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24 enero, 2017
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El alcalde contra el sindicalismo

Guillermo Luévano Bustamante

Es cierto que las administraciones municipales amplían la plantilla laboral en muchas ocasiones de forma injustificada para favorecer clientelas políticas o incorporar personal partidista, según el sello que corresponda cada trieno. La de Ricardo Gallardo registra un alza en la contratación de personal que él justifica por contrataciones temporales.

Hace también ya unos años que los gobiernos municipales en turno denuncian a sus antecesores de heredarles problemas, deudas y laudos, pero luego repiten el esquema que a su vez van legando a los posteriores, y así sucesivamente.

El asunto es que la mayoría de los trabajadores aseguran derechos y no necesariamente son responsables de las decisiones que toman quienes les contratan. Tras el conflicto por la reivindicación del aumento salarial que han reclamado con el sindicato de trabajadores del ayuntamiento, el gobierno municipal lanzó una serie de críticas que no sólo van en contra de sus empleados, sino del sindicalismo en general, según destaca una nota aparecida en el diario Pulso (http://pulsoslp.com.mx/2017/01/23/arremete-gallardo-contra-el-sindicalismo/) el día de ayer.

Ya en otros momentos he señalado con preocupación los rasgos autoritarios del alcalde que lo mismo se incomoda por la crítica de la prensa, especialmente por colaboraciones de un comentarista en televisión, de periodistas de este diario y de quienes cuestionan sus decisiones, sus medidas y emprendimientos políticos, su permanente campaña electoral anticipada.

Este gesto de ayer en el que acusa al sindicalismo en general de ser “un cáncer que ha traído consecuencias muy graves como con Petróleos Mexicanos” evidencia cierto desconocimiento o dolo para estigmatizar a las organizaciones gremiales.

Es cierto que el sindicalismo corporativo y clientelar en México, aliado del Estado, ha implicado un espacio de antidemocracia y obstáculo para la auténtica defensa de los derechos laborales. Pero ello no significa que el sindicalismo todo tenga esa característica. Preocupa más la posición del alcalde porque se supone que procede de un partido político que ideológicamente se ubica a sí mismo en la izquierda y por tanto tendría que defender y proteger los derechos de los trabajadores. Y es contradictorio su dicho con su política clientelar que si bien no se relaciona con sindicatos, establece bases de apoyo popular con la fórmula que denuncia como dañina.

Su clientelismo político es, en todo caso, una práctica verdaderamente condenable y no la defensa que hace un sindicato de los derechos de sus afiliados.

La incomodidad que causa al alcalde la disidencia, su rechazo al sindicalismo, exhiben el distanciamiento del alcalde con la izquierda política que tendría que representar.

Twitter: @GuillerLuevano

Guillermo Luévano
Guillermo Luévano
Doctor en Ciencias Sociales, Profesor Investigador en la UASLP, SNI, columnista en La Jornada San Luis.