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En el segundo mandato, la economía continuará con más de lo mismo

Arturo Huerta González

Al anunciar el presidente de la República el cambio en la Secretaría de Hacienda, señaló que es para “consolidar la política económica que ha ejercido la administración” y añadió que “continuaremos actuando con responsabilidad, sin endeudar al país, no gastando más de lo que ingrese al erario, con austeridad y honestidad”. Es decir, no habrá cambio de la política económica. Seguirá la misma que no ha contrarrestado la caída de exportaciones, ni del consumo e inversión privada, que nos ha llevado a una fuerte caída de la actividad económica, a alto desempleo, creciente desigualdad del ingreso y a mayor miseria, a pesar de las políticas sociales.

En la reunión celebrada el jueves 10 de junio con miembros del Consejo Mexicano de Negocios, el presidente de México dijo que no habrá aumento de impuestos y que se prepara una reforma constitucional para fortalecer a la Comisión Federal de Electricidad y que dentro de poco se anunciará el tercer paquete de inversión en infraestructura. No dijo nada nuevo a lo que ha venido afirmando. No presentó propuestas encaminadas a promover la inversión y el empleo en el sector manufacturero y agrícola, que es lo que requiere el país para salir de los problemas que enfrentamos.

A la salida de dicha reunión, el líder del Consejo Mexicano de Negocios señaló que “nuestro objetivo primordial es invertir para generar valor, generar empleos bien remunerados, bien pagados”. El problema es que ese primordial objetivo no lo han cumplido. Su inversión ha crecido más en el sector financiero y no en el sector productivo. La economía no ha venido creciendo, ni generando empleos bien remunerados. Ha predominado el desempleo y subempleo y los salarios mal pagados, como consecuencia de la falta de inversión pública y privada. Ello se debe a la política económica predominante, la cual el propio dirigente empresarial defiende, ya que se pronunció por “finanzas públicas sanas, y una macroeconomía como la actual, un tipo de cambio estable e inflación de un dígito”. El problema es que las finanzas públicas “sanas” se han conseguido reduciendo el gasto e inversión pública, lo que contrae demanda y la actividad económica, como la generación de empleo. La estabilidad del tipo de cambio se ha alcanzado a través de la austeridad fiscal y la alta tasa de interés para atraer capitales y así estabilizar la relación peso-dólar. La alta tasa de interés encarece la inversión y la reduce. De tal forma, la estabilidad del tipo de cambio, las finanzas públicas “sanas” y la baja inflación, se han logrado a costa de no tener política económica a favor de la inversión en los sectores productivos, lo que nos ha llevado al estancamiento y al alto desempleo.

La cúpula empresarial siempre ha estado por las finanzas públicas “sanas”, debido a que ello se consigue reduciendo el tamaño y participación del Estado en la economía, lo que permite a los dueños del dinero invertir donde el gobierno deja de hacerlo. Ello ha venido aconteciendo desde inicios de los años ochenta a la fecha y de ahí la mayor privatización y extranjerización de la economía, lo que no se ha traducido en mayor crecimiento económico, ni en mayor empleo formal, ni bien remunerado.

También el dirigente empresarial dijo que “tenemos que lograr que la inversión, que hoy está alrededor de 18 por ciento del producto interno bruto (PIB) se vaya arriba del 20”. Tal planteamiento es insuficiente para alcanzar lo señalado por él, de un “crecimiento de entre 6 y 8 por ciento que se espera para este año, se repita en los subsecuentes”. Un crecimiento de esta magnitud y que sea subsecuente en los siguientes años, requiere de mayor inversión que la manifestada por el líder del Consejo Mexicano de Negocios, lo cual lo impide la política de finanzas públicas “sanas”, las altas tasas de interés y la estabilidad del tipo de cambio que han venido predominando, y que defiende el dirigente de los empresarios. Hay que recordar que en el período 1978-1981, la economía nacional creció al 7.8% promedio anual y la inversión bruta fija fue en promedio 25.7% del PIB. La inversión en China está arriba del 40% del PIB, y de ahí que ha sido la economía victoriosa en más de 30 años.

Mientras se siga privilegiando la estabilidad del tipo de cambio, no se podrá reducir la tasa de interés, ni incrementar el gasto público, que son necesarios para impulsar el crecimiento, debido a que temen que ello genere expectativas inflacionarias que propicie salida de capitales y devaluación de la moneda nacional. Es por ello que se ha mantenido la estabilidad peso-dólar, a costa de sacrificar el crecimiento económico y la generación de empleo.

Por último, el dirigente de la cúpula empresarial dijo que concuerda con el Presidente en que “es necesario fortalecer a Pemex y a la Comisión Federal de Electricidad, pero para la iniciativa privada debe ser sin perjuicio de terceros”. Es decir, se opondrán a la iniciativa presidencial que da trato preferente a la empresa pública frente a las empresas privadas, por lo que la discusión estará latente, no solo en el Congreso, sino en el ámbito nacional. El debate nacional debe enfocarse en los cambios constitucionales -además del energético- a realizar en la política monetaria (incorporar el objetivo de empleo en Banxico), en la política fiscal (trabajar con gasto deficitario a favor del empleo y la producción), en la política comercial (revisar la apertura económica) y en la financiera (tener una banca funcional a favor del crecimiento y del empleo), que se requieren para realizar las transformaciones necesarias para salir de la crisis, situación que no pasa por la mente de quienes nos gobiernan, ni de la oposición.

ahuerta@unam.mx
Profesor del Posgrado de la Facultad de Economía de la UNAM desde 1975