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Luis Ricardo Guerrero Romero

Decimos y sentimos bien al estar en un lugar secreto dentro de nuestro interior. Emmanuel fue el principal al decirlo, y también fue el único atrevido para tomar una decisión. Esa tarde, dio marcha a su vehículo, un sedán cualquiera. Abrió las hojas de aquel local y sacó por partes su corazón. Era un sueño mal trabajado, obstinado en un futuro sin presente. Ya todos sabemos qué ocurre cuando se construye un futuro sin presente. Las cosas se desgastan más pronto porque el ritmo del tiempo trabaja a marchas forzadas, sin sentir lo que se siente, sin cuidar lo que se cuida, sin vivir lo que se vive. Total, que él fue su propio mentor, a la vez de haber sido su propio verdugo.

Emmanuel sacó su corazón en partes, tenía forma de cajas, forma de errores, forma de indiferencias, forma de desánimos y de vicios. Extrajo de la bodega su muerte amalgamada por la vida. Después, llegó a su casa, se desnudó y en una copa se tragó cualquier recuerdo. Años posteriores aún ese trago, de esa copa, de esa vida, le hace digestión y a veces resaca. Pero es su presente, no el mío. Es lo que él quiso, y allá Dios que lo ayude.

La seguridad de nuestros actos, del caminar nunca nos llegará, y vamos caminando, rascándonos en la pared, para sentir apoyo y para sentir alivio ante la comezón de la exigencia de la vida. Así le sucedió a Emmanuel, que después de su rotundo fracaso elegido, tomó la copa, la copa que no volverá.

Las copas son desde antiguo un símbolo de libación, nos acompañan en momentos de gozo, tanto como de desdicha. Las copas son Emmanuel, porque apoyadas en una espiga sostiene su cuerpo. Copas en otro sentido se les denomina a las áreas de un bra que soportan y protegen las mamas. Esos pechos de donde sale la vida son cubiertos por un par de copas.

El sustantivo copa tiene que ver con lo que los antiguos romanos y griegos denominaban: tabernas, popina, y caupona. Las dos primeras palabras son lugares de convivencia y recreativo público, mientras que cuapona es el antecedente de nuestra palabra copa (cuapona> copona> >copón> copa). El copón de los antiguos y de las liturgias de distintas religiones es el padre de la copa. Hablar de cáliz ya es otra cosa con más complejidad.

Hablar de copas, es hablar de corazón, y de amor, y de compromiso, de amistad. Las frases comunes: alcen sus copas, crucemos las copas, invítame una copa, mala copa y buena copa; y un largo etcétera, son muestra de la idiosincrasia de la vida, la vida que se gesta en el vientre, en la copa materna.

l.ricardogromero@gmail.com