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Luis Ricardo Guerrero Romero

De las cosas que más recuerdo de aquella juventud es saber que uno podía andar y desandar el camino, con la facilidad de un: ahora sí, ahora no, todo se resolvía. Conforme avanza la vida eso es un tema que ya no se repite, inclusive muy a pesar de las mentes liberales uno no puede ser un cínico toda la vida. Me refiero a no ser aquel sujeto que con la bandera de libertad se desentienda de compromisos que por azar o por gusto poco a poco se adquieren.

El tipo de la esquina de la privada en donde vivo se contrapone conmigo porque le hablé de cosas de la responsabilidad, cosas que para muchos son normales y serias, para él son acciones que se pueden dejar de hacer, por puro gusto, por meras ganas, porque así se quiere y a nadie se le debe explicación. En un grado importante tiene razón, no a todos se les debe o tiene que dar explicaciones, inclusive habrá a quienes se les dé explicación y realmente no les interesa. Pero eso de dejar las cosas por sólo dejar, abandonar y ya es un ejercicio no tan humano.

Por ejemplo, la orden de: ¡encima de mí!, uno no siempre tiene ánimos de encimarse con alguien, hay noches de querer y noches de quererse, noches de hartazgo, y noches de saciedad, noches de embriaguez, noches de delirios. No en todas se puede obedecer a ese encimarse. Siendo sinceros, como lo indiqué al inicio encimarse a veces no depende de: ahora sí, ahora no. Encimarse es la fórmula que mueve al mundo: encímate en el trabajo, encímate en la amistad, encímate en la familia, encímate en ella o en él. Tal vez por eso Dios es Dios, debido a que se encima eternamente.

Encimar, es una de las tantas palabras que parecen ser incómodas, o quizás poco empleadas, se oye en sí misma algo vulgar cuando se habla de contacto con personas, se oye retador cuando se piensa en la cima de algún proyecto, encimar es el cielo. Lo etéreo nos ensimisma y nos encima. Asimismo, en el acto concupiscente, la orden: ¡quédate encima!, es una revelación y una contradicción, porque, al quedarse la mujer encima, en realidad está ella dando de sí, encajada en la cima fálica; sin embargo, si el varón queda encima, sobrepasa el monte de Venus, llega a la cima de la dama.

Las voces: encima, encimar, encimarte, encímamela, encimemos, nos invitan a levantar, a ir hacia adelante. Del griego κυμα (cyma> cima: arriba), y del prefijo latino in, dentro, de, en medio; es de donde se encimó esta palabra a nuestro vocabulario. Así, encima se define como: en lugar superior. De tal suerte que, si alguien se te encima tu estarás supeditado a. Por eso hoy, que divagamos sobre las obligaciones, el sexo y la vida, también recordemos que debemos estar encima, encímate ahora, tú encima, porque desde allí sabes, ves, distingues, asumes y eres responsable de lo que le pasa al de abajo, que en realidad es sumamente indispensable, pues sin tener donde encimarse no prospera la vida, no se fecunda, no se crece.

l.ricardogromero@gmail.com