Luis Ricardo Guerrero Romero
Lucia Fernanda apasionada por los nuevos filtros que en Tiktok, hizo un recorrido por más de 13 hospitales de la ciudad, privados, públicos, clandestinos, y de más, tan sólo para probar en su dispositivo el filtro “Al manga”, al principio tal actividad era un juego, una forma más de poder subir contenido a sus redes sociales. Con el arte de ser viral, fue haciéndose un virus. Con un poco de risas y expresiones propias de la edad, salía de clínica a clínica, hubo experiencias diversas, aquellas que eran graciosas, irracionales, las que se suponían al ser superpuestas a objetos transformados. Diversión, contenido, y monetizar, no había ninguna otra intención. Obviamente que Lucia Fernanda no creía ni una pizca de aquello grabado en su celular.
No obstante, bien dicen que de broma en broma la verdad se asoma. Para la pseudo influencer, la verdad tardó en presentarse después de una semana, cuando visitó su último hospital, en donde no fue el filtro de Tiktok lo que reveló a fantasmas, sino una experiencia narrada por ella en su última nota de voz que le envió a su padre mientras éste conducía hacia ella. Para Lucia Fernanda, se acabó el juego cuando su padre le dijo con voz grave e insegura: —¡me espantas hija! Ni ella ni él pudieron encontrarse esa tarde, pues un siniestro acabó con la vida del señor Fernando, y un médico violador, concluyó con la vida de Lucia. Ahora los tres ya gozan de espantos verdaderos en el plano del Todo.
Espantar es el acto de infundir miedo, ya sea a un animal, o un animal racional, a los insectos en su mayoría no se les espanta, sino que se les ahuyenta, que para el caso es lo mismo, pues es un ejercicio de alejar, apartar de una realidad. Sin duda, cuando uno se espanta es porque se separa, se desvía de la realidad en la cual vivimos. Por ejemplo, un espantapájaros, o el simpático espantasuegras, tienen la finalidad de desconcertar al sujeto que se acerque demasiado.
En el caso del relato anterior, donde Lucifer, se aventuró a buscar fantasmas digitales y obtuvo para su desgracia, el espanto físico más repulsivo, además llevó a su padre a precipitarse hasta ocasionar un impacto automovilístico y morir espantado por lo que le pasara a su hija, la intrépida influencer.
Pero el caso aquí es hablar sobre tal palabra; espantar es una voz antiquísima, pues es igual de antigua esta sensación-experiencia como la humanidad misma. Quizá es la primera experiencia que tiene el ser humano al nacer. Espantar es heredada por el latín: expaveus (espaveus>espantus>espanto) temer, o a lo que se le teme. Espantar-se, tiene ya el sujeto implícito. Es una experiencia que uno mismo se genera bajo una realidad vivida, es un verbo transitivo, pues espantar ocupa de un sujeto que necesita “pasar” a otro objeto. Por eso es curioso que los bebés salgan de vientre espantados, por eso es risible temer a Dios, pues requeriría haber sido espantado por éste. Lo temible espanta, lo espantoso es temible. Sólo sería admisible en la grandeza, pues es tan inmenso y omnipotente que es espantosamente divino. Espantemos a nuestros demonios, cuando estemos en el encuentro propicio.





