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Déspota y sensual

Luis Ricardo Guerrero Romero

Ropa interior en la guantera, cigarros a medio camino de vida flotaban en el termo para el café. Una escena poco habitual en una mujer tildada como déspota. A ella más bien le quedaría ser también sensual. En sus estados de whats era común verle posar frente a un espejo u otro objeto que reflejara sus frondosas líneas, prominentes nalgas hacían que uno viera cosa pequeña ese ser tirano y demandante que era. No era jefa de nada y actuaba para con todos con comportamientos poco gentiles. Alguien le había hecho creer que con su figura podía obtener cualquier cosa, y así parecía que lo era.

Debido a su carácter sonreír no era de las actitudes preferidas dentro de su plan, pero le gustaba traer ropa interior diminuta en su guantera, y fumar. Al parecer, después de su rutina en el gimnasio, fumaba sin concluir uno tras otro. Tendría algún problema con los finales, pues los inconclusos tabacos lo revelaban. Déspota en el trabajo, pero también déspota entre sabanas, o bien entre los brazos de quien sucumbiera. A veces, y sólo para un tipo de hombres una mujer con las actitudes que apenas esbozo en estas líneas suele ser interesante. Para otros, una mujer déspota en el trato social o laboral se prefiere evitarla. Mi padre al inicio fue del tipo que procuró alejarse, pero luego, no sé, tres divorcios, edad madura, y la nostalgia por la juventud, lo hicieron declinar y se volvía una presa de la déspota y sensual mujer de la que yo también me enamoré.

No obstante, un ex militar con un hijo enamorado de la misma mujer que el padre no da buenos resultados, alguien iba a acabar mal. Las mujeres son muy astutas, y no les importan los lazos familiares que estropeen cuando desean algo. La déspota deseaba la experiencia de mi padre, y la lozanía del hijo. Algo aquí iba salir mal, y salió. Pasado el tiempo los diarios anunciaban otro feminicidio más, cosa lamentable; no obstante, pasado un poco más de tiempo, los diarios publicaban un reprobable parricidio. No me resta más que imaginar la próxima nota de mañana: un peón hace jaque mate al rey, luego se quita la vida.

La vida déspota de una mujer que seduce a un par de hombres hace que dejen de ser padre e hijo, y ahora sólo son dos tipos que buscan el amor y el placer sexual con una mujer. Los estados déspotas son así, tiranos. Cacique, totalitario, opresor, son algunos de los sinónimos para la palabra déspota. En este caso que se leyó en párrafos superiores, sencillamente esa figura sensual, sí logró ser opresora hasta la muerte. Pero la cosa aquí es ver por qué decimos déspota, no por el sentimiento sino por la existencia de esta palabra.

Su origen se remonta a una línea casi inalterable del lenguaje helénico, es así que encontramos: δεσποτης [despotes]; al latín pasó como: despota (sin diacríto o tilde en la /e/); y en nuestra lengua la enunciamos: déspota. Habrá que aclarar que el déspota en la antigüedad era algún pretor autócrata, y no era un calificativo despectivo, sino sólo una forma de ser, a veces necesaria y bien vista según se requería el caso. Como sucedió con la mujer ya finada, que gracias a su ser déspota atrajo a un padre fuerte y enérgico; y a un hijo loco y suicida.

l.ricardogromero@gmail.com