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¿La arqueología es una ciencia patriarcal?

Chessil Dohvehnain

En todos los discursos —o disparates— que sobre la especie humana ha formulado la ciencia de la arqueología desde que existe como tal, predomina el énfasis en la mirada de los hombres, de los vatos. Según la prehistoriadora española Almudena Hernando, lo anterior se nota en el discurso dominante que la arqueología reproduce, el cual subraya la individualidad, la autonomía e independencia del yo, el avance de la razón, y la importancia de los cambios culturales y de la tecnología como condiciones de seguridad emocional a lo largo de nuestra historia.

Al invisibilizar de forma inconsciente, quizá, otros aspectos de nuestra humanidad compartida como la importancia de los vínculos humanos, de las actividades cotidianas mal llamadas “domésticas”, así como el profundo papel de las emociones y de la interdependencia (todos aspectos que en el imaginario suelen atribuirse a la dimensión “femenina” de las sociedades humanas), la arqueología se observa entonces como una ciencia alineada con el orden patriarcal.

Entonces, si la arqueología es una ciencia profundamente patriarcal, que ha contribuido en la construcción de los mitos que nos creemos sobre nosotros mismos —y que pueden encontrarse escondidos, como cucarachas en la oscuridad, detrás de la legitimación de todos los sistemas de opresión conocidos—, una nueva reacción de resistencia, crítica y oposición se vuelve necesaria y urgente. Más aún en nuestros días donde observamos la proliferación de constantes discursos atascados de fantasía masculina guerrera y heroica afianzados en una ilusión del pasado arqueológico de difícil defensa a la luz de los hechos y datos existentes.

¿Pero se puede construir y practicar una arqueología no patriarcal? Podemos decir que sí debido a esfuerzos notables que se han realizado en distintos terrenos de la ciencia arqueológica en esa dirección, comenzando por los aportes teóricos y metodológicos de las investigadoras españolas Almudena Hernando y Margarita Sánchez Andreu, las estadunidenses Rosemary Joyce, Janet Spector y Margaret Conkey, o las mexicanas Linda Manzanilla, Leslie Zubieta y Laura Rodríguez Arcos, por solo mencionar algunas.

En este sentido han sobresalido dos casos de estudio en el ámbito internacional debido a su cobertura mediática. El primero es el descubrimiento de los restos de una cazadora-recolectora de hace casi 9,000 años de antigüedad en las tierras altas del Perú, y el consecuente análisis estadístico de los restos humanos de cazadores-recolectores recuperados de manera confiable en el continente, para averiguar qué tan sólida es la hipótesis de que entre nuestros ancestros la división sexual del trabajo se fundaba en la masculinidad de las actividades de cacería y en la feminidad de la recolección y la crianza.

El segundo caso es el resultado de un estudio de arte rupestre elaborado entre los años 6,000 y 3,000 a.C., durante el periodo Neolítico de la Península Ibérica. A través de un análisis estadístico novedoso conocido como paleodermatoglífica, se pudo identificar el sexo y la edad —dos elementos constitutivos de la identidad como la conocemos—, de quienes pintaron en el abrigo rocoso de Los Machos, en la localidad de Zújar, en Granada, al sur de España, contribuyendo a derrumbar los muros de conocimiento que impiden acercarnos a responder la pregunta de quiénes eran, en verdad, las personas que pintaron sobre la roca.

Este último estudio, publicado en el journal Antiquity de Cambridge y realizado en colaboración entre la Universidad de Granada, la Universidad de Barcelona y la Universidad de Durham en Reino Unido, posibilitó identificar a través de un complejo análisis a dos autores en el abrigo de Los Machos, a partir de las huellas dactilares que dejaron durante su visita al mismo en algún momento entre el sexto y tercer milenio antes de nuestra era: se trataba de una persona de sexo femenino entre los 10 y los 16 años, y un adulto de alrededor de 36 años de edad.

