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Luis Ricardo Guerrero Romero

La cosa estuvo atiborrada, hasta el hartazgo, en una palabra: abarrotada. En más de una palabra puedo decirte que la cosa me pareció: colmada, hinchada, impregnada, y desde luego fue descrita como ahitada. De veras que hubieras ido, sin embargo, una buena idea dicha a destiempo no vale la pena enunciarla, es más, ni siquiera debemos ocuparnos en pensar las buenas ideas que ya no tienen un espacio en el tiempo. ¿Has probado los licuados de plátano con rompope? Pues son algo similar a lo que te platico de la cosa a la que… ya no tiene caso.

Eran personas allá, aquí, aromas, contactos, roces. Fue un abigarrado momento de la vida, allí nada se detuvo, todo se conjugó como un licuado de banana, de ese que aquí le dicen plátano. Pensé en tomar algunos videos y subirlos al Facebook, pero era inútil, estaba saturado: mi cel, las redes, mi mente, mis nervios, mi todo y mi nada. Esa es la palabra, saturado, la cosa estuvo saturada, no te imaginas lo bien que la pasé. Éramos, o más bien, fuimos un licuado de sentimientos hablando de sentimientos de los sentimientos que sienten los demás. Fuimos un manojo de entes saturados, licuados, fuimos el socialismo en la praxis, todos haciendo lo mismo de manera inconsciente, fuimos la encarnación de Tik tok, autómatas haciendo lo que otros hacen porque otros lo hacen, y los otros de los otros lo hicieron esperando que lo hagamos, y lo hacemos. Somos en la cosa los saturados de información, de emoción, de instintos, de placeres. Fuimos un sabroso licuado. Qué pena que no fuiste a la cosa. Pero descuida, ya habrá más cosas de esa cosa y te saturarás con nosotros los hijos de la saturación.

Si hay algo verdaderamente reprobable, inaceptable, en pocas letras, malo en la sociedad es la saturación. Según el texto de los renglones arriba hubo un tipo que presume sobre una “cosa” que al parecer fue lo máximo por la saturación. Aunque según yo, una cosa saturada es el peor de los castigos −recuerdo a los hecatónquiros−. Hoy por ejemplo la cosa es que hay una hiperinformación, todos creemos saber de todo, suponemos que por leer una frase o un consejo de alguna disciplina ya somos proclives a opinar sanamente, la saturación nos dio en la madre. ¿Qué se hace con tanta información?, un licuado, un análisis, una reflexión, un apotegma de la vida. Mexicanamente saturar es estar hasta su chingada, como dije, estar hasta la madre de algo, de alguien, de uno mismo

Desde luego que este espacio antes de ser tarima de la encomiástica antropológica-social es más bien divagadora de nuestro lenguaje, por lo que pasamos a hablar sobre el verbo transitivo: saturar. Tal voz nos es herencia latina de saturo (alimentar, nutrir, hartar), pero ese alimento del que se hace mención es a partir de la nutrición a costa de los demás, según nos dicta la historia de Roma, saturar es saciar, es como se cumple esa idea de nombre es presagio (nomen est omen). El que está saturado ha expoliado algo de algunos más.

La hiperinformación nos satura, debe pues, en nosotros haber un filtro virtuoso que nos deslinde, nos oscile, nos marque, así el auriga hace con sus corceles, así emulando la astronomía y su isocronismo. Pues si un insecto (arácnido o himenóptero) viaja, explora y examina su bocado antes comerlo, ¿por qué el humano ha de quedarse con lo primero que ve y saturarse de la cosa encontrada?

l.ricardogromero@gmail.com