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La revuelta contra el absurdo

Pilar Torres Anguiano

Todos nos hemos planteado alguna vez la pregunta sobre el sentido de la vida. No se requiere ser filósofo para ello. La tendencia a cuestionar lo que nos rodea va de la mano con la condición humana; buscamos conocer la causa de lo que nos rodea, desde las cosas más simples, hasta las realidades más complejas. Numerosas propuestas filosóficas coinciden en su interpretación del universo como algo ordenado, sujeto a una causalidad; es decir, que tiene un fin en sí mismo. Algunos consideran que esa causalidad y ese orden se manifiestan tanto en los seres y procesos naturales, como en la historia. En ello se amparan las teorías que fundamentan las cosas por naturaleza. Prácticamente todos hemos escuchado esa frase que dice que las cosas pasan por algo. Tal afirmación presupone que todas las cosas tienen un sentido. Sin embargo, para los existencialistas, esto último no es válido.

Frecuentemente pasamos la semana contando los días que faltan para que llegue el viernes. De la misma manera, esperamos que la tarde del domingo transcurra lentamente, para que no llegue el lunes. Cada mañana, al ingresar al trabajo o la escuela, contamos los minutos que faltan para la hora de la salida; cada lunes, a que llegue el fin de semana, los días de pago, los días de asueto, el fin de año y un largo etcétera. Así es el transcurrir de los días, así pasa el tiempo. Se construye la rutina, como un movimiento que se percibe como circular, uniforme. Sabemos que las cosas son efímeras, que siempre hay que volver a empezar, sin embargo, proyectamos el significado de esa cotidianidad a un punto en el futuro, a un momento que a veces es arbitrario, imaginario o socialmente construido. Si bien es cierto que esta rutina es aceptable, necesaria o incluso agradable para algunos, no puede negarse que, para otros, se torna tediosa, abrumadora o insoportable. Formularse esa pregunta que interroga el para qué de la rutina, es una cuestión eminentemente filosófica. Es una pregunta simple y, sin embargo, va de por medio una gran cuestión: el sentido de la vida. Al respecto, la mitología griega ofrece un interesante relato, que fue ampliamente abordado por el escritor Albert Camus: El mito de Sísifo.

Sísifo era un hombre astuto y sabio, sin embargo, no utilizaba sus dones adecuadamente, pues era avaro y mentiroso. Como suele ocurrir en la mitología griega, quien ofende o desafía a los dioses, recibe un castigo.  Así, Sísifo es condenado a empujar una piedra enorme cuesta arriba por una colina. Evidentemente, al llegar a la cima, la piedra rodaba hasta abajo. Y así, Sísifo deberá volver a empezar una y otra vez, destinado a la rutina eternamente.

El filósofo Albert Camus (1913-1960), considera que Sísifo personifica el absurdo de la vida humana. Camus es considerado nihilista, existencialista, vitalista, teórico del teatro del absurdo, filósofo de la rebeldía y anarquista, entre otras etiquetas que él mismo rechaza. Es un pensador que reflexiona sobre la condición humana, al margen de las corrientes filosóficas y contra las ideologías que, dice, alejan al hombre de su humanidad, convirtiéndolo en concepto abstracto, extrayéndole la vida. Asimismo, rechaza todo dogmatismo, desde los religiosos, hasta los políticos y considera que es un error presuponer que la historia es un proceso inteligible con una finalidad concreta. En este esquema, también es incorrecto postular una historia lineal, que progresa constantemente. Para Camus, el problema de esa creencia es que obedece más bien a una necesidad humana de darle certeza metafísica a los valores e ideales que suscribe, de darle una razón a la historia a la que pertenece y un sentido a la vida que vive. Y es que los individuos tienen una profunda necesidad de significado que se quiebra ante la indiferencia del mundo; entonces el sentido de la vida se extravía, porque no estaba adecuadamente planteado. El sentido de la vida no es algo que pueda plantearse a priori o recurriendo al supuesto orden del cosmos, porque somos como Sísifo en el mito.

Sin embargo, el absurdo no es el final de la historia, sino una condición que puede superarse. El filósofo sostiene que del absurdo se pasa a la rebeldía. El hombre puede y debe rebelarse a esa condición y hacer su vida digna de ser vivida. La libertad humana se afirma ante cualquier circunstancia. Rebelarse es descubrir y afirmar la propia libertad. De esta afirmación personal surge la preocupación por la justicia social, la paz, la eliminación de la violencia. Así surge en Camus la filosofía de la revuelta.

Rebelarse contra la explotación, la opresión o la injusticia es una de las maneras de vivir dignamente. Cabe mencionar algo importante: El riesgo de que el sentimiento del absurdo puede ser usado para justificar cualquier cosa. La revuelta supone el compromiso hacia ciertos valores, los cuales se deben asumir con la conciencia de que, ante todo, son una creación humana, por lo que la dignidad del hombre fundamenta su jerarquía, no pueden estar por encima suyo. Si la filosofía de la revuelta no tiene una base moral sólida o si esa base es negada –explícita o implícitamente– aunque sea en nombre del movimiento, la historia, la revolución, el partido, o cualquier otra abstracción, acaba negando la libertad, despegándose de la realidad y traicionándose a sí misma. Rebelarse contra el absurdo no debe confundirse con negar la realidad. Por el contrario, estamos obligados a encontrar en ella nuestros valores. No hay otro lugar de dónde sacarlos. Camus demuestra ser un pensador de su tiempo y circunstancia, practicaba el futbol y afirmaba que, lo que realmente sabía sobre la ética, la moral y el deber, se lo debía a la práctica de aquel deporte.

Si bien es cierto que Sísifo representa el absurdo de la vida rutinaria, el mito admite más lecturas: también podría representar al sol que sale cada mañana y después debe ocultarse en el horizonte. El mismo Camus concluye que nada implica que no podamos imaginarnos a un Sísifo que es feliz. ¿Por qué no pensar que la lucha constante por llegar a las alturas, es suficiente para llenar el corazón del hombre?

Parece ser cierto que no puede fundamentarse el sentido de la vida en el cosmos, en la naturaleza, dios o cualquier otra causa ajena a la vida misma, pero eso no significa que carezca de sentido, sino que ese sentido no está en la vida como abstracción, con mayúscula, sino en cada una de las vidas particulares, en las cosas cotidianas. No hay un sentido preestablecido o predeterminado de la vida. Hay que cuestionárselo, pues esa pregunta, piensa Camus, es la única realmente importante de la filosofía y es absolutamente individual. Tal vez el sentido es precisamente ese: el hecho de que cada día se libra una batalla en contra del absurdo, para lograr ese momento en el que se llega a la cima, procurar aquellas cosas que hacen que la vida sea digna de ser vivida: el encuentro con los demás, los amigos, la naturaleza, la belleza o los placeres cotidianos. Aquellos momentos por los que bien vale la pena ascender con la piedra a cuestas. Ese momento en la cima, en el que Sísifo es plenamente libre.

@vasconceliana