Malos inspectores frenaban ingresos de Protección Civil
12 agosto, 2016
La tragedia del río Sonora a dos años
12 agosto, 2016

De letra muerta, deudas históricas y otros pendientes

Carlos López Torres

Aunque falta mucho por hacer en materia legislativa respecto a los derechos de las comunidades indígenas, efectivamente las normas vigentes en esa materia, como lo ha tenido que reconocer el presidente Peña Nieto, parecieran letra muerta frente a una realidad insoslayable que cotidianamente asoma en medio de la marginación, la pobreza e injusticia que acompaña a nuestros antepasados.

Emparentado con el drama anterior, no por mera casualidad, sino por acciones diversas y contrarias al interés general de los campesinos, omisiones dolosas y falta de apoyos al agro, mientras la importación alimentaria aumenta desplazando a nuestros empobrecidos agricultores, que no cuentan con el respaldo ni el subsidio que tienen los competitivos exportadores extranjeros de sus respectivos gobiernos, el secretario de la Sagarpa, José Calzada Rovirosa, en pleno Zócalo capitalino hubo de reconocer en un discurso rutinario, a propósito de la celebración del 173 aniversario del natalicio de Emiliano Zapata, quien debió haberse revolcado en su tumba ante la cínica declaración del funcionario quien sin desparpajo reconoció que el gobierno tiene una deuda histórica con los hombres del campo.

Al reiterativo discurso oficial para justificar lo injustificable se agrega ahora el pretexto de la carencia de recursos y los recortes presupuestarios, que impiden atender oportunamente el agravamiento de los ancestrales rezagos y los nuevos problemas que mantienen igualmente desesperados y al borde del estallido a los millones de empobrecidos y agraviados ciudadanos de este país, donde sin embargo la corrupción y el derroche alcanzan niveles superiores cada día.

Seguramente los funcionarios próximos a rendir su informe se encuentran ya preparando sus respectivos documentos donde habrán de reconocer los viejos y nuevos problemas que en los diferentes planos han enfrentado y resuelto, aunque por lo que se aprecia los pendientes siguen sin ser atendidos en los diversos temas que interesan y afectan a los gobernados.

En un acto de comprensión y mínima solidaridad con quienes pagan sus sueldos y prestaciones diversas, los informantes debieran optar por la austeridad, dejando ya los actos ostentosos y  los acarreos para aparentar popularidad y aprobación cada vez más escasa, ante el incumplimiento de promesas de campaña y la exhibición durante un año de ejercicio de ineficacias e ineficiencias, frente a los problemas como el de la inseguridad en aumento, la pobreza que igual crece en todo el país y el de la corrupción que todo lo ha invadido.

Ciertamente el agotamiento de los viejos estilos de gobernar constituye un lastre que, sin embargo, impide una verdadera rendición de cuentas sólo posible mediante la irrupción de la ciudadanía, a la que se le pretende acotar en sus libertades más elementales con pretextos del “daño a terceros”, que finalmente resultan ser quienes se oponen a la manifestación, el diálogo y la solución de los problemas, con tal de conservar sus ganancias y estatus político en medio de la crisis, que se pretende resolver por lo visto mediante la cancelación de los derechos más elementales de la Constitución reduciéndolos a letra muerta y deuda histórica, que seguiría siendo tema sólo de campañas electoreras.