Federico Anaya Gallardo
Regresemos a la opinión de Silva-Herzog Márquez del 20 de noviembre próximo pasado, lectora, que se publicó en Reforma. Nos decía don Jesús que la renuncia de Arturo Zaldívar Lelo de Larrea a la Suprema Corte era “una abominación inconcebible”. Al día siguiente, 21 de noviembre, en la sección “El Lector Escribe”, página 12, del mismo diario, el ciudadano Juan Jakez expresó que “en el México actual ya nada debe sorprender. ¿Cómo es posible que un ministro del máximo tribunal … traicione a los mexicanos y descaradamente renuncie y se integre a la campaña electoral de una candidata, sea ésta del partido que sea?” Termina don Juan diciéndonos que “los que alguna vez pensamos [que Zaldívar] era un hombre probo nos equivocamos rotundamente”.
La semana pasada argumenté que el compromiso político-partidista no está prohibido a los ministros de la Suprema Corte y cité un ejemplo que los liberales-conservadores como Silva-Herzog Márquez tendrían que analizar con cuidado: Justo Sierra Méndez. Por supuesto, mi argumento parece débil porque los casos de Sierra (1890’s) y Zaldívar (2010’s) están separados por más de un siglo. Pero en el plano todo abstracto, esencialista, en que Silva-Herzog y Jakez ponen el debate, creo que la comparación se sostiene.
Por otra parte, es una buena costumbre tomarse en serio los argumentos de los adversarios. Si la “abominación” es que Zaldívar estaba en contacto con una candidata mientras aún era ministro de la Suprema Corte (recordemos ese pequeño escándalo del traje de Claudia Sheinbaum en las fotos con don Arturo) el problema es que ese contacto, que Silva-Herzog llama despachar abiertamente como asesor de partido, ocurrió ANTES de la renuncia. Y sí. En este caso todas y todos debemos indignarnos, porque un ministro en funciones no debería hacer eso. Estamos ante una causa grave de responsabilidad –que debería haber sido conocida por los órganos de control de nuestro máximo tribunal… y si estos hubiesen descubierto que se había afectado la imparcialidad de Zaldívar como juzgador, deberían haber iniciado su separación del cargo.
Si te parece, lectora, que es razonable mi argumento para considerar “causa grave” –que merece separación del cargo– la pérdida de imparcialidad del juzgador por haberse comprometido con un partido político; entonces entenderás por qué Zaldívar Lelo de Larrea renunció. Él, primero que nadie, sabía que había puesto en cuestión su imparcialidad personal al ponerse en contacto con una de las aspirantes a la Presidencia de la República en 2024. Lo razonable, entonces, era presentar la renuncia. De otro modo, la “abominación” que denuncia estentóreamente Silva-Herzog habría tenido que ser perseguida por los órganos de control.
Demos ahora una rápida vuelta por la República. En la capital de Colima, Rubén Pérez Anguiano escribió en su columna “Miniaturas” de AFMedios del 21 de noviembre de 2023 una dura crítica a los razonamientos de la exministra, exsecretaria y senadora Olga Sánchez Cordero cuando la renuncia de Zaldívar llegó al Senado. Nos dice Pérez Anguiano que “la renuncia del ministro Zaldívar y el proceso de aprobación del Senado arañó el límite de las previsiones establecidas”. Asegura Rubén que, en el caso, las causas graves “como es obvio, no se dan en este caso”.
Disiento. Ya dije que ponerse en liga con un partido político pone en duda la imparcialidad de la persona juzgadora y que, por lo mismo, procede la renuncia o la acusación en contra de quien ha dejado de ser imparcial. Zaldívar hizo lo correcto y renunció.
Pero sigamos el resto de los argumentos del ciudadano colimense Pérez Anguiano; a quien conozco y sé que es una persona prudente y sagaz. Nos dice Rubén que la presidenta de la Comisión de Justicia del Senado presentó un “catálogo de leguleyadas” para aceptar la renuncia de Zaldívar. Los argumentos de Sánchez Cordero fueron que (1) no hay catálogo de las “causas graves”; (2) que por lo mismo su definición está sujeta al criterio personal de quien renuncia y de quien acepta o rechaza la renuncia en un primer momento (la Presidencia de la República); (3) que Zaldívar tiene derecho al libre desarrollo de la personalidad y a la libertad de trabajo; (4) por lo que no se le puede obligar a permanecer en el cargo; y (5) que de lo contrario, se estaría imponiendo a Zaldívar un trabajo forzoso.
