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Israel López Monsivais

La grieta es un término que se utiliza para nombrar las divisiones políticas de la sociedad argentina. La confrontación del siglo XX en Argentina era entre peronistas y anti peronistas. Para el siglo XXI, el conflicto evolucionó a kirchneristas y antikirchneristas, en los gobiernos que abarcaron de 2003 a 2015 y se profundizó en la presidencia de Mauricio Macri (2015-2019). En ambos sectores se descalifican, son intolerantes con el otro y el fanatismo político les nubla la razón.

En 2018 realicé una estancia de investigación en Córdoba, Argentina, arribé en julio con la curiosidad e intención de entender a los sujetos de mi objeto de estudio, realizar una etnografía informal, registrarlo en mis diarios de apuntes. A mi juicio, los argentinos y uruguayos son los más politizados de la región, lectores voraces de libros y periódicos, con los cuales puedes disfrutar de una buena discusión de literatura, futbol y política bebiendo un mate.

A primera vista, confirmé que los argentinos son una ciudadanía informada y participativa, la resistencia a los gobiernos autoritarios construyó una memoria colectiva en defensa de la democracia. Podías dialogar con el taxista, peluquero, con el que vendía los diarios en el kiosco y la vida en la universidad era activa. Con los meses identifiqué la grieta, estaban claramente divididos en sus visiones.

En esos meses, contrastaba la política argentina con el reciente triunfo de Andrés Manuel Lopez Obrador, pensé que la sociedad mexicana no se rompería en el agitado proceso que estamos viviendo. Me equivoqué. A dos años del triunfo de AMLO comienzan a agrietarse los segmentos sociales, es evidente el choque entre obradoristas y anti obradoristas.

El populismo no es una ideología, es una forma de construir lo político, eficaz para ganar elecciones, de izquierda o derecha. Los liderazgos populistas como López Obrador, Trump, Cristina Kirchner, Bolsonaro, Chávez o Correa dividen a las sociedades con sus discursos maniqueos. Andrés Manuel desde el púlpito mañanero se burla, caricaturiza, descalifica y purifica. Posteriormente desde la #RedAmlove replican el mensaje. Hace poco señaló que estabas con su movimiento o contra la transformación. Erróneamente, pretende ubicar dos polos ideológicos: liberales y conservadores. Categorías del siglo XIX, México es un país plural donde caben todas las ideologías.

El pasado 14 de junio, Alberto Barrera Tyszka, publicó un artículo en The New York Times, Amlo frente al espejo[1], indicaba que los gobiernos de Chávez y Obrador tienen enormes divergencias. México nunca será socialista, ni se encamina al comunismo y mucho menos somos un régimen autoritario como el venezolano. Tyszka, le advertía a la oposición sobre la polarización y el diálogo respetuoso con todos los sectores. El discurso boomerang de Andrés Manuel es alimentado por la reacción conservadora, quien es corresponsable de la grieta que comienza abrirse en la sociedad mexicana.

Algunos sectores minoritarios del anti obradorismo se expresan despectivamente de los simpatizantes del político tabasqueño. Desde una supuesta superioridad intelectual en redes publican el “se los dije”, los llaman chairos despectivamente y se burlan de ellos. Utilizando expresiones clasistas exponen que solo los pobres apoyan a López Obrador, sin empatía por los más desfavorecidos. Todo lo anterior suma a la polarización y división, para la grieta se requieren dos sectores.

El neo conservadurismo mexicano descalifica a todo aquel que piense diferente. Hace quince días pregunté en mis redes los objetivos de los manifestantes automovilísticos, no respondieron mis cuestionamientos. Lo que sí recibí durante todo el fin de semana fueron desacreditaciones a mi trabajo académico. Me llamaron incongruente y algunos otros insultos que no es necesario reproducir. Me indicaron que los libros y teorías políticas de poco servían. Incluso, que no estaban obligados a conocer el contenido de la constitución.

Fue aquí donde me percaté que habíamos llegado a un punto sin regreso. Desde el poder se comenzó a dividir y los opositores cayeron en la trampa de la polarización. Imagino que colegas politólogos, analistas políticos, periodistas e historiadores son victimas del ataque en redes sociales cuando cuestionan los errores del obradorismo o los argumentos de la reacción conservadora. Es lamentable que ataquen personalmente al que reflexiona en lugar de presentar un argumento con fundamentos.

Me parece extraordinario que la ciudadanía (oficialismo y oposición) se involucre en la discusión publica, ojalá comiencen por informarse mejor (evitar fake news) y acercarse a los libros sobre política, la lectura es vital para la praxis. Exhortaría a respetar a su interlocutor, tarde o temprano Obrador se va ir, mientras las ofensas que realizaron ahí quedarán. Por salud mental le sugiero bloquear en Twitter, ignorar comentarios ofensivos en Facebook y salirse de los grupos de WhatsApp que son tóxicos. Cuestionemos al poder respetándonos. Bienvenida la pluralidad de opiniones y la diversidad de ideas. Cierro con una reflexión de Zygmunt Bauman, “el diálogo real no es hablar con gente que piense como tú”.

Twitter: @LmElizondo

[1] https://www.nytimes.com/es/2020/06/14/espanol/opinion/lopez-obrador-hugo-chavez.html

Israel López Monsivais
Israel López Monsivais
Abogado y Maestro en Gestión Pública; Catedrático, FCA, UASLP. Estudiante de Doctorado en Estudios Latinoamericanos.