PAN, “acoplado” por “izquierdistas infiltrados”
7 septiembre, 2021
Los conservadores están felices con las políticas neoliberales del Presidente
7 septiembre, 2021

Federico Anaya Gallardo

Sigo con el recuento de los errores cometidos por nuestras élites políticas en 2003, trabajo iniciado en las dos entregas previas. Hoy quisiera subrayar la falta de visión mostrada por la nueva élite panista que ocupó durante los primeros doce años de este siglo la administración federal. El corto espacio de un medio como este impide complejizar las explicaciones, lectora, pero para avanzar con sistema te propongo revisar algo que el grupo Nexos denunció desde octubre de 2011. En Nexos 406 el grupo de Aguilar Camín se quejaba amargamente de que “la democracia mexicana diluyó el poder central. Previsible, aunque inesperadamente, repartió sus demasías entre los gobiernos estatales…” (Liga 1.) Te recomiendo, lectora, ver la caricatura de Víctor Solís con que Nexos ilustró aquel número y que se incluyó en la página 32.

Solís nos muestra la ilusión del político minúsculo que se mira en el espejo de sus ilusiones como un “gran duque” cuando en realidad su “gran estatura” la debe al dinero y a las urnas… aunque éstas están rodeadas de ratas, basura, desperdicio de agua e incendios. Entre 2012 y 2018 vimos con horror lo que esta feudalización del arreglo federalista causó de un extremo a otro de la República. En agosto de 2018 sugerí, desde Regeneración, que la propuesta obradorista de crear 32 coordinaciones estaduales que concentrasen en cada entidad federativa las tareas de las muchas delegaciones federales era un mecanismo para contrarrestarla. (Liga 2.) En 2021, a tres años de la administración López Obrador una de nuestras tareas pendientes es evaluar qué tanto se ha avanzado en controlar la fragmentación previa.

Hay que decir que el escándalo que la tendencia feudal de la federación mexicana causaba en los intelectuales de Nexos era sincero y que el fenómeno era (y sigue siendo) real. Lo que sorprende es que pese a lo brillante de sus análisis, esos ensayos resultaran cortos. Veámoslos en detalle.

Luis Rubio en su ensayo “De la falsa monarquía al feudalismo imperfecto” (pp.33-36) señalaba que hubo “consecuencias no anticipadas” de la transición política y que su “característica principal … [había sido] sido la transferencia de poder y recursos del gobierno federal y de la presidencia hacia los gobernadores, poderes fácticos y actores de la más diversa índole, todos unidos por el hecho de encontrarse aislados de la ciudadanía, carentes de obligación de rendir cuentas y, para todo fin práctico, sin contrapeso alguno”.

Otto Granados Roldán afirmaba en su “¿Virreyes o Gobernadores?” (pp.37-40) que los mandatarios estaduales pasaron de la “anemia” a la que les condenaba la presidencia imperial del siglo XX a una “obesidad” causada por el flujo creciente de recursos fiscales que una presidencia debilitada debió entregarles a partir de 1994. En 2011 el exgobernador salinista de Aguascalientes (1992-1998) nos decía que “esa constelación de hombres y mujeres fuertes [las y los nuevos gobernadores] se [movía] sin tener como referencia fundamental al presidente en turno ni estar sometidos a su guillotina. A escala local, sus hábitos suenan más a hegemonía que a democracia”. (Preguntemos a las y los periodistas locales que sufren esto todo el tiempo.)

Por su parte, Luis Videgaray Caso (sí, el mismo de los escándalos financiero-parlamentarios de hoy) en su ensayo “Las cuentas veras” (pp. 41-42) tranquilizaba a las audiencias de Nexos señalando que, si bien los nuevos señoríos feudales podían endeudarse con la banca privada y tenían la mala costumbre de “pasarle” el pago de sus malos negocios a la Federación, desde la crisis de 1995 se había previsto que este pago de emergencia saliese de las participaciones de cada entidad federativa –es decir, de los impuestos que ellas mismas generan. (Lo que no nos dijo es qué pasaría cuando la recaudación del Estado fuese escasa…) A este problema respondía el ensayo “Soberanía vs. Transparencia” de Juan E. Pardinas (sí, quien dirige hoy Reforma) recordando que hasta 1934 había cuatro (y no tres) países en la América Septentrional. Junto a México, EU y Canadá estaba Terranova –una nación autónoma, miembro separado de la mancomunidad británica, hasta que “una crisis de endeudamiento transformó a este país, con bandera e himno nacional, en una provincia más dentro … de Canadá”. Lección: las federaciones son una manera de arreglar la irresponsabilidad financiera de los señoríos feudales, pero los absorben políticamente.

