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Engañifas ahora en lo deportivo

Ignacio Betancourt

Al policía que las majestades gubernamentales impusieron como responsable del deporte en México deberá pedírsele una explicación por los espectaculares fracasos de los deportistas mexicanos. Hace algunos días, de inmediato el señor Alfredo Castillo se adelantó a decir que todo deberá cambiar en el deporte mexicano (por supuesto él), que para 2020 todo será diferente, que ahora sí, bajo su (torpe) conducción (ha fracasado en todo, desde la niña de Toluca, luego con las autodefensas en Michoacán y hasta en las Olimpiadas) el país se volverá un ganador. Las misma engañifas del gobierno en lo político y ahora en lo deportivo ¿sólo mentiras se merecen los mexicanos? El tal Alfredo Castillo será influyente para su partido o para la mayoría de la población que amargamente ha debido constatar que priístas y panistas resultaron incapaces de modificar el México que tanto nos hace padecer, pero como dirigente del deporte nacional de nuevo resultó un fiasco.

La oposición radical de izquierda (infiltrada por la derecha) insiste en descalificar las elecciones con las que se sostiene agarrado con las uñas el Partido Revolucionario Institucional. Pareciera que ir a votar implicara la renuncia automática a toda otra forma de oposición, cuando simple y sencillamente lo electoral es otro frente en la diversa lucha contra los depredadores, un territorio más para las batallas en las diversas instancias donde los ciudadanos deberán confrontarse para su sobrevivencia, y para la derrota de partidos y funcionarios de toda laya.

Según se denomina el Partido Revolucionario Institucional su definición implica un premonitorio contrasentido: cambio petrificado, incendio detenido, la Revolución de 1910 vuelta estabilidad para que los peores se adueñaran de dicho legado sólo para gobernar confundiendo imágenes televisivas con soluciones en lo real. La figura de un maniquí dedicado a reiterar mentiras que nadie cree (ni ellos mismos), la fantasía fascista de suponer a la corrupción como un derecho celestial (y si se luce bien peinado y con traje y corbata) todo lo que se diga en las pantallas televisivas sobre el país será palabra divina.

De ahí la importancia de la lucha iniciada por el magisterio después del más descarado intento de pulverizarlos, una confrontación inevitable y legítima que asume una opción como la planteada por el ex rector de la UNAM, Pablo González Casanova, para quien la educación no debe promover “la cultura de la servidumbre”; esta actitud trascendente enfrentada al caprichoso autoritarismo del sargento Nuño de que por ningún motivo se modificará la descarada imposición empresarial, resulta esencial en la presente lucha. Más claro ni el agua, entonces que los empresarios no se quejen de los indignados reclamos ciudadanos y en lugar de llamar a la represión policiaca y militar le reclamen al gobierno su empecinamiento. Sólo hace falta la participación popular organizada (urge), pues ahí viene ya la “oposición” promovida por los propios gobiernos.

Escribió el poeta alemán Novalis (1772-1801): Todo individuo por sí mismo tiene su propia medida de habilidad, sólo la capacidad del género humano es ilimitada. Los proyectos que no se diseñan a partir de todos los recursos de la humanidad fracasarán (común en los poetas intemporales es la vigencia de sus intuiciones). Si en 2016 no se pasa de lo individual a lo colectivo para transformar un país casi insoportable de habitar, probablemente todo esfuerzo combativo resultará inútil. Tal vez no suene novedosa la convocatoria sobre la importancia de lo colectivo pero  nunca estará de más repensarla. O todos o ninguno escribió Bertolt Brecht y es verdad, si mis vecinos no están bien yo estoy en riesgo.

Por supuesto es fundamental la participación cada vez más inclusiva: todos los ciudadanos tenemos un agravio de parte del actual gobierno (y de los anteriores). No solamente los profesores han sido agredidos e insultados por funcionarios que ineptos e ignorantes aún se atreven a imponer una engañifa llamada pomposamente “reforma educativa”, agresión disfrazada y diseñada por peligrosos empresarios nacionales y extranjeros, quienes hoy se quitan el disfraz y se muestran como una amenaza explícita para la mayoría de los mexicanos; o nos sumamos todos al reclamo o seguiremos en la lona, donde toda clase de gobiernos han mantenido a la población desde tiempos inmemoriales (tanto que pareciera volverse tradición nacional y costumbre).

La coyuntura es propicia para la ciudadanía pero los corruptos también lo saben. Es importante no olvidar que la impunidad no sólo es gubernamental o partidaria, dicho mal lo permea todo, lo familiar y lo educativo, lo religioso y lo ateo, lo público y lo privado. Entre el contexto de la Secretaría de Cultura y hasta en el del gobernador del estado existen mil lugares en donde lo impune se manifiesta, por ello en todas las instancias deberá incidirse. Si hoy no se hace algo mañana se lamentará. Toda indiferencia se transforma en complicidad, mucho o poco algo se puede aportar pues no se trata sólo de nuestro presente, está en juego el de millones de niños y jóvenes; cuidado con el tan frecuente hacerse de la vista gorda pues puede resultar algo criminal sin que nos demos cuenta. No es verdad aquello de si no se reclama se está a salvo del horror. Mejor correr el riesgo de ser mal vistos por el sargento Nuño a prestarse a la agresiva farsa gubernamental. Y por no dejar pasar el recordatorio a los lectores, ojo, el padre Córdova sigue prófugo, cuiden a sus niños, y los papás: repéguense a la pader pues no se los vaya a coger.

Del poeta nicaragüence Rubén Darío (1867-1916) un fragmento de la parte siete de su poema titulado El primer día: Cuando se está en presencia de varones/ que son en una inmensa mayoría/ bandidos bien hinchados de recia altanería,/ erguidos sobre viejos torreones,/ dueños de cualquier plaza a otros usurpada;/ que el territorio propio se ensanche con la espada,/ jugando no al sutil, sino al más bravo,/ no está bien hecho. Pero, al fin y al cabo,/ golpe por golpe, el hierro cruza al hierro,/ todo entre la panoplia y la coraza,/ guantes de acero en un puño de hierro;/ vástagos de una belicosa raza,/ de visera feroz y ceño adusto,/ ¡Al combate! … podemos mirarnos frente a frente…/ Pero atacar al débil e impotente,/ y hacer algún legado/ a un ladino prelado/ con bienes de una viuda infortunada/ o de algún huerfanito pobre y desamparado,/ y con desdén de leyes divinas y profanas/ despojar a las míseras ancianas/ para dotar a curas marrulleros/ y a frailes rezanderos/ de antífonas, que, orondos y felices,/ enternecidos por el vino añejo,/ os dicen “Ayunad!…”, y os dan consejo/ de abstinencia, entretanto que ellos comen perdices;/ saquear los ahorros a una vieja,/ o despojar a un niño, que, en zumbido de abeja,/ se ríe al ver entrar los torvos asesinos;/ robar fincas y campos por métodos divinos…;/ yo digo que es horrible,/ y que es una vergüenza ineludible,/ que dura mientras vive,/ así el que distribuye como el que la recibe (…)