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Pilar Torres A.

Figura de México.

Tal es el jeroglifo que esconde la figura,
que confirma la historia, que ostenta la escritura
en esa persistente equis de los destinos,
estrella de los rumbos, cruce de los caminos.

Si tiene algún sentido la cara del planeta,
El sabio lo interrogue y suéñelo el poeta.
Alfonso Reyes.

Uno puede rellenar de champurrado el vaso de Starbucks y hacer que rinda toda la semana (el vaso, no el champurrado), llevarlo a la oficina y dejarlo encima del escritorio para que se note el poder adquisitivo. Así las cosas, todos hemos escuchado (y experimentado) que Coca Cola no vende refrescos, vende felicidad; Amazon no vende productos, vende comodidad; Apple no vende celulares, vende estilo; Mac Donald’s no vende comida, vende rapidez… la lista de ejemplos es interminable. La mercadotecnia se hace cada vez más sofisticada y líquida, capaz de colarse a todos los rincones; capaz de adoptar la forma de su contenedor. Apelando a un alma inexistente en el producto que se vende.

El dreamketing es una estrategia para hacer que los clientes potenciales sueñen con el producto en cuestión. Echa mano de todo: psicología, sociología, política, economía, biología y todo tipo de avances científicos, para conectar con las necesidades que ‘flotan en el aire’ para materializarlas y vendérselas a alguien. El ejemplo al que quería llegar es el de la genética, cuyos avances han hecho posible desarrollar el análisis de ADN, algo que antes era inimaginable. Este último se convirtió en una valiosa herramienta para la ciencia biomédica, que busca mejorar la vida humana; y un invaluable apoyo en otros ámbitos, como la criminalística.

Hace aproximadamente 3 años comenzó a popularizarse la comercialización de los análisis de ADN para fines distintos a los científicos. Un caso especial fue la campaña “Let´s open our world”, que ofrecía análisis de ADN para ‘abrir nuestras mentes’ y mostrarle a un grupo de voluntarios, que de acuerdo con esa proteína compleja que se encuentra en el núcleo de las células, su información genética demuestra su procedencia de distintos lugares y grupos étnicos del mundo. En el video, los participantes se emocionan, se abrazan, lloran y celebran ‘la diversidad que nos une’ (https://www.youtube.com/channel/UCxpbnnGX6raZfTJcdt5_7Ag) . Detrás de esa cuasi campaña humanitaria, estaba una plataforma especializada en venta de viajes por el mundo. Porque claro, ¿qué mejor manera de celebrar la diversidad que comprar viajes?

Esta iniciativa la replicó Aeroméxico para contrarrestar el racismo y la xenofobia contra los mexicanos, mostrándoles que, hasta el más blanco de los gringos, tiene, aunque sea, un pequeño porcentaje de “ADN mexicano”.

El avance de la ciencia permite determinar la procedencia geográfica del material genético humano. Es decir, aunque no sea un concepto unívoco, sino una realidad de implicaciones multiétnicas, el ADN mexicano, técnicamente, sí existe y señala origen y ancestros genéticos.

Vale la pena demostrar a los racistas que las razas puras no existen, y que el concepto de raza es anacrónico y ridículo (como los certificados de pureza de sangre que se exigían en la Nueva España a los criollos para acceder a ciertas funciones). Sin embargo, el análisis genético y el recurso del “ADN mexicano” tiene un contraargumento fuerte. Puede revertirse precisamente para continuar con ese vicio de jerarquizar a la gente con base en sus orígenes étnicos.

Asimismo, causa interés e inspiración, que el principal sustrato biológico de la vida se estructure en una cadena espiral. Espiral, como el tiempo para la filosofía, esa forma de intuición pura en la que se esquematiza la evolución del ser. Por otro lado, esa proteína que es el ADN, constituye a todos los organismos vivos, los une en el espacio y el tiempo y por todo eso, nos recuerda muchísimo al arjé o principio de vida que buscaban los filósofos presocráticos. Hay mucha tela de donde cortar más allá de lo científico. A partir de ADN la vida se hace humana; pero no lo explica todo: lo humano se continúa en lo psíquico y cultural.

En México, esa campaña publicitaria se convirtió rápidamente en algo que oscila entre el dreamketing y el siempre presente fantasma del racismo. Como filósofa, me agrada que este ejemplo nos remita a la urgente necesidad que en estos tiempos la humanidad tiene de bioética.

Así las cosas, la ciencia ha demostrado que es cierto eso de que llevamos a México en los huesos, pero eso no nos hace superiores ni inferiores a los otros. Simplemente diferentes, más allá de campañas publicitarias bien o mal intencionadas (ya sea con Coca Cola y Starbucks, o con el orgullo genético).

No sé si haya un ADN mexicano, propiamente dicho, yo más bien me inclino a pensar que es eso que Alfonso Reyes expresó en ‘La X en la frente’: Sin referirse a la sangre, nos une la comunidad de la emoción cotidiana. El choque de una sensibilidad con el mismo mundo engendra un alma común. No le neguemos la invocación, no desperdiciemos la leyenda. Si esa tradición nos fuese ajena, está como quiera en nuestras manos, y solo nosotros disponemos de ella.

@vasconceliana