histórico del Estado. Es probable que en la Casa de la Cultura Jurídica de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, en la capital potosina, se encuentre el expediente de amparo.

¿Se puede hablar de legítima defensa cuando el muerto estaba desarmado y el matador portaba un arma de fuego? ¿Es suficiente el alegato emocional de que una mala experiencia previa del matador justificaba que, en el momento del asesinato, temiese por su propia vida al ver al muerto levantar una segunda piedra? ¿Es razonable presumir que el muerto había buscado irresponsablemente su destino por haber provocado una y otra vez al matador? Las respuestas de cualquier persona razonable serían NO, NO y NO.

Uno podría pensar que el caso demuestra la primitividad imperante en la sociedad del Ancien Régime mexicano; y las terribles consecuencias de dejar a un jurado la decisión en casos criminales tan graves. Pero recientemente un caso estadunidense nos demuestra la actualidad de los debates sobre la legítima defensa, el contexto social de la violencia y los jurados.

Fast Forward a nuestro presente.

A finales de agosto de 2020, un hombre afroamericano fue baleado por la policía en Kenosha, un municipio al sur de Wisconsin –a orillas del gran lago Michigan. El abuso provocó manifestaciones por parte de activistas de los derechos humanos, entre otros del movimiento Black Lives Matter (BLM). Un grupo de manifestantes intentó ingresar a la sede de la policía de Kenosha, para exigir que se procesara a los policías agresores. (Liga 1.) El caso también movilizó a las milicias de supremacistas blancos del estilo de los Proud Boys, algunos organizados bajo el eslogan de Blue Lives Matter (autodenominados “defensores” de los azules de la policía). Entre los milicianos iba un muchacho de 17 años, Kyle Rittenhouse, habitante de Antioch, un poblado del municipio de Lake en el norte de Illinois. Kyle iba armado con un rifle de asalto R-15 y su intención era defender a la ciudadanía en contra de los manifestantes BLM. Hay testimonios de que oficiales de la policía de Kenosha les agradecieron a él y a sus amigos armados su presencia y apoyo.

En uno de los enfrentamientos que siguió a las movilizaciones, Rittenhouse fue perseguido por varios de los manifestantes BLM, quienes estaban desarmados. Los perseguidores trataron de arrebatarle el fusil ametrallador. El chico cayó al suelo, fue alcanzado por quienes le seguían y, al incorporarse, baleó a tres de ellos. Dos murieron y otro quedó herido.

Un año más tarde, un jurado absolvió a Rittenhouse, cuya defensa convenció al tribunal que estábamos ante un acto de legítima defensa porque, pese a estar desarmados los muertos, el matador creyó sinceramente que su vida estaba en peligro.

Si para imaginar lo que ocurrió entre el matador y el muerto potosinos de 1895 debemos recurrir a viejas fotografías color sepia que no necesariamente retratan a los involucrados, para conocer al matador y los muertos de Illinois y Wisconsin basta hacer click en un video de YouTube. (Liga 2.) Allí podrás ver, lectora, al illinoyo huyendo de los manifestantes wisconsianos, tropezando y disparando a sus perseguidores.

Pese a lejanía de tiempo y espacio, hay paralelos entre los casos que rememoro. Todos los involucrados son jóvenes. En ambos casos los matadores llevan armas de fuego y los muertos están desarmados. Tanto en San Luis Potosí como en Kenosha se abrió proceso penal en contra del matador. Ambos tribunales tenían jurados ciudadanos. Los abogados de los matadores alegaron exitosamente legítima defensa.

Hay diferencias y no son menores. En el caso potosino la descripción puede empezar hablando de un “pleito de borrachos” porque eso fue. En Wisconsin la tragedia está enmarcada en una movilización social y política compleja. Aparte, mientras matador y muerto potosinos son miembros de la élite; matador y muertos estadunidenses son personas del común. (Aunque, ¡atención! la facilidad conque se absolvió a Rittenhouse tiene que ver con el hecho de que él es blanco.) Pero estas diferencias resaltan aún más el paralelo entre la argumentación de la defensa… y su éxito judicial.

Un observador imparcial podría imaginar que asesinar a una persona humana es algo tan espeluznante que la sociedad no lo justificaría jamás. Pero es precisamente la gravedad del hecho lo que hace que las muertes en riña causen tanto escándalo: ¿es posible condenar al matador cuando éste podría haber sido el muerto? En Occidente, uno de los signos de civilización característicos del último siglo es la prohibición del duelo: la sociedad no permite a sus integrantes que se traten de matar. Pero, atención, lectora. Tanto en la riña moderna como en el antiguo duelo se presupone la igualdad de los contendientes. Y en los dos casos que te cuento hoy el matador llevaba un arma de fuego y los muertos tenían las manos vacías.

Pese a ello, los jurados potosinense y wisconsiano decidieron que hubo legítima defensa y que el temor que sintió el matador justificaba asesinar a personas desarmadas. En 1895, porque el matador creyó sinceramente que el muerto podría matarle de una pedrada. En 2020, porque el matador creyó sinceramente que los manifestantes ponían en peligro su vida. (Puedes ver las declaraciones de Rittenhouse en los varios videos que se tomaron del juicio. Liga 3.)

No me interesa aquí lo que creían los matadores en el momento de los asesinatos. Hay dementes que matan creyendo sinceramente que sus víctimas son reptilianos, marcianos o marxianos. Lo grave es que un jurado electo entre la ciudadanía acepte un alegato así. Esta aceptación revela los valores de la sociedad más allá de las alucinadas creencias individuales de los matadores. Entre los potosinos de 1895-97 era aceptable reñir hasta la muerte y se condenaba al muerto por “buscársela”. Entre los wisconsianos de 2020-21 es aceptable salir armado para enfrentar a los enemigos y se condena a los muertos por manifestarse políticamente. En ambas sociedades es aceptable andar armado en la calle y resolver las disputas a balazos.

Cuando los jurados absuelven a los matadores la sociedad toda confiesa que es cómplice en el asesinato.

agallardof@hotmail.com

Ligas usadas en este texto:

Liga 1:
https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-53895420

Liga 2:
https://www.youtube.com/watch?v=iryQSpxSlrg&ab_channel=ChicagoSun-Times

Liga 3:
https://www.youtube.com/watch?v=JG8PhtFrO0Y&ab_channel=NBCChicago