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La explicación de la explicación

Luis Ricardo Guerrero Romero

Fetanilo, quizá más eficiente es su consumo que ir al pasado para beber de las aguas del Leteo, más sagrado que bañarse en Ganges, con mucho más poder que un LASER (Light Amplification by Stimulated Emision of Radiation) pero menos fatal que unos tragos del destino. Porque es cierto que todos los hombres buscan explicaciones, quienes no se explican algo, es porque nada es para estos el mundo, esos son los mustios que disimulan vivir. –La mujer que hablaba sola mientras el camión paraba para subir pasaje repetía siempre este discurso–. En realidad, nadie sabía algo de ella: su rostro sugerencia de un tétrico pasado; su olor, recuerdo de un féretro rodeado de rezos podridos; su voz, el eco violento de una madre que al perder a su hijo se entrega al desquicio infinito del fetanilo. Y nadie de los pasajeros allí presentes tiene una explicación, todos ellos mustios, apáticos e indiferentes, soportan el calor el cual es más intenso que el apoyo a una semejante.

Intentar explicar algún asunto o hecho, es sin duda un ejercicio que nos ha modificado en nuestro desarrollo humano, ya para asuntos familiares, laborales, sentimentales o académicos; saber ofrecer una explicación de algo resulta tan elemental para cualquier ámbito, exceptuando los pleitos con las mujeres, pues ellas al pedir una explicación, lo que desean es una solución en el mejor de los casos y en el peor de los mismos, una explicación frustrada, por ejemplo: –¡Ramiro! ¿Explícame qué pasó en esa fiesta? (Ramiro a punto de hablar)– ¡Cállate, no me convencen tus explicaciones! Aunque parece ser perturbador tal ejemplo, en realidad la explicación debe ser una actividad que extienda el tema o asunto para que éste resignifique al otro.

Tenemos en cuenta que antes de la práctica del saber leer y escribir no existían explicaciones –en el sentido original de la palabra–ya que todo lo que se aprendía era tradición oral y mnemónica, pero más aún no había que explicar porque no había nada que extender entre pliego y pliego, debido a que la palabra que atendemos ahora eso significaba inicialmente y formaba parte de una cultura sobre la lectura ya fuera en pergaminos o rollos de papel. El prefijo latino ex, más la palabra latina plicare o sea, plegar, que era la acción de compilar pieles o rollos que formaban parte de volúmenes que requerían ser extendidos para llevar a cabo su lectura poniendo en práctica una acción concreta generó: explicare, extender los pliegos, sacar algo desde fuera hacia el inicio, es decir, el rollo de lectura se jalaba de afuera hacia el centro, al principio en donde éste estaba enrollado. Este asunto de juntar las pieles u hojas para que formen unidad ya tenía su antecedente en la palabra helénica: πλεκω (pleco)urdir o entrelazar, que asume una actividad paralela a plicare. Un sinónimo que nos puede ayudar a entender la idea primigenia de explicar es desplegar, ambas palabras están acopladas por un sentido semántico y contextual idéntico en donde los prefijos: ex y des, se comportan con la misma resowlución, mientras que la raíz se obvia según mencionamos reglones arriba. Aunque parece no funcional en el discurso cotidiano la expresión: –¿despliégame que pasó en esa fiesta? Se entiende que la pregunta exige una narración amplia de tal suceso. Narración, era efectivamente lo que se realizaba al desenvolver el rollo o las hojas para su lectura, el encargado de la explicación era el mismo que conforme iba abriendo el rollo o pliegos, asimismo iba ampliando el conocimiento del público. Otra palabra que se generó de la que ahora revisamos es: explícito, para indicar que algo se muestra sin opacidad y es claro a cualquiera. Explicar, resumidamente es desenrollar un asunto, desenvolver aquella idea o realidad que se presenta envuelta.