Tiene razón Rubén. Dicen los académicos monárquicos de la lengua castellana que leguleyada es una “maniobra o recurso fraudulentos con apariencia de legalidad”. Los últimos tres argumentos de Sánchez Cordero a favor de la renuncia de Zaldívar no vienen al caso, porque el ciudadano ejerció sus libertades al aceptar el cargo de ministro de la Suprema Corte y, por lo mismo, el Pueblo tenía derecho a exigirle que cumpliese su periodo completo de quince años. Mencionar los derechos individuales de Zaldívar al trabajo y el desarrollo de su personalidad confunde el debate. Nos engaña. Leguleyadas.
Pero los primeros dos argumentos tienen un punto de verdad. No hay un catálogo de causas graves. Por lo mismo, la definición queda en manos de los tres actores que intervienen en la renuncia: el juzgador, la Presidencia y el Senado. En mi opinión, la causa grave era la pérdida de imparcialidad por la decisión de Zaldívar –esa sí tomada en ejercicio de la libertad de opinión y organización– de unirse a un partido político en el proceso electoral de 2024.
¿Por qué no decirlo así de claro? Zaldívar lo hizo. Él explicó que trató de incidir para alcanzar justicia y defender derechos humanos en la Corte hasta que eso ya no fue posible. Por lo mismo, decide buscar otro espacio en el que pueda seguir esa lucha personal. Pero hacerlo pondría en duda su imparcialidad y por lo mismo, antes que lo expulsen, él renuncia. ¿Por qué no lo dice Sánchez Cordero? Porque la exministra y exsecretaria pertenece a otra generación; una en la que reconocer que se hace política en las instituciones públicas es causa de vergüenza. Son gente muy rara, antigua.
Por otra parte, los límites del trabajo de Zaldívar en el máximo tribunal se hicieron evidentes no sólo en los varios votos en que él se alineó en una minoría de tres en contra de una mayoría de ocho. (Atención, lectora: Zaldívar no siempre votó “a favor de la 4T”. Hubo ocasiones que votó con la mayoría sumando nueve contra dos.) Había algo más.
A mediados de septiembre pasado, varios medios reportaron un incidente violento en la Corte. Al parecer la nota original provenía de la columna de Salvador García Soto en El Universal. (Liga 2.) ¿La fuente de García Soto? Los mentideros de la Corte. Al parecer, en los primeros días de septiembre, en una de las sesiones de pleno, Arturo Zaldívar Lelo de Larrea y Alberto Pérez Dayán se habían agarrado a manotazos. Tanto García Soto como otros medios (de todo el país) que reprodujeron la especie, pusieron en boca de Pérez Dayán esta afirmación: “Por tu culpa estamos así, tú nos metiste en este callejón sin salida por ponerte de tapete”. El incidente se comentó en medios de la capital federal, Guadalajara y Tijuana –hasta lo que alcancé a ver. A dos meses de distancia, no hay un desmentido. Pero no tenemos por qué creerle a García Soto –cuyas “fuentes exclusivas” se han inventado muchas veces las “notas jugosas” que comenta. Como sea, el supuesto pleito entre los ministros Zaldívar y Pérez es verosímil. ¿Qué incidencia podría tener Zaldívar en tal ambiente? Ninguna.
En resumen, a mi leal saber y entender, la renuncia de Zaldívar tenía una causa grave: al comprometerse en el proyecto de transformación que representa Claudia Sheinbaum en las elecciones generales de 2024, el exministro ya no podía ser imparcial. Lo honorable y probo, contrario a lo que afirma Jakez-lector de Reforma, era dejar el máximo tribunal.
Post data:
Nuestra muy liberal Constitución no tiene un catálogo de “causas graves” en casos como este porque –como creo haber mostrado en mi análisis– las circunstancias específicas de cada caso están determinadas por fuerzas y coyunturas políticas imprevisibles. ¿Para qué entonces amarrar la renuncia a una condición tan difusa? Sencillo: Para que los actores políticos y la ciudadanía toda debatamos hasta el cansancio cada caso. Lo más importante es el proceso de debate (caminar por el sendero) y no el resultado especifico (destino al final del camino).
Ligas usadas en este texto:
Liga 1:
https://www.afmedios.com/renuncias-y-propuestas/
Liga 2:
https://www.eluniversal.com.mx/opinion/salvador-garcia-soto/amlo-busca-encuentro-con-marcelo/



