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  • La causa, justa y defendible
  • Desplantes y exigencias
  • Morena: “relevo” a impugnar

Julio Hernández López

Siendo sus motivaciones esenciales absolutamente válidas y susceptibles de compartir, la Caminata por la Verdad, Paz y Justicia fue afectada por las biografías e intenciones de algunos de sus principales convocantes, como los hermanos LeBarón que están inaugurando el activismo político en México con copia ejecutiva para Estados Unidos, y el poeta Javier Sicilia exigente de ser recibido en persona por el presidente Andrés Manuel López Obrador en esta, su primera reaparición luego de nueve años de retraimiento, en un lapso que incluyó el silencio total durante la administración de Enrique Peña Nieto.

Con una baja respuesta ciudadana, más la respetable participación de organizaciones de legítima defensa de derechos humanos y de búsqueda de desaparecidos, la mencionada caminata concitó el interés, promoción y asomo de figuras relacionadas con la oposición al obradorismo, que han intentado varias vías de organización contra la administración federal actual. La marcha, además, recibió una cobertura mediática excepcional, centrada en los perfiles distintivos de sus principales figuras, Sicilia y los Lebarón.

Sin embargo, los líderes de dicha caminata se creyeron inflados de tal manera que exigieron que una marcha de poca monta numérica, impugnada en redes sociales e incluso mediante presencia de simpatizantes de AMLO en el propio Zócalo capitalino a la llegada de los marchistas, tuviese en su debut una obligada atención personal del presidente de la República, en la hora y lugar fijados por dichos dirigentes, quienes confundieron la fuerza de sus motivaciones originales con la capacidad de imponer agenda e interlocutores.

El tamaño de la desproporción de los dirigentes de la caminata quedó de manifiesto al negarse a dialogar y buscar puntos de acuerdo con el gabinete de seguridad en pleno, es decir, con los secretarios de Gobernación, Protección y Seguridad Ciudadana, Defensa Nacional y Marina, entre otros servidores públicos de primer nivel. Solo entregaron a algunos de estos un documento de propuestas para que sean analizadas “directamente” por el presidente López Obrador. Sobran organizaciones de lucha social con persistencia de muchos años que apreciarían en extremo la oportunidad de ser atendidas por un conjunto de funcionarios de ese nivel y, si sus intenciones fueran en el sentido de avanzar en la solución de sus demandas, difícilmente se negarían a hablar con amplitud con un gabinete sectorial en pleno. El propio Sicilia dijo “no tenemos nada que hablar con el Gabinete de Seguridad” y señaló que “Si (AMLO) nos recibe o no, ese es su problema”.

El gravísimo problema de la inseguridad pública en todo el país, el ascenso dominante de los cárteles del crimen organizado y de bandas e individuos criminales y la ineficacia de las políticas públicas desplegadas hasta ahora para enfrentar esa crisis heredada pero ni siquiera paliada, no deberían convertirse en instrumentos de oposición personalizada, a menos que el propósito sea justamente el de inflar y sostener una confrontación política al presidente de la República, más allá de las motivaciones oficiales de esas marchas y protestas.

La facción de Morena que encabeza Bertha Luján, la candidata cuasioficial a presidir ese partido por un periodo completo, realizó ayer un congreso nacional extraordinario que, tal como se preveía, decidió desplazar a Yeidckol Polevnsky de la presidencia del comité nacional y, en secuencia, instalar de manera interina a Alfonso Ramírez Cuéllar, exdirigente de El Barzón y actual diputado federal y presidente de la estratégica comisión de presupuesto público, cargos estos a los que pedirá licencia para encargarse de dirigir esa sección de Morena. El congreso y sus decisiones serán impugnados por la vía judicial y ello podría llevar a que durante un lapso hubiera dos sedicentes presidentes de Morena: Polevnsky y Ramírez Cuéllar. ¡Hasta mañana!

Julio Hernández López
Julio Hernández López
Autor de la columna Astillero, en La Jornada; director de La Jornada San Luis.