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Las posiciones neoliberales de Banxico y la SHCP acentúan la crisis

Arturo Huerta González

A pesar de que Banxico reconoce que la economía perdió dinamismo en los dos primeros meses del año, deciden mantener la tasa de interés al nivel de 4%, debido a riesgos inflacionarios. Ante dicha decisión tomada el jueves 25 de marzo, el mercado de divisas y de capitales reaccionaron positivamente, debido a que les favoreció que la tasa de interés no bajara. Ello evidencia que los funcionarios del banco central responden a los intereses de los dueños del dinero, sin importarles las consecuencias negativas que su política tiene sobre la economía y el empleo nacional.

Por su parte, el titular de la Unidad de Crédito Público de la SHCP en una conferencia en la UNAM la semana pasada, se pronunció en defensa de la austeridad fiscal y el no endeudamiento, señalando que “a diferencia de otros países que se han endeudado mucho durante la pandemia, México es la excepción y ahora ya lo empiezan a valorar. En reuniones recientes platicando con las calificadoras, ellos ven esto como un elemento positivo, que México haya tenido una disciplina fiscal, un buen manejo de la deuda y que hacia delante esté buscando mantener el nivel de deuda relativamente baja” y añadió que “en este sentido creemos que mantener esta decisión es prudente, de acuerdo con nuestra realidad”. Habría que preguntarle a qué realidad se refiere, pues el año pasado la economía cayó 8.5%, y en enero y febrero de este año ha caído 4%, como consecuencia de la austeridad fiscal y el tratar de no endeudarse por parte del gobierno. El gobierno actúa para ser bien visto por las calificadoras internacionales, las cuales son empresas fiscalizadoras que actúan a favor del sector financiero y de los acreedores, a costa de no instrumentar políticas económicas a favor del empleo y el crecimiento económico.

Los funcionarios de Banxico y de la SHCP no consideran para nada la actuación de otros bancos centrales y gobiernos que están trabajando con tasas de interés cercanas a cero o negativas (Japón y Alemania) y los gobiernos están trabajando con gasto deficitario alrededor de 20% del PIB y más, sin temor a la inflación, o a la devaluación de sus monedas, o a la mayor deuda pública, debido a que su prioridad es frenar la crisis, la pandemia y el desempleo, y retomar la dinámica económica. En cambio, en nuestro país, los tomadores de decisiones monetarias y fiscales siguen los libros de texto neoclásicos que priorizan la alta tasa de interés y la austeridad fiscal para bajar inflación y estabilizar el tipo de cambio, sin considerar las consecuencias negativas que ello está causando en la economía nacional, que nos está arrastrando a otra década perdida, con altos costos y sacrificios para la presente y futuras generaciones.

El mal manejo de la política monetaria y fiscal en el país ha sido causa de no estar frenando las miles de muertes de la pandemia, como del cierre de empresas, del desempleo masivo, de la fuerte caída de la actividad económica y la creciente desigualdad del ingreso.

Urge que el Congreso se dedique a cuestiones importantes del acontecer económico nacional y cambie los objetivos del banco central para que incorpore el de crecimiento económico y alto empleo, junto a la baja inflación. Ello obligaría a Banxico a tener una tasa de interés cercana a cero para abaratar el crédito e impulsar la inversión, la actividad económica y la generación de empleo. De igual forma, Hacienda tendría que incrementar el gasto público para aumentar la demanda y así impulsar la inversión y el crecimiento económico. Debe legislarse para que Banxico le compre deuda al gobierno a baja tasa de interés para que éste gaste lo necesario para generar empleos, apoyar empresas y combatir la pandemia.

La baja de la tasa de interés a niveles cercanos a cero, y el mayor gasto público no serían inflacionarios, debido a que existe capacidad ociosa que puede ser utilizada para incrementar la producción y satisfacer la mayor demanda derivada del incremento del gasto público. Tampoco tales políticas propiciarían salida de capitales, debido a que el incremento de demanda incentivaría la inversión interna. Al reactivarse la economía aumentaría la recaudación tributaria y desparecería el déficit público, como la deuda emitida por el gobierno, o esta se refinancia a baja tasa de interés. Falta voluntad política para gobernar a favor del sector productivo, del empleo y el bienestar nacional.

ahuerta@unam.mx
Profesor del Posgrado de la Facultad de Economía de la UNAM desde 1975