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  • Batres y Jara, ¿revocar?
  • Enrique Cárdenas: PAN, Puebla
  • Alito, Amlito; Narro, medicinas

Julio Hernández López

Un ejercicio de táctica política elemental no recomendaría abrir fuego en estos momentos contra las calificadoras internacionales de riesgos crediticios que han estado colocando a la baja sus estimaciones sobre empresas gubernamentales y privadas de México. Si la política es el arte del engaño, una valoración rigurosa de los hechos podría haber sugerido que se dejara enfriar un poco el asunto (dias, semanas) antes de lanzar una propuesta tan propicia para más descalificaciones como la hecha ayer por el senador morenista Salomón Jara (oaxaqueño, vocero de la bancada senatorial del partido hegemónico) y secundada indirectamente por el presidente de la mesa directiva de esa cámara, Martí Batres.

Para regocijo de quienes desean encontrar similitudes del obradorismo con procesos de gobiernos populares de izquierda, como el chavista, y para avituallamiento de los ejércitos mediáticos, políticos y económicos que proclaman autoritarismo y descompostura como signos de los tiempos llamados 4T, ayer el senador Jara anunció que se impulsará una reforma legal para que sea obligatorio y no discrecional el retiro de la autorización de funcionamiento a calificadoras de este tipo que “atenten” contra la estabilidad del país. Batres puso luego un tuit en el que coincidía en descalificar a las calificadoras.

No faltan razones para colocar en el banquillo de los acusados a esas calificadoras, varias de las cuales han sido instrumentos sediciosos y desestabilizadores. Sus postulaciones “técnicas” han servido más de una vez para golpear procesos políticos de cambio y para desatar tormentas económicas de castigo y “corrección”. Esa no es la discusión, sino la pertinencia de los tiempos y los modos. La simple enunciación de ese propósito de personajes de la élite morenista acarreará resultados adversos: los capitales nativos y extranjeros, ya de por sí “nerviosos”, encontrarán mayores motivos de preocupación, el ruido de esta iniciativa obviamente llegará a los despachos ejecutivos relevantes del ámbito económico globalizado y el proceso de descalificaciones se agudizará. Más que un error táctico.

Según las encuestas de opinión, el Partido Acción Nacional tiene perdida la elección extraordinaria de Puebla. Morena lleva una delantera enorme, sin que siquiera le afecte de manera significativa el nombre que elija de entre Miguel Barbosa, la carta abiertamente favorecida por la estructura oficial obradorista, Alejandro Armenta, el senador impulsado por el monrealismo y el grupo del exgóber precioso, Mario Marín, o la también senadora Nancy de la Sierra.

Sin embargo, ayer Acción Nacional decidió que será Enrique Cárdenas Sánchez su abanderado para cubrir el tramo faltante al periodo que debió cumplir Martha Erika Alonso, fallecida en un suceso aeronáutico aún no esclarecido. La postulación será a nombre del PAN, el Partido de la Revolución Democrática y el Movimiento Ciudadano.

El nombre y primer apellido del inminente candidato poblano coinciden con los de un priista que fue gobernador de Tamaulipas -González, el segundo apellido- y del hijo de este, Enrique Cárdenas del Avellano, también priista, quien ha sido diputado local y federal. Pero el dato central es que, en una primera exploración del entonces candidato presidencial López Obrador, el candidato designado habría de ser el propio Enrique Cárdenas Sánchez, un economista cargado a la derecha política que había sido rector de la Universidad de las Américas Puebla y director del Centro de Estudios Espinosa Yglesias, laboratorio de ideas creado en homenaje a Manuel Espinosa Yglesias, quien fue presidente de la Asociación Mexicana de Banqueros y  accionista mayoritario y director de Bancomer hasta la expropiación bancaria dictada por José López Portillo.

Según versiones en privado dadas a su círculo cercano, Enrique Cárdenas Sánchez nunca supo por qué le fue retirada la candidatura de Morena que, según esas versiones, había sido acordada personalmente entre los dos involucrados. Cárdenas, con ánimo contrariado, terminó como candidato independiente a la misma gubernatura. Y, ahora, es reciclado por Acción Nacional y sus aliados.

Astillas: Que al gobernador de Campeche, Alejandro Moreno, conocido como Alito, ahora le dicen Amlito, pues se asegura que su candidatura a presidir el comité nacional del Partido Revolucionario Institucional tiene como contexto un acuerdo político, obviamente confidencial, con Morena o el obradorismo para que el PRI ayude a la “gobernabilidad” del país y a contener a la “derecha”. Un PRIMor de candidato, pues… Por su parte, otro aspirante a presidir al partido tricolor, el médico José Narro Robles, exrector de la UNAM, exsecretario de salud en la administración peñista y presunto precandidato presidencial priista en 2017, se ha topado con oportuna pared mañanera, pues en las conferencias presidenciales de prensa se ha sacado a colación el tema de las compras de medicinas en condiciones de corrupción administrativa que, se ha dicho oficialmente, afectan aunque sea por “omisión” al médico que es apoyado por el segmento priista que no busca asociarse con el obradorismo… El morenismo gobernante en Veracruz no ha ganado aplausos, al menos en lo inmediato. El propio mandatario, Cuitláhuac García, parece rebasado por las circunstancias de una entidad cuya vida política, económica y social requiere de un gran oficio político, del cual carece el académico llegado al poder estatal… Ayer, el superdelegado del gobierno federal en esa entidad, Manuel Huerta Ladrón de Guevara, de por sí muy polémico en la grilla local, ganó breve fama nacional al declarar, como si nada, para tratar de justificar la entrega de dinero a familiares y no a estancias infantiles: “Acuérdense que puede ser una estancia o ellos pueden optar por su familiar o una persona así tipo Cuarón, que lo cuidó una muchacha y miren, sacó hasta un premio Óscar, para que vean que sí funcionan las Yalitzas”… ¡Hasta mañana!

Julio Hernández López
Julio Hernández López
Autor de la columna Astillero, en La Jornada; director de La Jornada San Luis.