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Luis Ricardo Guerrero Romero

Un grupo de mujeres activistas que ardía como menorá luego de haber consultado en las escrituras la malicia de algún dios ancestral y católico, decidió luchar frente a las suntuosas casas episcopales y solucionar los asuntos discriminativos con los cuales se encontraron en diversas páginas de la  palabra divina. Una de ellas, con voz sensual y altanera comenzó con Isaías 3:16-24: “Asimismo dice Yahvé: Por cuanto las hijas de Sión se presumen, y andan con el cuello erguido y ojos coquetos; cuando andan van danzando felices, y haciendo ruido con su calzado. Por tanto, el Señor arañará la cabeza de las hijas de Sión, y Yahvé descubrirá sus vergüenzas. Aquel día quitará el Señor el atavío de los calzados, las mallas, los cristales; los collares, los brazaletes y los velos; las cofias, las prendas de las piernas, los partidores del pelo, los frascos de olor y los aretes; los anillos y los joyeles de la nariz; quitará las ropas de gala, los mantos, los lienzos, las bolsas, los espejos, el lino fino, los adornos y cosa alguna que resalte la belleza. Y será que en vez de perfume aromático les vendrá hediondez; y una cuerda en vez de cinturón; y calvez en lugar de la compostura del cabello; y en lugar de ropa de gala ceñimiento de cilicio, mortificación; y quemadura en vez de hermosura”. La feminista mujer, cerró con violencia el libro de la ley celestial frente a la humilde y sencilla vivienda del Obispo, y propaló con fuerza – ¡fíjate en tus lujos! Oh enviado de Dios–. Otra de ellas fue más concreta y añadió: “Asimismo, esposas, sométanse a sus esposos, de modo que si algunos de ellos no creen en la palabra, puedan ser ganados más por el comportamiento de ustedes que por sus palabras, al observar su conducta íntegra y respetuosa”. –dejó de leer y concluyó: tú, ¿a cuántos has ganado por tu comportamiento, excelentísimo? ¡Fíjate!

Fijarse pareciera ser un sinónimo de mirar u observar, no obstante un sinónimo parcial y no total, lo hemos escuchado, pero más todavía hemos visto que este grupo de mujeres no estaban tan equivocadas al exhortar al obispo a fijarse. Fijar es el verbo que nos tiene aquí fijos entre ojo y papel para averiguarlo. Esta idea nos viene ya desde los helenos quienes tenían en su lengua distintas palabras para decir lo que se ve: ver con vista corporal, ver con la mente, ver como el saber por medio de lo conocido y uno más dice García Juan David, ver con alma y cuerpo. De allí el caso de fijar, aunque lo correcto será fijarse, como sinónimo del empeño por observar. Decimos: Fíjate al cruzar (imperativo), fijaré mis metas (futuro), he fijado (pres. perfecto),  y un largo etcétera que usamos para decir que hay que mirar u observar, determinar o programar, pero siempre con la idea de ir más allá que el sólo ver. De allí que el fijar un horario o un decreto –y ¿querrá decir esto ver un horario o decreto?– se entiende como establecer. Para saber fijarse en lo que se dice y hace habrá que establecerlo, sentarlo, en el griego fijar o poner se enuncia: σετ, (set) –tal como el verbo inglés set, establecer–, pero fijarnos es estar atentos: ατενιξω (atenidso >atenizo >atento), fíjate es atiende. En el latín es figo, fixi: clavar, propósito, firmeza; establecer. Hoy entendemos fijar por observar delante de lo colocado, de tal suerte que tenemos fixi como una acción de reparar, incluso en el idioma inglés podemos entenderlo mejor: I will fix (fijaré). Más aún, ya en las áreas de Freud, fijar se entendió desde el sicoanálisis: fijación en referencia con la libido; la cual siempre está en la mira de todos, fijada como objeto del deseo.