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Luis Ricardo Guerrero Romero

Con las bóvedas en azul cian como único techo, en la mano mi coa, en mi mochila la venencia, voy de camino al lugar de: El Hallazgo. Llevo quizás poco tiempo gimiendo entre las piñas de la hacienda, pero mi corazón y paladar seguro olfateaba desde otrora este sublime ejercicio de producir no un mezcal, sino un bonísimo mezcal. Me cuentan los rumores que catadores furtivos han hecho loas a “El Hallazgo” mezcalero. Asimismo, me cuentan los ingenieros, los proveedores y los amantes de lo bueno, lo deleitoso de la mencionada ambrosía líquida por la cual me desvelo.

Soy Jacinto Obrador, en mi apellido por mi padre llevo la bendición, trabajo por decirlo así −pues el ambiente es agradable y sano− en la mezcalera: en El Hallazgo, y veo con dicha cómo nuestro mezcal se fortifica. A veces por las tierras calientes, de áridos climas se revitalizan las palabras que desde años oía, ya en forma de broma, ya a manera de ironía mis ancestros expresaban: “Si tibi serotina noceat potatio, vina hora matutina rebibas, et eri medicina” (Si el beber en la noche te hace daño, bebe otra vez en la mañana y te servirá de medicina). Me parece un slogan atípico, pero un recuerdo típico de los amantes mezcaleros, aunque, a decir verdad, con el brebaje: “El Hallazgo”, nada te hace mal, bébelo mientras dura el sol, bésalo de apoco cuando salga la luna.

Nací con la mente de un visionario, nací agradecido, alegre y adicto a las cosas buenas de la vida, por eso elijo el mezcal, espíritu insigne de la tierra mía. Mientras su néctar navega en mi ser, yo agradezco que Dios nos deje beber. “El Hallazgo” no es un mezcal, es el mezcal.

La anterior anécdota de un lugareño trabajador en aquella mezcalera mencionada nos lleva a pensar en vida del campo, en la vida social, en los gustos y en el paladar, nos conduce a entender que cada oficio tiene sus herramientas como inicia el texto, el jimador mezcalero lleva la venencia (avenencia, pues pide permiso al maguey) y la coa, instrumentos indispensables para quien trabaja el elixir auténticamente mexicano.

Mucho se ha dicho del mezcal, pero ahora es el tiempo de hablar sobre “El Hallazgo”. Tal palabra es posible registrarla desde su verbo: hallar, quizás una expresión regional para decir: encontrar, pero nada de eso merma la riqueza de esta voz. En el inglés decimos find, en griego ευρηκα (eureka), en latín se halla el registro como aflare, tal palabra latina deviene de: afflatus (soplo, hálito, inspiración). Desde el lenguaje helénico ya escrito hallar es encuentro, pero un encuentro celestial, por eso el eureka de hoy. Pero, pongamos atención en la manera de enunciar encontrar en inglés, mantienen la fonación /F/, esto es porque en la evolución del lenguaje fallar se mutó a hallar, /f/ por /h/, como en muchas otras palabras. En el área jurídica se dice: el juez falló; esto no quiere decir que se equivocó −aunque suele pasar−, sino que encontró en dado caso, culpabilidad o inocencia en el imputado.

Toda esta trama tiene que ver con el aliento, el soplo divino, la acción o efecto de algo que se está produciendo. Por ejemplo, de hallar, está el hallazgo; de noviar, el noviazgo. El aliento, “El Hallazgo”, se concatena con la circulación, ese soplo asociado a la kundalini tántrica, es decir, el hálito es sentido idéntico al pneuma o al spiritus. Por lo cual tener un hallazgo es trascendental. Inclusive al enunciar: dame una palabra de aliento; lo que se interpreta es: dame un escenario en donde me halle, me encuentre con mi yo. “El Hallazgo” es pues un mezcal genuino, pero es también una voz que se compone de hallar más el sufijo latino azgo, que refiere a la acción, la acción perpetua de ser lo mejor.

l.ricardogromero@gmail.com