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Los reclamos se multiplican

Ignacio Betancourt

“México huye de la verdad”, con este enunciado el New York Times encabezó su editorial de hace algunos días; el importante periódico estadunidense de influencia internacional, considera que la reacción gubernamental al informe del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) se tiene que ver “como una acusación al sistema judicial notoriamente corrupto y frecuentemente brutal de México”. Casi al mismo tiempo, el escritor Fernando del Paso, venciendo la vergüenza de hablar mal de su país en el extranjero, así señalado por él mismo, dijo en su discurso pronunciado al recibir el Premio Cervantes 2015 en la Universidad de Alcalá de Henares en España, que la situación actual del país “pareciera tan sólo el principio de un Estado totalitario que no podemos permitir. No denunciarlo, eso sí me daría aún más vergüenza”. ¿Qué estará ocurriendo en la nación cuando mundialmente abundan los señalamientos de que el actual gobierno sólo castiga a las víctimas y nunca a los victimarios? ¿Qué tanta desvergüenza anida en buena parte de los aguantadores mexicanos? ¿Será verdad que el modelo de corrupción e impunidad asumido desde la presidencia de la República, es la conducta a seguir por todo tipo de servidores públicos?

Los reclamos se multiplican, la indignación se incuba en los sitios más inesperados, el tiempo de la ciudadanía vulnerada parece anunciarse; lamentablemente la ceguera institucionalizada impide al poder político y empresarial modificar sus insoportables comportamientos. Suponerse eternos en la depredación social es uno de los errores más graves que gobierno alguno puede cometer. Si se quiere conocer el límite de la resistencia ciudadana pronto se sabrá, y si no ocurren las urgentes transformaciones que en todos los ámbitos de la sociedad se reclaman de las más diversas maneras, no habrá marcha atrás y quienes ahora blindan su sobrevivencia, comenzarán a lamentar el tiempo perdido sin enmendar el rumbo.

Decía el poeta zacatecano Ramón López Velarde (1888-1921) en artículo publicado el 12 de abril de 1916: “Yo quiero hablaros esta mañana de la derrota de la palabra. Es decir, del retorno del lenguaje a la edad primitiva en que fue instrumento del hombre y no su déspota”. Sorprende la vigencia de su reflexión a cien años de haber sido pronunciada, y es que actualmente a la palabra la han pervertido todo tipo de servidores públicos en quienes el único contenido de los enunciados es la demagogia y la mentira. En la desesperada intención de mantenerse medrando, la mayoría de los funcionarios de la actual administración federal, estatal o municipal, imaginan que mintiendo y engañando se resuelven los problemas, cuando lo que están provocando al posponer indefinidamente toda solución es el fomento de un hartazgo que no se supera con palabras envilecidas pues lo que se requiere son hechos. Si los impunes hasta hoy, suponen que amenazas y demagogia son suficientes para superar la actual realidad, tan agobiante para decenas de millones de seres humanos a lo largo y lo ancho del territorio nacional, están cometiendo un lamentabilísimo error. La dignificación de la palabra sólo se consigue con hechos, lo demás son ilusiones fallidas de quienes se piensan a salvo por ser hoy impunes.

Continuando con el siniestro periplo de desencuentros entre los ciudadanos que conforman el Colectivo de Colectivos Mariano Jiménez y la Secretaría de Cultura del Estado, instancia que utiliza a Alfredo Narváez Ochoa para agredir y provocar a artistas y académicos independientes que impidieron la desaparición de dicho centro, y desde el año 2014 constituidos en una Comisión Mixta encargada de “la programación y el funcionamiento del centro”, según se reconfirma en la minuta firmada el 15 de enero pasado, firmada por tres directores de la actual Secult y tres representantes del Colectivo de Colectivos, toca ahora denunciar las más recientes agresiones realizadas por el encargado, quien ante la indiferencia del secretario de Cultura y probablemente con su anuencia, actúa con espectacular impunidad. Lo más reciente es el haber cambiado, sin aviso alguno, la chapa de la puerta del lugar en que el Colectivo realiza talleres artísticos desde hace casi dos años, con lo que de hecho secuestró los instrumentos de trabajo del Colectivo, además de diversos cuadros y obras artísticas.

Independientemente de las instancias a que recurran los afectados para evitar tamaña agresión, se impone una pregunta ¿por qué Armando Herrera permite tales atropellos? ¿Acaso influirá el parentesco de Narváez Ochoa con el ex diputado por el partido Conciencia Popular, Óscar Vera Fabregat, o con la periodista del periódico Pulso Adriana Ochoa? ¿Por qué la Secult permite que el encargado del centro llame a la policía a un Centro Cultural o lleve golpeadores como ocurrió el pasado viernes 8 cuando programó arbitrariamente una exposición a la misma hora y el mismo día que la Comisión Mixta había anunciado la apertura de otra exposición? Los integrantes del Colectivo de Colectivos hacen responsable de cualquier agresión a Armando Herrera por permitir la impunidad de quien nombró como encargado del centro y a Alfredo Narváez por las delincuenciales acciones con que intenta desconocer la existencia de la Comisión Mixta, a la que debe atender para el funcionamiento del Mariano Jiménez, pues desde hace dos años dicha comisión así lo hace. El miedo visceral que la actual administración de la Secult padece ante la participación ciudadana, parece ser la única razón para mantener a Alfredo Narváez Ochoa como encargado del Mariano Jiménez provocando y agrediendo a los integrantes de la Comisión Mixta, que desde hace antes de la llegada del energúmeno al Centro Cultural, funcionaba armónicamente en la conducción y funcionamiento del mismo. El “mal ejemplo” de la única instancia con participación ciudadana real, no aparente, como acostumbra constituir la Secult a lo que llama sus órganos consultivos, es algo inadmisible para los actuales burócratas a quienes se les paga con dinero público por difundir y facilitar (sic) la actividad cultural promovida por el Estado.

Y aprovechando el viaje con la cercanía del llamado día del niño habrá que señalar que en el México de hoy, más de 21 millones de niños y adolescentes viven en la pobreza. El Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) señala que nacionalmente 53.9 por ciento de los niños y los adolescentes mexicanos viven en condición de pobreza, y de ese porcentaje cuatro millones 600 mil se encuentran en pobreza extrema. Feliz día del niño para todos los miserables del país. “Vamos en la dirección correcta”, afirma la subsecretaria de Sedesol.

Del poeta guatemalteco Otto René Castillo (1936-1967) su poema Frente al balance, mañana: Y cuando se haga/ el entusiasta recuento/ de nuestro tiempo,/ por los que todavía/ no han nacido,/ pero que se anuncian/ con un rostro/ más bondadoso,/ saldremos gananciosos/ los que más hemos/ sufrido de él.// Pero es bello amar al mundo/ con los ojos/ de los que no han nacido todavía.// y espléndido,/ saberse ya un victorioso,/ cuando todo en torno a uno/ es aún tan frío y tan oscuro.