Por otro lado, el primer caso mencionado publicado en la prestigiosa revista Science Advances, destaca por mostrar los resultados de una documentación arqueológica sistemática, la aplicación de análisis biomoleculares de última generación y datación por radiocarbono a través del colágeno de huesos, a los restos de un entierro bien conservado de una mujer de entre 17 y 19 años de edad (conocido como WMP6), en el sitio arqueológico peruano Wilamaya Patjxa. La mujer estuvo asociada directamente con 24 herramientas de roca creadas para la procuración y procesamiento de grandes animales, convirtiéndose así en una de las pocas ejemplares en todo el continente, de mujeres del Holoceno Temprano (más o menos hace 9,000 años) asociadas a herramientas de cacería de grandes animales.

El amplio estudio resultado de la colaboración entre la Universidad de California Davis, el Instituto de Investigación Arqueológica Collasuyo, la Universidad de Arizona, la Universidad de California Irvine, la Universidad Estatal de Pensilvania y la Universidad de California Santa Bárbara, también realizó un meta análisis de los 429 individuos provenientes de contextos funerarios excavados en 107 sitios arqueológicos fechados entre el Pleistoceno Tardío y el Holoceno Temprano en todo el continente americano. De esta muestra solo 27 individuos (6.2% del total), se encontraban sexuados y asociados a herramientas de cacería de grandes bestias. Y sobresale que de este pequeño porcentaje solo 11 individuos (2.5% del total), provenientes de sitios arqueológicos diferentes, eran mujeres.

Mediante un análisis estadístico de probabilidad se ha demostrado empíricamente a la luz de los datos disponibles, que los entierros más tempranos en América de hombres y mujeres cazadoras ocurren en “paridad estadística”. Esto es, en una proporción más o menos igualitaria, y que la cacería de grandes animales en los tiempos en que los mamuts aún se encontraban entre nosotros, fue una actividad en la que el género pudo tener poco que ver.

Esto resulta crucial porque plantea un nuevo modelo arqueológico en el que a la luz de los hechos, el trabajo de subsistencia de las poblaciones más tempranas del continente fue relativamente indiferenciado, y que la economía de cacería de grandes animales requirió de una participación amplia e intensa tanto de hombres como de mujeres, estas últimas también cazadoras de grandes bestias.

Sin embargo en distintos contextos arqueológicos, no solo de América sino también de Europa, en milenios posteriores (o más cercanos a nuestra era), se aprecia la aparición de una gradual división sexual del trabajo, ante lo cual hay que preguntarnos ¿por qué? ¿Cómo fue que sucedió? Tales respuestas solo pueden llegar de la mano de estudios arqueológicos transdisciplinarios, sistemáticos y elaborados con el más alto rigor metodológico posible, lo cual solo puede darse si la investigación científica de nuestro pasado compartido sigue incentivándose en el futuro, en un mundo post-Covid19.

A la luz de nuestros problemas —o guerras— culturales actuales, mirar al pasado con otras miradas, más amplias, críticas y flexibles, es urgente. Porque si detrás de los sistemas de opresión conocidos como la discriminación, el racismo, la desigualdad, la violencia de género, entre otros, se encuentran mitos fundados en lecturas de nuestro pasado compartido, entonces una revisión crítica de ese pasado —y sus datos—, puede arrojar luz sobre cómo desmantelar tales sistemas oscuros.

En tal sentido, una arqueología que pueda indagar en la visibilidad de las mujeres e infantes en el “registro arqueológico”, así como en las actividades cotidianas y de mantenimiento, además de los mecanismos de resistencia cultural y el análisis de las relaciones de género a través de distintas posiciones teóricas y técnicas como las propias de la osteobiología entre muchas otras, será posible tener y practicar una arqueología no patriarcal, en palabras de la investigadora Almudena Hernando; una ciencia que contribuya aún más a la resistencia contra las múltiples formas de opresión, y que contribuya significativamente a la gran búsqueda de la primera mitad del siglo XXI: la salvación del planeta a través de la transformación de la humanidad.

ochdo4j@gmail.com