Pardinas agregó datos relevantes acerca de cómo se comportan los señoríos feudales. Reportaba que la deuda pública de la Coahuila de Humberto Moreira (PRI) había saltado de 323 millones a 32 mil millones en sólo seis años; y que en 2010 el Nuevo León de Rodrigo Medina de la Cruz (PRI, 2009-2015) “decidió restringir el acceso a información básica sobre la deuda pública estatal. Datos como las tasas de interés a las que contrataron los créditos y los pagos programados para saldar sus pasivos, quedaron clasificados como información confidencial hasta el próximo sexenio” –es decir, a partir de 2016 (gobierno del independiente Jaime El Bronco Rodríguez Calderón, el señor de las cuentas oscuras en su campaña presidencial en 2018).

Pardinas reportó que el Instituto Mexicano de la Competitividad (Imco) que él dirigía hace una década, luego de un estudio de 32 solicitudes de transparencia a las entidades federativas, había concluido que “las prácticas de opacidad financiera [eran] generalizadas” y que crear un sistema nacional que les obligase a ser responsables provocaría que “muchos gobernadores se desgarra[sen] las vestiduras para defender la soberanía de no rendir cuentas [¡los hemos visto!]”. Aparte, cambiar las reglas requeriría una reforma a la Carta Magna federal y “la mayoría de los Congresos estatales, controlados por los mandatarios en turno, serían los encargados del proceso final para aprobar modificaciones constitucionales” –por lo que tal reforma sería poco menos que imposible.

El panorama feudalizado que Nexos describió en 2011 es el que enfrentaron las dos administraciones federales panistas. Sabemos que Fox derrochó su legitimidad como ganador de la transición de 2000 y que en 2006 Calderón llegó tocado por la ilegitimidad de un empate democrático malamente procesado por el sistema electoral. Ambos se enfrentaron con desventaja a una manada hambrienta (la metáfora no es exagerada) de gobernadores y gobernadoras que no les dieron cuartel. Pero esta correlación de fuerzas no termina de explicar por qué ambos decidieron ignorar el peso de la izquierda partidista que, en el nuevo régimen de partidos, en 2003 tenía seis de las 32 gubernaturas.

Adelanto mi explicación.

Releyendo los diagnósticos publicados en 2011 por Nexos 406 descubro que todos están “enamorados” de una visión de élites. Los sectores populares no aparecen sino cuando se habla de una ausencia. Las y los gobernadores están aislados de la ciudadanía, sin contrapeso (Rubio). Los hábitos de esos hombres y mujeres fuertes suenan más a hegemonía que a democracia (Granados). Las legislaturas estaduales están dominadas por la gubernatura (Pardinas). Es más, Videgaray hace la apología del poder feudal al presumir que su gobernador, Peña Nieto (2005-2011), había resuelto muy bien el problema del endeudamiento mexiquense.

¿Y la ciudadanía? ¿Y los movimientos sociales? De ellos no hablaban los analistas de Nexos. Y es evidente que esos temas tampoco importaron a los gobiernos federales panistas. En esto consiste la histórica traición de Fox. El caso de Calderón es –si cabe– más grave. Luego de jJulio de 2006, supo que el estrechísimo margen que le coronó presidente se debía más a la “operación” de gobernadores y líderes sindicales tradicionales que al movimiento ciudadano que estaba detrás de su emergencia electoral. (Recordemos cómo durante la campaña el panismo se alzó de 32% en las preferencias en enero 2006 –frente a 38% de AMLO– hasta lograr empatar al puntero en julio 2006.)

El resultado del haiga sido como haiga sido fue el pago de canonjías a los elbistas y la profundización del “feuderalismo” y la “dinerocracia” denunciados en Nexos 406 (p.46) por Genaro Borrego Estrada (gobernador de Zacatecas, 1986-1992; director de asuntos corporativos de FEMSA desde 2007 –alguien que sabe algo del fenómeno).

En este “pecado elitista” de nuestro inicio de siglo XXI reside el quiebre social (y la violencia caótica) de los estados adonde las élites estaduales tenían menos control sobre las comunidades y organizaciones populares –y que son aquellas en las cuales la izquierda debería haberse consolidado como una opción democrática. Analizaré ejemplos de lo anterior la semana que viene.

agallardof@hotmail.com

Ligas usadas en este texto:

Liga 1:
https://www.nexos.com.mx/?p=14508

Liga 2:
https://regeneracion.mx/el-federalismo-en-mexico-y-los-nuevos-coordinadores/