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Imprecaciones preponderantes

Luis Ricardo Gurrero Romero

Dados los hechos más importantes, donde cualquiera de nosotros estamos implicados: los policías con rostros de vituperios, los panaderos con enfermedad celíaca, las meretrices que se entregaron por amor al joven imberbe hijo del comerciante acaudalado, el taquero corbusé con título de chef, que renunció a su carrera porque el dinero copioso es mejor que lo gourmet, la humilde maestra rural, que lleva en las llantas de su coche el hambre y los sueños de sus alumnos, en su ropa y sus viajes, los ahorros de los padres de familia, y en el chicle que escupe, siglos de pedagogía inservible hasta hoy. El cura, docto en el arte amatorio, gentil, sociable, alegre y emprendedor que no cree en lo que hace, pero hace lo que cree sin pasión, sin pensar, sin Dios. El sencillo pordiosero de camellón, acumulando dinero en cuentas bancarias mientras en su casa propia se come tres veces y sus hijos juegan Infinity Blade. Los esposos ancianos, durmiendo juntos, esperanzados por la muerte del uno o el otro, para disfrutar él, o ella, la casa solos. El gobernador ingobernable con nexos oscuros, la dama damnificada, las mascotas humanizadas, y yo, en la ausencia de mí, sumido en preponderantes psicotrópicos y ansiolíticos a causa de las imprecaciones mentales que me produjo el alcohol.

Este año todos se salvan, todos serán arropados por la tierna nostalgia de vivir el pasado, ni los jóvenes son el futuro, ni los ancianos son el presente, ni los niños o las mujeres embarazadas son más importantes. Corren entonces las trecientas oportunidades para equivocarse, las sesenta y cinco correcciones para vivir. Hoy es el hecho más importante de tu vida, y al resto del mundo no le interesa.

Los planteamientos desordenados, suelen ser un desafío mental para el alma. Las líneas anteriores podrán entenderse así, como una suerte de anarquía mental, la rebeldía de pensar es el descanso del espíritu. Sin embargo, lo que nunca nos ofrece paz son las imprecaciones, pues suelen ser cómplices del odio, la calumnia, la inexactitud al ser bañadas con el mísero desbalance de mal manejo de las emociones. Imprecar, al parecer, es una moda, todos se sienten con valía de hacerlo. Eso es tan natural como pedir, somos en esencia homo precari, seres que pedimos. Nuestra primera petición es al tiempo la primera imprecación: ¿quién de los vivos solicitó vivir?

La palabra imprecar, nace del latín: in (por función lingüística im) y precari, aunque en el latín la encontramos como: imprecatio (maldición o desear un mal); en sí, es la acción de pedir para o por un mal; vr.g: —en mi desaliento imprequé con mi vista al firmamento; ese niño dice puras imprecaciones; ve e impreca a tu madre. Obvio, los ejemplos son sarcasmo, pues al parecer, aunque este sustantivo sea tan común en su uso podría estar enfilado este 2022 al cajón de los arcaísmos. La voz latina: precor: rogar, pedir, suplicar, es productiva en otras palabras como: preces, predicamento, preconizar; pero no precoz, —eso nadie lo pide. Y punto y aparte, la palabra preponderante, herencia del helenismo: πρεπω (prepo), lo sobresaliente, más el sufijo ante o ente; que generó la pseudodesinencia ya dicha. He dicho.

l.ricardogromero@gmail.com