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Diluvio de injurias

Luis Ricardo Guerrero Romero

El turista francés paseaba por algunos templos potosinos con la intención de cautivar su mirada con la variedad de objetos religiosos que típicamente sirven de ornato y devoción al sistema religioso (contraste humano), y al orientar éste, su cámara hacia las rodillas de un joven penitente, y antes de lanzar el disparo que capturara la escena, un cañón de ruegos ensordeció la fe del francés al escuchar decir del parroquiano: –Dejaste caer una vez más sobre nosotros las más agudas tristezas que te definen, expectoraste y se hizo, rascaste la herida y se formó, todo lo que fácilmente se manifiesta, fácilmente destruye, una vuelta al diluvio de rencor aparece y no se quiere ir, empapa, sumerge hasta la médula desgarrando lo único claro que le restaba a el alma. Llévatelos ya. Vivir en la desesperanza es desesperar la vida, ¿cuántas culpas más soporta tu corazón eterno?, desvía la existencia de esos que con salmos aclaman al infierno desde tus templos y danzan para que continúe el diluvio de injurias. Lancelot (el turista francés), curioso y confuso del ruego que un mexicano y potosino lanzara a su dios, preguntó: –¿qué insatisfacción te hace hablar así? Yo, señor turista vengo aquí porque fue en este lugar donde me indicaron trabaja mi padre, pero aún no comienza la misa, así que no lo he visto salir, y es el domingo y a estas horas cuando lo veo más feliz, sonriendo y acariciando con ternura a los monaguillos, e imagino que esas caricias me pertenecían, disculpará amigo francés, no se ofenda si usted también es hijo de algún cura, o a sus hijos ahora mismo un diluvio sagrado les destruye la infancia.

Hay, evidentemente, muchas injurias que nos riegan, y que por su fuerza devastan todo lo que hubiera al paso, en muchas culturas se mencionan los fenómenos de diluvio, todas estas menciones son asociadas con la trasformación o bien la recreación de algún determinado contexto, no obstante, sin que haya existido un desastre con prelación, y así de tal modo poder comenzar nuevamente todo. La idea de diluvio ha sido presentada de un modo tenue ante los lectores o creyentes, sin embargo, ahondando en la palabra diluvio –tarea que intentamos presentar en estas líneas–, encontramos en los mismos textos religiosos que uno de los orígenes anteriores al sustantivo diluvio es proveniente del heleno antiguo: κατακλυσμος(cataclysmos> cataclismo), tal palabra indica originalmente lavar o purificar de arriba hacia abajo, asimismo, adopta un sentido de desolación o injurias, aunque habremos de enfatizar que la palabra diluvio es más cercana al latín en donde la raíz luere: es lavar y se agrupa con el prefijo di: separación o división (diluere> dilvautum> diluvium> >diluvio) es decir, purificar o lavar para separar lo bueno de lo malo. Tal anotación puede parecer muy aventurada si nos preguntamos ¿bueno en razón de qué o de quién, y malo en orden a qué?, de allí que lo que entendemos es que, según la creencia correspondiente, será el diluvio pertinente. O sea que, en una época como la nuestra, no es necesario un diluvio que agriete más nuestras avenidas o que acabe con la vida humana, más bien se ocuparía un diluvio en las cabezas de muchos que teniendo poder o valiéndose de la fe de los creyentes realizan lo que se conoce como despotismo religioso. “El poder sólo se sube a la cabeza cuando encuentra un cerebro vacío”.