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¿Fin de la política neoliberal?

  • AMLO apuntala lo contrario
  • Miguel Rincón, primer compadre
  • Sheinbaum: complacencias 100

Julio Hernández López

Este domingo, en Palacio Nacional, el presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) decidió anunciar “el fin de la política neoliberal”. No utilizó alguna fórmula verbal que describiera un proceso en curso, una pretensión o una aspiración. Por el contrario, fue contundente, definitivo: “Quedan abolidas dos cosas”, puntualizó, «el modelo neoliberal y su política de pillaje antipopular y entreguista” (nota de Alonso Urrutia y Dora Villanueva: https://goo.gl/rpJZ8X ).

Ya antes había anunciado, por ejemplo, el fin de la guerra contra el narcotráfico. El pasado 30 de enero, en una conferencia mañanera de prensa, dijo, en respuesta a una pregunta sobre el tema: “oficialmente ya no hay guerra. Nosotros queremos la paz, vamos a conseguirla” (nota de Alma Muñoz y Alonso Urrutia: https://goo.gl/CxyQUr ). La realidad ha sido implacable en sentido contrario: continúa la guerra contra el narcotráfico, en términos cuando menos similares a los registrados durante las administraciones de Felipe Calderón y de Enrique Peña Nieto. Y esa beligerancia aumentará en cuanto se cumplan los protocolos finales para que abiertamente entre en acción la Guardia Nacional.

Respecto a su nueva postulación de finiquito, nada ha hecho López Obrador que sustente la grandilocuente declaración de muerte de la política neoliberal y su modelo económico. Todo lo contrario. El tabasqueño se ha esforzado en dar garantías de continuidad al esquema de globalización económica, de respeto a los capitales y al “libre mercado” y de cuidado quirúrgico al funcionamiento tradicional del Banco de México y otras instancias de vigilancia de que el neoliberalismo económico siga adelante en nuestro país.

Se han dado escaramuzas que en su momento han parecido distanciar gravemente al nuevo presidente de la República de los principales empresarios. Pero todo se ha ido recomponiendo habilidosamente, con Alfonso Romo como mensajero de compensaciones y nuevos negocios para los empresarios originalmente maltratados. Además, López Obrador ha integrado en un consejo asesor a varios de los grandes capitalistas del país, para que le ayuden a ir diseñando proyectos económicos de gran inversión pública, a la que se asociarán los empresarios reagrupados.

Uno de esos empresarios asesores de la Presidencia de la República es Miguel Rincón Arredondo, dueño de la empresa Biopapel (que entre otros productos tiene las libretas Scribe) y del Consorcio Durango. En un reporte de la revista Expansión, de noviembre del año pasado, se consigna que el productor de cartón y otras especialidades del papel “ocupa el lugar 144 en el ranking de las 500 empresas más importantes de México . En el tercer trimestre del año, la empresa reportó ventas por 7,085 millones de pesos. Rincón Arredondo ocupa el lugar 82 en la lista de Los 100 empresarios más importantes de México”.

Un día antes de que fuera proclamado el fin de la política neoliberal en México, Rincón Arredondo se convirtió en el primer compadre (al menos, en el periodo sexenal en curso) del presidente López Obrador, quien asistió a una finca campestre en Morelos para ser padrino del hijo del empresario en mención. El oficiante de la ceremonia religiosa fue el arzobispo emérito Norberto Rivera, quien gozó de amistad y privilegios con quien fue jefe del gobierno capitalino, a tal grado que obtuvo casi tres hectáreas de terreno en la Ciudad de México para construir la Plaza Mariana (aunque en el siguiente sexenio chilango se buscó devolver al patrimonio colectivo los mencionados terrenos, lo que finalmente no se logró (Rodrigo Vera informó en diciembre de 2014 que “Iglesia y Slim recuperan la Plaza Mariana” https://goo.gl/HvrwQG ).

Y, ya que se habla de jefaturas chilangas, ayer Claudia Sheinbaum encabezó un acto, a propósito de sus cien primeros días de gobierno (Complacencias 100), lleno de buenas intenciones, presuntos avances burocráticos y una preocupante falta de crítica y propuestas viables respecto a temas como la creciente inseguridad pública y la corrupción que, también, dio por finiquitada en varios casos.

La ceremonia de complacencias tuvo una constante irrupción de un batir de palmas de la audiencia, como en los mejores tiempos del priismo clásico, cuando los presuntos grandes logros del poderoso en turno llevaban a los embelesados asistentes a aplaudir con entusiasmo reciblable en siguientes ocasiones.

Sheinbaum está administrando la Ciudad de México, pero aún no la está gobernando. Es decir, no ha salido de su cápsula tecnocrática y tampoco se ha decidido a intentar un liderazgo político personal, sometida a la disciplina partidista y a las expectativas grupales, en cuyo principalísimo entorno se le menciona como una carta muy bien vista para el relevo presidencial de 2024. En tales condiciones y con tales expectativas, la gobernadora de la capital del país ha preferido nadar de a muertito. No moverse de más. No emprender acciones que puedan generarle celos o envidias.

Cierto es que nada es comparable con lo hecho y lo no hecho durante el desgobierno de Miguel Ángel Mancera y sus principales allegados. También es cierto que en el primer catálogo de acciones de Sheinbaum hay pasos y expectativas interesantes. Pero, en tanto, la capital del país vive en una creciente inseguridad pública y la corrupción y la ineficacia solo han sufrido menoscabos en los discursos oficiales.

Y, mientras entra en ebullición el tema de la reforma educativa a cancelar, con la maquinaria legislativa de Morena dispuesta a empujar un proyecto que no satisface plenamente a la dirigencia de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, dispuesta la disidencia magisterial a iniciar protestas y plantones, ¡hasta mañana, con Sonora (oficialmente, gobernada por Claudia Pavlovich) convertida en tierra de constantes agresiones a periodistas, de las cuales la más reciente ha sido la ejecución de Santiago Barroso en San Luis Río Colorado!

Julio Hernández López
Julio Hernández López
Autor de la columna Astillero, en La Jornada; director de La Jornada San Luis.